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jueves, 24 de julio de 2008
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¿Deberíamos haber ejecutado a Hitler? (2/3) Imprimir E-Mail
Lecturas 1461    

ImageEs el símbolo del mal. Preguntando a gente de derechas, a gente de izquierdas, a gente que no quiere saber nada de política todos te dirán lo mismo: era un monstruo, uno de los más grandes que ha producido la Humanidad. Este enemigo común de todos pudo ser capturado y puesto a merced de los aliados. Hubo conjuras al final de la Segunda Guerra Mundial entre los mandos alemanes, planteándose de un modo muy serio que Hitler era un problema para la conducción del Reich. Se llegó a atentar contra su vida; no es una fatuidad pensar que bien pudieron secuestrarle. Y entregárselo a los Aliados.


Este post trata sobre esta posibilidad, no sobre el hecho de lo que los Aliados hubiesen hecho (hay que recordar que en Núremberg se ejecutaron a varios altos jerarcas nazis, es probable que hubiese seguido esta suerte), sino sobre lo que se hubiese tenido que hacer con Hitler. ¿Porqué plantearse esto? Porque si creemos que Hitler, responsable de asesinatos en masa y torturas masivas como pocos en la Historia, tenía derecho a un juicio y tenía derecho a no ser ejecutado, difícilmente podremos sostener las teorías (por desgracia en boga) que apoyan la ejecución de asesinos menores a él, teorías que apoyan el ojo por ojo, teorías que apoyan políticas que no permiten a determinadas personas acceder a un juicio justo.

Lo primero que cabe decir es que hizo sufrir y matar a millones. Es normal que más de una voz dijera: "Es justo que el asesino de tanta gente sea ejecutado". La justicia es siempre proporcional o no puede ser justicia. Es imposible que ejecutando a Hitler se alcance tal justicia. Hitler mató a millones, ¿podemos resucitarles? No. Entonces para establecer un equilibrio deberíamos matarle a él millones de veces. Y sólo podríamos ejecutarle una única vez. Desde un punto de vista de la proporcionalidad, no podría ser justo.

Aún pudiendo matarle y ejecutarle millones de veces gracias a tecnologías que no tenemos, ¿sería justo? Da igual que le matemos una y otra vez: su muerte repetida e infinita le causaría dolor a él quizás, a sus familiares, a sus amigos... no puede compararse al dolor provocado a millones de personas, sus familiares y sus amigos. Además, la aplicación de esta técnica conllevaría buscar su sufrimiento, su dolor, igualar su dolor y el de sus allegados al de sus victimas.
Intentar igualar el dolor o el nivel de putrefacción no debe ser un objetivo de la Justicia, pues si admitimos que podemos ejecutar a alguien muchas veces, entonces admitimos que la administración pública puede usar el dolor como instrumento de actuación.

Admitir este principio en nuestros sistemas jurídicos nos llevaría a admitir la tortura (que es el uso del dolor), nos llevaría a admitir por derivación que podemos encarcelar, torturar, matar y saltarnos los procedimientos habituales con los culpables de delitos que en cada momento parezcan más censurables. Nos llevaría en último término a la falta de límites a la hora de aplicar castigos y a la idea más grave: si atentas contra la ley, y tu delito es poco popular en ese momento, dejas de ser un humano, y se puede hacer contigo lo que queramos. Es algo profundamente antiliberal en el plano político: la apropiación total, sin límites, por parte del estado de seres humanos.

