| Lecturas |
2018  |
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A diferencia de la dicotomía
“igualdad y libertad” y como la supera la izquierda (y también
en una parte el liberalismo menos radical) de la cuál hay
compañeros de socialdemocracia.org que saben tratarlo más
a fondo, realizo un pequeño análisis sobre otro tipo de
enfoque del problema clásico de “libertad e igualdad”.
Radicálmente no soy colectivista
ni comunitarista. Considero que el individuo es la base de la
sociedad (ni la familia como los modelos conservadores, ni el
colectivo comunitario como las utopías comunitaristas), en eso
tengo un parecer semejante al de muchos liberales. Es esencial que
una sociedad no someta a los individuos a abusos en nombre de una
utopía colectivista, hemos visto decenas de ejemplos en la
historia de que las utopías colectivistas pueden llevar al más
atroz de los sistemas (como también hemos visto la aplicación
de la libre empresa hasta sus últimas consecuencias a finales
del XIX sin ningún tipo de cortapisas ni de reglas y hemos
visto como los niveles de explotación humana han sido bastante
altos).
Es esencial para mi forma de ver la
sociedad que se proteja la libertad, o al menos se limiten las
cortapisas que por constituirnos en sociedad (y en pro de la
convivencia y de la reducción de las externalidades negativas
de nuestras acciones) nos tenemos que aplicar. Pero hay una parte de
la historia que algunos liberales (y no todos) se han dejado en el
tintero. La más manida es la igualdad de oportunidades, que
algunos consideran secundaria y yo no. Para los que anteponen el
sistema liberal hasta las últimas consecuencias sin medidas
correctoras del estado, les importa un comino que efectos tiene a la
práctica ya que obvian una evidencia sociológica como
una montaña: en las sociedades del capitalismo de bienestar
(excepto tal vez dinamarca, noruega y suecia) la variable más
significativa para predecir el tipo de estatus laboral y social de un
individuo es el estatus laboral y social de los padres, y los
ciudadanos de ingresos más bajos viven de media unos 5-15 años
menos que los individuos de ingresos más altos. Cuando la
movilidad social es en el mejor de los casos limitada y en algo tan
importante como la longevidad depende en una parte importante de tu
nivel de ingresos, es que el sistema liberal tiene una enorme
fractura que tan sólo en algunas sociedades socialdemócratas
se logra paliar parciálmente (sin con ello condenar a la
pobreza a nadie).
La igualdad de oportunidades es un
clásico del liberalismo social, de la socialdemocracia y de
cualquier forma de socialismo democrático. Es la clave de gran
parte de las políticas sociales que pocos pueden intentar,
defendiendo la libertad individual, dar argumentos en contra: ¿porqué
es malo que se intente dar capital cultural y educativo a las
personas cuyos orígenes económicos no se los podrían
permitir? ¿porqué cargar con un individuo del fracaso o
falta de éxito de sus progenitores?. Algunos aún con
una extraña interpretación del darwinismo social
disfrazada de derechos negativos (nadie puede negarme la posibilidad
de darle a un tercero todo lo que tengo cuando muera) justifican la
perpetuación de las desigualdades sociales generación
tras generación. Como si este sistema social (artificial) se
basara en una especie de derecho natural y el éxito social de
unos progenitores tienen todo el derecho de prolongarlo en su prole
bajo una percepción darwinista de la sociedad. Algunos llegan
a argumentarlo desde un iusnaturalismo bastante carrinclón,
¿porqué no puede heredar mis hijos mis logros si las
reglas sociales me favorecen grácias a que me adapto mejor al
mercado? ¿porqué tiene que haber una coacción
social para que parte de mi futura herencia sirva para dar educación
a los pobres?. Hombre, esa premisa del egoismo darwinista aplicada al
exitoso en el mercado podríamos dársela al que es
exitoso en la violencia física o en el robo. A nivel ético
hay una diferencia entre ambos, pero a nivel individual no, y menos
desde una perspectiva darwinista, el violento, igual que el ávaro
tiene todo el derecho a ejercer sus ventajas competitivas en un
darwinismo social real (donde todos nos enfrentamos a todos con
nuestras mejores herramientas biológicas, intelectuales y
sociales). El hecho es que en la mayoría de capitalismos de
bienestar se han establecido algunos mecanismos que corrigen parte de
el problema de la herencia trasladando capital de las clases altas a
las clases bajas mediante sistemas públicos de educación.
Pero hay algo más que aún
dentro desde un liberalismo social (yo no me adscrivo a esa ideología
o a ese marco de análisis de la sociedad pero en este caso
quiero hacer un análisis nuevo sobre la libertad y la igualdad
desde la perspectiva de priorizar la libertad) existe un concepto
adicional al de igualdad de oportunidades y de igualdad ante la ley.
Es el de autonomía personal, o sea la capacidad de cada
individuo de ejercer esas libertades.
Para entendernos, un sistema social que
no ejerce ningún tipo de coacción pero que abandona a
las personas con movilidad reducida a quedarse encerrados en su casa
por no tener capacidad ni ayuda para salir a la calle por sus propios
medios (y no tienen dinero para pagar a un tercero que les ayude), ni
que fomente mecanismos para dotar de autonomía a las personas
que no pueden dárselo por sí misma, es una sociedad que
limita la “cantidad de libertad” real que pueden ejercer los
ciudadanos.
