| De críticas, guerras civiles y el fin de occidente |
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La derecha estos días tiene una cierta tendencia obsesiva a ver todo
conflicto como un asedio. En un lado están los bárbaros, tirando
piedras y cabezas cortadas a las murallas de la ciudad. En el otro,
está la verdadera visión de Occidente (TM) que ellos dicen
obsesivamente representar.
Esta linea de argumentación ha llevado a algunos a defender que lo que vemos ahora es poco más que una guerra civil ideológica en el corazón de Europa y Estados Unidos, con unas fuerzas del mal bolchevique lanzadas a la irracionalidad, ateismo y la alianza con el fanatismo musulmán. Aparte que la alianza de los secularistas rojos y talibanes me parece improbable, esta visión del mundo esconde me temo una idea ciertamente absurda y retrógrada de lo que es la civilización occidental a lo largo de su historia. Si hay algo que deberíamos tener en mente al pensar en nuestra historia es quién hemos considerado tradicionalmente uno de nuestros símbolos, Sócrates. No es que tengamos demasiado de lo que el hombre pensaba; aparte de saber que Platón lo idolatraba y que fue ejecutado, lo único que sabemos es que al hombre le gustaba hacer preguntas. Muchas, muchas preguntas. De esas que resultan incómodas y ponen a la gente nerviosa, sobretodo. Curiosamente, una de las bases de la cultura occidental es alguien que se pasó la vida dudando. Quizás, sólo quizás, es porque la base de toda nuestra civilización es abrir todo a preguntas, no tratar de cerrar la sociedad en consensos obligatorios. No hay una idea "correcta" de lo que es Occidente, y desde luego, si existe no está cerca de lo que dice cierta derecha que confunde la crítica con el odio. La base de todos los avances que ese pequeño rincón del mundo que es Europa (y sus herederos americanos, en cierta medida) siempre ha sido una radical inconformismo, junto con una capacidad casi ilimitada de copiar descaradamente a cualquier vecino que parece estar haciendo las cosas mejor. Esto, y una extraordinaria eficiencia en ejercer la violencia de forma organizada contra quien nos tosa, pero ese es otro tema. Todo aquel que pretenda confundir crítica, ideas distintas y secularismo con un abrazo irracional de la ideología, pretendiendo que él es la razón y la lógica, no sabe realmente de qué habla. Reconocer errores (o decir que Estados Unidos es demasiado proclive a arreglar todo a tortazos) no es odiar occidente, igual que criticar a los americanos no es votar por Osama Bin Laden en las próximas presidenciales. La idea que los conservadores, la Iglesia Católica y el "liberalismo" (en versión neocañí hispana) son los únicos que pueden leer la sagrada tradición y defender sus esencias es un ejercicio de negación del gran principio de la cultura judeoclasicocristiana: la sospecha que podemos estar equivocados. El disenso es la base de nuestra cultura, y nuestra gran fortaleza. Creemos en él hasta el punto que todo nuestro sistema político, la democracia, está diseñado como un método ordenado para organizarlo. Hablar de autoodio y crítica como un defecto imperdonable es, la verdad, ciertamente estúpido.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 17 de enero de 2007 | |
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La derecha estos días tiene una cierta tendencia obsesiva a ver todo
conflicto como un asedio. En un lado están los bárbaros, tirando
piedras y cabezas cortadas a las murallas de la ciudad. En el otro,
está la verdadera visión de Occidente (TM) que ellos dicen
obsesivamente representar.






