| Libertad o Igualdad |
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¿Libertad e Igualdad son conceptos antitéticos o complementarios? ¿Debemos renunciar a nuestra libertad para alcanzar mayores cotas de igualdad? ¿Hemos de abandonar la lucha por la reducción de las desigualdades sociales para salvaguardar nuestra libertad? No es fácil responder a estas preguntas, ni establecer un discurso homogéneo en el que podamos establecer universales sólidos en un contexto gestáltico y funcionalista
Es evidente para cualquiera que ambos conceptos, libertad e igualdad, son grandes ideales contenidos en todas las filosofías políticas y existenciales de cualquier sociedad humana, pasada, presente y puede que futura. Pero también es obvio que no estamos ante conceptos de semántica incontrovertible sino todo lo contrario, esto es, que en función del sesgo ideológico, la metodología política o, si quieren, la orientación filosófica, ambos conceptos significarán cosas opuestas, diferentes o enfrentadas, según los casos. Para el liberalismo político la libertad es individual y limitada por espacios que no se comparten sino que se enfrentan en un contexto en el que las personas se enfrentan a una superestructura omnipotente y ubicua, el Estado, empeñada en limitar sus posibilidades de crecimiento y desarrollo con la intención, en este contexto aviesa, de igualar a la totalidad en detrimento de quienes despuntan. Para el socialismo, en cambio, el valor sobre el que pivota su andamiaje ideológico es el de la igualdad, una igualdad social - no el igualitarismo castrante que promulgan algunas dictaduras pretendidamente izquierdistas -, dibujando un escenario en el que lo individual está en función de lo social y donde el valor de la persona se diluye en el de la ciudadanía. Son los dos extremos del continuo ideológico los que definen posturas enfrentadas y enfoques opuestos, pero la línea que los conecta está plagada de interpretaciones intermedias que persiguen, siempre lo han hecho, conjugar ambos valores, la igualdad y la libertad, el individuo y la sociedad, la persona y la ciudadanía. La socialdemocracia, por ejemplo, siempre ha perseguido equilibrar el fiel de la balanza, hacer compatible lo individual con lo colectivo y buscar un punto de encuentro en el que sea posible compartir los espacios en lugar de patrimonializarlos con ánimo de lucro.
Con todo parece razonable suponer que existe un juego de confluencias y encuentros, desencuentros y oposiciones, entre ambos conceptos, de tal manera que en determinados contextos es cierto que uno de ellos avanza en función de lo que el otro retrocede, pero también podemos diseñar escenarios sociales, políticos y económicos en los que no necesariamente haya de evidenciarse esta antítesis conceptual. Un modelo en el que lo individual no pierda significado ante lo colectivo, como ocurre con regímenes supuestamente socialistas, ni sea lo colectivo sacrificado en aras a la separación de los genios de las masas, como ocurre con regímenes supuestamente democráticos - no señalaré con el dedo, que queda feo, pero abran las ventanas que está ahí -. Es posible construir un modelo de desarrollo en que el Estado sea expresión de la soberanía popular y no el enemigo, salvo de especuladores inmobiliarios y otros egoístas enfermizos, pero que al mismo tiempo procure una necesaria igualdad social básica a través del desempeño de su función redistributiva de la riqueza para que el acceso a todos los bienes y servicios producidos por esa sociedad sea real, efectiva y equitativa.
Pese a algunas interpretaciones, legítimas pero a mi juicio profundamente equivocadas, la socialdemocracia no persigue una sociedad en la que no haya ricos sino una en la que no haya pobres, que es diferente. La desigualdad social es una consecuencia estructural del normal funcionamiento del modelo capitalista de libre mercado - pese a que el mercado en realidad no sea libre - pero también el resultado de un componente filosófico y social susceptible de ser cambiado y orientado hacia otros paradigmas. El humanismo, la socialdemocracia, la democracia cristiana y el socialismo cristiano han demostrado, paso a paso, que otro mundo es posible, aunque para el neoliberalismo esto sean elucubraciones oníricas de hippies desahogados. Pero para esto nos hemos de poner de acuerdo y dejar de dar cobertura a quienes, apoyándose en un individualismo mal interpretado que deriva en egoísmo ombligocentrista, para empezar a compartir espacios que deberían ser comunes y que, en realidad, están deseando ser compartidos.
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| Escrito por Enric Casanova | |
| jueves, 01 de febrero de 2007 | |
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¿Libertad e Igualdad son conceptos antitéticos o complementarios? ¿Debemos renunciar a nuestra libertad para alcanzar mayores cotas de igualdad? ¿Hemos de abandonar la lucha por la reducción de las desigualdades sociales para salvaguardar nuestra libertad? No es fácil responder a estas preguntas, ni establecer un discurso homogéneo en el que podamos establecer universales sólidos en un contexto gestáltico y funcionalista







