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En los últimos
días, han habido manifestaciones (ciudadanas y
gubernamentales) contra el terrorismo, una comparecencia del
presidente del gobierno para dar explicaciones sobre un atentado
terrorista, junto con un lisérgico debate sobre política
antiterrorista dónde la oposición niega el pan y la sal
al gobierno, el cual le devuelve el favor haciéndole el vacío
parlamentario.
Con anterioridad,
hemos disfrutado de una tregua permanente monitorizada desde la
prensa, comentada desde las tertulias, criticada desde el parlamento,
transformada en munición política de gran calibre para
la oposición y el gobierno.
La derecha (la
política y la mediática) creen que volverán al
gobierno cabalgando sobre ETA (el SMS que recibí decía
“ZP vino por Atocha y se irá por Barajas”).
Desde la izquierda
se cree que las próximas elecciones se ganarán gracias
a ACEBES, ZAPLANA y al autismo político del PP.
Es decir, justo
cuando ETA se encuentra policial y políticamente derrotada,
cuando el acuerdo de fondo entre TODAS las fuerzas políticas
sobre como SOLUCIONAR el problema existe (todas quieren negociar con
ETA las condiciones de su rendición), cuando los niveles de
violencia se encuentran en mínimos históricos (kale
borroka y extorsión), cuando las encuestas (antes de la
tregua) decían que no era un problema prioritario, ahora, y
solo ahora, ha sido la política y los medios quienes han hecho
el silencio para que solo podamos hablar de ETA.
Mientras, nuestra
creciente economía aumenta su adicción al cemento,
entre titular y titular de ETA y política antiterrorista los
media solo nos hablan de corrupción urbanística y el
acceso a la vivienda y precariedad laboral siguen lejos del debate
político.
No me interesa el
espurio debate sobre ETA, sobre la persecución policial del
terrorismo, sobre si la actual fiscalía es mejor o peor que la
anterior, sobre si los jueces juzgan mejor o peor a los etarras ahora
que antes (y más con la derecha judicial sentado en la
audiencia nacional y buena parte de las salas del supremo).
Sé, tengo la
certeza y la experiencia (de los gobiernos anteriores y del actual),
que la política antiterrorista no varía de un gobierno
a otro y que todo este debate está motivado por intereses de
marketing electoral.
Quiero que callen
ya, que me dejen leer el diario, que me dejen oír la radio,
ver la tele y no tener que ocuparme de sus memeces. Quiero que hablen
de mis problemas, de la vivienda, de la educación, de la falta
de investigación en el país, de que haremos cuando
dejemos de exportar apartamentos turísticos (en el 2006 ha
caído en picado), y cuando se acabe el sol y birras que tanto
mola en el extranjero. Que hablemos de por qué nuestra
política asistencial entrega ayudas a los que sólo
vienen a trabajar y se despreocupa de las viudas que no lo pueden
hacer.
Que volvamos a
hablar de política otra vez y dejemos el terrorismo a
policías, fiscales y jueces.
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