Pongamos un ejemplo, para un liberal
puro la aportación no voluntaria al estado para financiar un
sistema de atención a las personas con dependencia es una
coacción a su libertad (es verdad, podrían utilizar ese
dinero para comprar droga, para pagarse un yate nuevo, o para
comprarse un libro que necesitan o quieren leer, o donarlo para
salvar las ballenas rorcuales), perfecto, acepto desde la óptica
ultraliberal que esa coacción limita la libertad de ese
individuo que tiene que aportar una parte de su dinero a un mecanismo
estatal de atención a la dependencia. Pero, ¿y si no se
aportara?. El nivel de falta de libertad real, o sea de ausencia de
autonomía personal para poder ejercer las libertades más
básicas (como poder moverse y salir de casa, poder salir a
comprar la comida), es mucho más alto (a menos que algún
ultraliberal niegue que haya grados más altos de necesidades y
quiera argumentar que el cubrir la necesidad del último DVD es
igual a la de poder salir de casa para comprar la comida). El grado
de libertad real que gana la persona dependiente al tener alguien que
periódicamente le ayuda a salir, pasear por el parque, hacer
la compra, ir al médico, que le ayuda a poder levantarse y
caminar, o que le ayuda a mantener el hogar mínimamente limpio
es muy alto. En comparación la libertad que pierde el
individuo que ha de aportar su capital es menor a la que gana el
individuo (la libertad real ejercida).
La autonomía personal, o sea la
capacidad de los individuos de superar sus limitaciones económicas,
sociales, físicas, fisiológicas, mentales, etc.. de
poder ejercer el conjunto de libertades básicas (ya sé
que esto es anatémico para un ultraliberal, ya que no existen
libertades básicas y el no poder salir del hogar de uno mismo
[que no deja de ser un tipo de encierro que podría asemejarse
a un arresto domiciliario de por vida] es igual al no poder comprarse
un Ferrari) a las cuales el resto pueden acceder sin muchos
problemas, es un tema que permite hacer aguas a la mayoría de
posicionamientos filosóficos que sustentan el ultraliberalismo
(no el liberalismo en sus formas más clásicas los
cuales también incluyen la igualdad de oportunidades). Es
difícil sostener que un sistema sin coacciones estatales como
el afgano o el del actual Irak en las zonas no controladas, es un
sistema donde se tienen más libertades que en la intervenida
sociedad Sueca. Lo mismo que es difícil sostener que en los
arrabales del Bronx el grado de libertad individual es mayor que en
un suburbio de Estocolmo o de la misma Barcelona (donde hay un grado
de intervención municipal y estatal más alto). Y no
sólo por la violencia que se ejerce (10 veces superior en las
calles de las ciudades de EEUU que en Europa, al menos en lo que se
refiere a asesinatos), sinó por la capacidad de poder escoger
un trabajo, el poder estudiar, acceder a una atención
sanitaria, a servicios sociales que le ayuden a superar situaciones
de emergencia social.
Para algunos ultraliberales les
parecería que la autonomía personal queda mejor
cubierta por las donaciones privadas que no ejercen esa coacción
estatal al individuo y por tanto ese grado de libertad efectiva real
no se hace reduciendo libertades individuales de los que poseen
capital (libertades que ya digo son el poder disponer de ese dinero
para lo que les dé la gana, y recomendaría que todos le
echárais un vistazo a la encuesta de consumo de hogares que
realiza el INE y se pueda analizar el tipo de “necesidades” que
se cubren por parte de las decilas superiores y que dejan de cubrirse
al tener que pagar impuestos).
El hecho es que incluso en la sociedad
de EEUU donde el nivel de asistencia privada, el tipo de sociedad
asistencialista y más comunitarista y de ayuda mútua
que las sociedades centro-europeas y latinas (pero no tanto como las
nórdicas) y la ausencia de esta cobertura por parte del estado
es más evidente no cubre ni de lejos lo que desde los estados
del bienestar europeos se cubre. Tan sólo representa unas
décimas del PIB, mientras el gasto social en la mayoría
de países supera las decenas de puntos del PIB (y en muchos
países sigue habiendo carencias serias). El confiar únicamente
en la ayuda mútua comunitaria, en las donaciones privadas a
parte significa que la autonomía personal no es un objetivo
social a garantizar, algo que los ciudadanos adquieren como
ciudadanos sinó dependiendo de la caridad de terceros, caridad
que puede desaparecer en cualquier momento.
Y no hablo de un asistencialismo que
genera dependencia, sinó mecanismos, como políticas
formativas a los excluídos del mercado laboral, ayudas a las
personas dependientes (y no sólo ayudas económicas,
sinó de servicios a las personas), formas de mercantilizar y
dotar de capacidad de autofinanciación de sectores excluídos,
educación para todos los individuos que les permita ampliar su
abanico de opciones profesionales, garantías de atención
sanitaria que les permita poder tratarse de toda enfermedad en
condiciones dignas y que no le relegen de forma evitable a una
situación de incapacidad. No hablo de ayudas a la pobreza,
sino de métodos para evitar que la pobreza sea algo heredado y
para permitir al que quiera ayudarse a sí mismo salir de esa
situación.
Ante eso, la ideología
ultraliberal poco tiene que decir, obvia la autonomía personal
porqué es algo que no les interesa, les interesa más el
debate de igualdad vs. libertad, cuando tanto socialistas
democráticos como liberales defendemos la libertad. La
diferencia entre los primeros y algunos de los segundos (y reitero,
algunos, porqué una parte del liberalismo no es tal y como se
disfraza hoy en día) es que esa libertad también
observamos las capacidades reales para poder ejercerla y no sólo
que no haya coacciones que eviten ejercerla.
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