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Leo en “Le Monde”
que el líder gaullista francés y candidato a la presidencia Nicolás
Sarkozy, aseguró ayer que si gana las elecciones a la
jefatura del país vecino en mayo, emprendería una “revolución económica
real” a través de incentivar a los trabajadores con mayores sueldos si se
trabaja más. Para él la “prioridad de prioridades” será
restaurar el valor del trabajo e impulsar el lento ritmo de crecimiento
económico en Francia”. Según el actual ministro de interior galo
“la crisis moral” de su país “es la crisis del
trabajo”.
Las
elecciones presidenciales francesas van a aportar aire fresco a la política
europea. Eso es un hecho. Las puertas de los edificios ideológicos más rancios
ya se han abierto y circula un airecillo de renovación por todas sus estancias.
Ségolčne Royal está revolucionando desde la segosphere
el concepto de la relación de los políticos con sus votantes y militantes.
Nicolás Sarkozy está construyendo su propia red social
alrededor de propuestas políticas en su blog, inteligentemente dosificadas y
que después al regresar por métodos interactivos son recibidas con entusiasmo
por sus analistas de campańa
Ese
nuevo clima ideológico que se esta cimentando tanto en el centro-izquierda como
en el centro-derecha está logrando, a base de pinceladas, desvirtuar las
fronteras ideológicas de cada uno de ellos. Que para mí Royal es una esperanza
más instintiva que racional, es un hecho conocido y que espero que Francia
retome un nuevo curso político de la mano de esta eficaz mujer, también. Pero
sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo en algún vértice de esa
pretendida salida a una crisis social y económica que vive el país vecino
planteada por el líder de la
derecha. Las medidas fiscales que propone son interesantes.
No pagar impuestos por los beneficios de las horas extras, recortar impuestos
fiscales y sociales para reflotar el consumo y suprimir el impuesto de
sucesiones. De hecho, algunos economistas independientes aseguran que esas
horas que excederán a las 35 semanales podrán incrementar en unos 1.900 euros
anuales la renta de los sueldos mínimos.
Desde
el 14 de enero, Sarkozy lleva liderando la agenda política en Francia de un
modo casi ensordecedor. Ségolčne Royal ha desaparecido de escena. Cuando
aparezca no debe caer en el error de negar a la mayor. Igual que el
líder de la UMP no debió enfrentarse a ella en temas que la ciudadanía entiende
que son objetivamente razonables y beneficiosos, el PSF no debiera construir
muros infranqueables delante de ideas interesantes como esta.
Volver
a poner el trabajo en el centro de los valores. Vale para Francia como para el
conjunto de la sociedad occidental. Parecería que el concepto trabajo como
valor esta en crisis porque no hacemos otra cosa que trabajar pero la verdad es
que trabajamos porque no tenemos otro remedio. Existe la concepción de que eso
del trabajo es un atraso de la humanidad y por eso buscamos métodos para
minimizar su carga. El hombre ha progresado por ese esfuerzo en el trabajo, por
esas ganas de construir, de creer. Arte, cultura y trabajo constituyen los
elementos de evolución que el hombre ha precisado históricamente. En un mundo
en el que lo moderno es echarse a dormir es preciso analizar a que damos valor
y a que no. No estoy hablando de la cultura del esfuerzo que es otra cosa que
suena más a penitencia y sumisión, a explotación y entierro, no, yo apelo al
valor del trabajo como elemento de progreso, no como distorsión de la libertad
individual. Esta apreciación sobre la crisis moral de Francia bautizada como la
crisis del valor del trabajo es compartida por individuos de derechas y de
izquierdas que entienden necesario que hay que dejar de vivir del cuento y
pasar a la ejecución de proyectos personales.
www.marcvidal.cat
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