También se podría decir que puede que sólo se le pueda ejecutar una sola vez, pero que así podrán las víctimas y sus familias descansar en paz.
Las familias, muriese Hitler o le ejecutaran o le metieran en la cárcel, siempre serán familias de víctimas. Eso es inevitable. El descanso psicológico de las familias de las víctimas, ese "descansar en paz" sólo llega cuando se ha integrado la experiencia de la muerte del ser querido en la vida psicológica normal de la persona, cuando se admite que ha muerto, cuando ha pasado el suficiente tiempo y se ha pensado lo suficiente como para encontrar un sentido su muerte.
Una muerte por causas naturales es más fácil de integrar que una violenta. Es necesario que los familiares perciban que el asesino de su familiar paga por sus crímenes, que algo tan terrible no queda impune. Que el mundo es un sitio con reglas, que no es injusto, básicamente. Para el "descanso" de los familiares no hay que pasar necesariamente por la pena de muerte: si perciben que el juicio es justo, que se le castiga, que el poder judicial (la ley) reconoce que la muerte de su familiar es un crimen, algo que no tuvo que suceder, y se le castiga de modo proporcionado, esa persona puede integrarlo perfectamente en su experiencia vital y superar el acontecimiento.

Pueden "descansar en paz".

Una demanda de sangre del asesino en nombre de la sangre familiar derramada puede comprenderse, ya que estamos exigiendo una compensación inmediata por el gran agravio que nos hacen. Pero lavar la sangre con sangre no ayuda a superar la muerte de un familiar: la ejecución del asesino solo deja vacío, sin sentido, desesperanza. Las energías puestas en desear la muerte del asesino tapan la necesidad de buscar un sentido a su muerte. La ejecución de Hitler no llevaría a millones de judíos con familiares y conocidos victimas a sentirse mejor. Las pesadillas, los flash-backs, las depresiones seguirían...matar a Hitler solo daría un momentáneo y ficticio momento de alivio, pero pasaría rápido y se tendría que volver a empezar el proceso de integrar el suceso en la vida psíquica de los familiares.

De nada sirve pues, sólo para retrasar el proceso natural de duelo



Comentarios de los usuarios (1) RSS feed comment
Escrito por Invitado, on 06-02-2007 13:45,
1. Libertino
Yo no creo en la pena de muerte sistemática (sobre todo por el riesgo de error irreversible que puede causar en personas inocentes incorrectamente condenadas), pero si considero aceptable su aplicación en casos excepcionales, es decir, en seres humanos “extremadamente malignos” que demostradamente han causado un brutal daño a miles o millones de personas demostrando un total desprecio por la vida ajena (genocidas, dictadores,…).  
 
La justicia debe guiarse por tres principios básicos: restitución, indemnización y castigo. La restitución hace referencia a la devolución de lo apropiado (en los casos que sea posible); la indemnización al pago del daño causado; y el castigo no hay que entenderlo, por así decirlo, como “ojo por ojo, diente por diente”; sino “dos ojos por un ojo, dos dientes por un diente”, siempre manteniendo esto último como límite punitivo máximo de acción. La justicia debe primeramente preocuparse por, acuñando la expresión del autor de este texto, “el descanso psicológico de las familias de las víctimas”, y secundariamente debe tener un componente desincentivador de los delitos para de esa manera evitar lo máximo posible que haya nuevas víctimas. ¿De qué sirve que un terrorista que ha matado o secuestrado salga de la cárcel al haber cumplido su pena (pongamos 20 años de reclusión), sin en ningún momento haberse arrepentido de lo que hizo, es más, enorgulleciéndose chulescamente de ello, y además pretendiendo volver a asesinar o secuestrar cuando salga?.  
 
La ejecución (aún pudiendo matarle millones de veces) o la reclusión (perpetua o prolongada) de Hitler no hará que se mitigue el sufrimiento (entendido como el dolor por la pérdida de un ser querido) de los familiares de las victimas. Es más, no pudiendo aplicarle estrictamente la ley del talión, o sea, que a Hitler no se le pudiera matar millones de veces con un dolor exactamente igual al que infligió a sus víctimas (que su castigo no fuera escrupulosamente proporcional) no quiere decir que no se le debería aplicar la pena capital. Lo perfecto sería darle un castigo proporcional (lo justo) pero como es eso imposible (y no creo que sea posible jamás), por lo menos darle un castigo lo más cercano a dicha proporcionalidad (lo más cercano a lo justo). Además sería un castigo ejemplarizante.
 
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lunes, 05 de febrero de 2007
 
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