| Hacia la democracia paritaria |
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En una sociedad como la actual, educada en los principios (teóricos) de igualdad de oportunidades y libertad de opción, tiene mala acogida la crítica a la situación de un sector mayoritario de la población, esto es, las mujeres, cuya realidad demuestra, objetivamente, que están discriminadas en todos los ámbitos de la vida humana: a nivel familiar, son educadas para seguir llevando la carga de las labores (no remuneradas) del hogar, y el peso de la organización familiar, con lo que ello conlleva.
A nivel económico, sigue existiendo el llamado techo de cristal, con una discriminación objetivamente demostrable mediante los datos de INE, y con un marcado sesgo vertical (promocional) y horizontal (sectorización) del mercado laboral. A nivel social, los tabúes y roles se centran aún hoy en día en incrementar la inseguridad de las mujeres. Todo esto es resultado de una socialización sexista que se basa en la segregación entre mujeres y hombres y en la estratificación de los géneros para dividir la sociedad en función de su sexo. Esta realidad que todas y todos vivimos, atenta contra la idea de libertad e igualdad en las que, supuestamente, se basa la Democracia. Por ello, las y los feministas creemos que hemos de superar la discriminación entre las personas en función de su sexo, para poder vivir una Democracia plena (a la que llamamos Democracia paritaria) donde cada cual elija, en una verdadera libertad e igualdad de oportunidades. Y aunque he iniciado esta breve reflexión reivindicando la visualización de discriminación de la mujer, afirmo también que esta falta de libertad de elección afecta también a los hombres. Sí, pues aunque las mujeres está discriminada, también los hombres se hallan en una posición de obligación y de tipificación por el género que se les aplican: a nivel familiar, se les ha inducido durante mucho tiempo a no disfrutar de todo lo positivo que conlleva, y a nivel de pareja, a ser los “dominantes”, para demostrar que no son unos calzonazos. A nivel laboral, se les ha presionado para ser “el cabeza de familia”, ser quien aporta el soporte económico del hogar, con la presión que esa responsabilidad conlleva (y las depresiones y agresividad si no se cumple con el objetivo fijado por la comunidad). A nivel social, se les ha educado para no mostrar su sensibilidad y para potenciar un porte agresivo y tópico, sin dejar despertar en ellos sentimientos propios contrarios a ese perfil predeterminado. Mi ánimo, al iniciar esta breve reflexión, es analizar si:
Aviso: Aún hoy en día, hay 3 temas que generan agrios debates en nuestra sociedad: la religión, la política y el sexismo... En este espacio de reflexión, tocaremos estos 3 temas bajo el prisma de la igualdad de derechos que la izquierda propugna... ¿Interesante, no? Pues sin vuestra participación no se puede llevar a cabo, así que... ¡aquí os esperamos!
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| Escrito por Psique | |
| sábado, 25 de febrero de 2006 | |
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En una sociedad como la actual, educada en los principios (teóricos) de igualdad de oportunidades y libertad de opción, tiene mala acogida la crítica a la situación de un sector mayoritario de la población, esto es, las mujeres, cuya realidad demuestra, objetivamente, que están discriminadas en todos los ámbitos de la vida humana: a nivel familiar, son educadas para seguir llevando la carga de las labores (no remuneradas) del hogar, y el peso de la organización familiar, con lo que ello conlleva.







