La
repercusión electoral de un fracaso estaba descontada de antemano,
puesto que la ciudadanía que apostaba por el camino emprendido, lo
podía asumir y comprender. El problema apareció a partir de junio,
cuando el gobierno antepuso el mutismo a la prudencia. Su imagen
pública mostraba fragilidad e inseguridad, cuando lo cierto era que, en
el ejercicio de su responsabilidad, actuaba de un modo flexible a fin
de que el proceso no se descabezara de cuajo. Esa incertidumbre fue
aprovechada por un partido en la oposición mezquino, ruin y perverso.
Ahora esperan que, gracias a la presión ejercida “inteligentemente”
durante todo el proceso, los ciudadanos señalen como culpables por
partes iguales al gobierno y a Eta del fracaso y, sobretodo, de las
muertes.
La evidencia de que el gobierno actuó con escrupuloso respeto a la
ley, es la manera como la banda terrorista ha pulverizado el proceso.
En esos meses, el Pp aseguró que el tiempo les daría la razón. Según
ellos, el gobierno estaba traicionando a los muertos, negociando la
autodeterminación de Euskadi y las fechas de un referéndum de
independencia unilateral vasca, la entrega de Navarra, una agenda
política en España marcada por Eta y que, en resumen, el gobierno
estaba atado de pies y manos. El tiempo no les dio la razón obviamente,
pero en el ejercicio político maloliente y en un retorcido ejercicio de
cinismo histórico, el Pp ha lanzado sus ataques al gobierno socialista,
haciéndolo prácticamente responsable del atentado. El instrumental
quirúrgico que se reparte cada mañana en las tertulias de la Cope y de
Onda Cero especialmente, están extirpando con esmero cualquier
esperanza de consenso entre los demócratas de este malherido país, en
especial entre Psoe y Pp. Aunque solo sea por higiene intelectual o
desinfección ética recomiendo a los voceros de la AVT y amigotes que
rebusquen en los pliegues de su memoria y descubrirán que con los
explosivos que se robaron durante la tregua del 98, la del Pp, se
asesinó a Buesa y con la liberación generosa del asesino múltiple Iñaki
Bilbao, se facilitó el asesinato de un concejal socialista. Cabe
recordar que por aquel entonces nadie acusó a Aznar de nada. Hubiera
sido, como lo es ahora, un gesto nauseabundo.
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