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Esta semana se publica
un libro de Miguel Ángel Villena, Victoria Kent. Una pasión republicana. Victoria
Kent fue la abogada y política que cambió una parte del mundo en tiempos de la
República Española: la vida de la población reclusa. Fue un cambio dirigido
hacia una dignificación de su condición como humanos, lo que al mismo tiempo
significó, como en otros ejemplos similares durante este periodo histórico, el
ejercicio de un gobierno democrático hecho con mucha valentía, más si nos atendemos
al contexto de aquella época. Victoria hizo efectivos los valores implícitos y
explícitos de la democracia, los derechos humanos y la justicia social.
Fue la Directora General de
Prisiones durante el gobierno de la República. Con las medidas y cambios que
aplicó y que aún perduran, eliminó las prácticas medievales de las
instituciones carcelarias. Desde suprimir las cadenas, permitir la lectura de
la prensa diaria, las visitas familiares y un sinfín de acciones, los
institucionalizados pasaron de ser objetos animados a sujetos dotados de
categoría humana. Con el hierro de la humillación de los presos propuso que se
erigiera un monumento a una mujer que como ella quiso y pudo cambiar el mundo,
una parte de este mundo que existe aunque queramos ignorarlo: el mundo de las
prisiones. Con un monumento a Concepción Arenal en Madrid, Victoria erigió un
homenaje a la dignidad desde un sitio como las penitenciarias donde a lo humano
se le añade el prefijo in.
En el año 2007 el recuerdo de
Victoria Kent se hace presente ante la ausencia de gente como ella, con la
valentía política para cambiar la situación de las personas presas. La prisión
es una reflejo de nuestra sociedad. En una época en la que está aumentando la
población penitenciaria, las autoridades políticas y las que tienen encomendada
la función de gobernar deben, quizá y a mi entender, plantearse, como en su día
hizo Victoria Kent (y ella lo tuvo más difícil) un cambio. La mejoría de las
prisiones vendrá no sólo por un plan de infraestructuras (cosa por otra parte
necesario, a saber, construir más prisiones y que en una celda no vivan
hacinadas seis personas como está sucediendo en la actualidad) sino por un
cambio legislativo, otro en la voluntad de cambiar el funcionamiento y otro
referido a la garantía de los derechos constitucionales de las personas presas.
Si la prisión tiene que seguir siendo parte del aparato punitivo del estado, y
dado que en las prisiones es desde el miedo como se consigue rehabilitar a los
penados, quizá ha llegado la hora de reconocer o bien que el sistema
penitenciario está fracasando, o bien que sólo con que cumpla su función de
reclusión y de castigo es suficiente. Posiblemente hacen falta muchas Victorias
Kent.....
david.fornons@hotmail.com
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