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viernes, 21 de noviembre de 2008
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Ecologistas de salón, bonistas y otras especies Imprimir E-Mail
Lecturas 2206    

ImageRecientemente me he encontrado en algunas discusiones que me han mostrado que todo ser humano es solidario hasta el momento que le toca realmente ejecutar esa solidaridad. Existen algunos elementos que identifican políticamente al "izquierdista de salón" o izquierdista por moda, o izquierdista por bonismo.

Cuando se pregunta a la gente de la calle si ellos creen en la redistribución de la renta, o en el ecologismo, el desarrollo sostenible, la justicia social, la sanidad o las pensiones, en nuestra sociedad con un estado del bienestar mediterráneo suelen decir que sí (tan sólo hay que consultar la European Social Survey para ver como ese comportamiento es general en prácticamente todos los paises y las sociedades europeas).


Centrémonos en un aspecto: el ecologismo. Estoy convencido que incluso el director de Exxon, compañía que financia los lobbyes negacionistas del cambio climático, si le preguntaran diría que él es ecologista. Todo el mundo es ecologista, a casi nadie le gusta que cacen los osos, exterminen al panda gigante o se extinga el lince y creen que "alguien" tiene que hacer algo para evitarlo.


Cuando se les habla de la desertización exigen que eso se tiene que evitar, incluso cuando se les habla del cambio climático (excepto al director de Exxon que desde hace semanas no debe saber donde esconderse debido a que incluso la propia dirección de Exxon tiene que decir "donde dije digo, digo diego" con respecto al cambio climático) dicen que hay que actuar que eso no puede seguir así.


Hasta ahí perfecto, ningún problema, estaremos de acuerdo en que "alguien" debe salvar la selva amazónica o que es necesario luchar contra el cambio climático, salvar los linces o reducir la contaminación en los ríos.


Ahora bien, lo que diferencia un ecologista bonista de uno convencido, un ecologista de salón pero no una persona consciencida no es que consuma macrobiótico, o fabrique compost en su casa, sinó en los aspectos que afectan a sus costumbres, o su bolsillo o los que supongan molestias, aunque estas molestias y estos costes sean ridículos en el conjunto de sus ingresos y gastos mensuales.


El bonista envía por e-mail correos en cadena alertando sobre la desertización del planeta y a la vez mails contra la subida de tarifas del agua para los que gastan más de 60 litros diarios. En un alarde de incoherencia supina se molestan por una subida en la factura del agua de 5€ al trimestre cuando es utilizada para desincentivar el despilfarro y ni se preocupan ni se alertan de que la nueva tarifa en los móbiles le va a suponer un gasto extra de 15€ al mes.


Y es que el bonista, además, peca de opulento. La subida de precios en bienes de consumo le preocupan menos (al menos no en su consumo, porque no lo disminuye) que cualquier tasa ecológica. El ecologista bonista se molesta por una cantidad ridícula en la factura de la luz o el agua, pero en cambio ni se preocupa que el DVD que compra (a parte del cánon) valga 3€ más que hace un año, y sigue consumiéndolos, puede que refunfuñe entre dientes pero no se quitará el lujo de consumir. Si los costes de café y hostelería han subido en un año casi un 5% ni se preocupa, sigue tomando sus cafés y yendo de cena ventilándose en una noche varias veces todas las tasas ecológicas que vaya a pagar durante ese año.


Pero es ecologista. Para el ecologista bonista las medidas contra las emisiones de CO2 no han de suponer un coste: es imposible que eso signifique que haya empresas automovilísticas que tengan que recortar salarios o dejar la actividad. Eso no ocurre en el mundo mental del ecologista bonista, ni tampoco ocurre que se graven y penalicen los usos del vehículo en las ciudades, ni que unos mayores niveles de depuración en los vertidos industriales no se vea reflejado en el precio de los productos y servicios que él consuma. Eso no le pasa a él.


Dejando de lado que los empresarios suelen jugar con un margen de negociación más grande que el de sus trabajadores y que el margen de beneficios en una empresa que funciona se puede reducir para poder compensar según que sobrecostes ecológicos sin afectar en demasía el precio de compra y no perder competitividad y mercado (y algunos sobrecostes como la obligatoriedad de poner doble cristal o paneles térmicos en las nuevas construcciones en el conjunto del producto es algo mínimo), eso no implica que toda las medidas ecologistas sean inócuas y que no afecten la economía del ecologista bonista.


Image
Pancarta liberal contra el cambio climático
Es posible que él o alguien conocido pueda ir al desempleo por el cese de actividad de los desguaces en zonas urbanas, o que la factura de ciertos servicios se vea aumentada, y aunque también se generan nuevas oportunidades (algunas medidas que graven el despilfarro energético son incentivos para un menor gasto energético y una mejora de la productividad que permite ser más competitivo, y algunas legislaciones pro-ambientales fomentan la aparición de nuevas oportunidades de negocio, como la de instalador de placas solares térmicas o los ecoparks), eso no implica que un ecologista, o alguien que se autodenomine como tal, tiene que asumir que su postura lleva implícitas unos costes.


Sobre la escala de valores de muchos ecologistas bonistas (que se indignan con las subidas de precios de la tarifa del agua, pero no hacen campañas en contra de los redondeos en los bares, escala totalmente respetable pero que no deja de reflejar cierta incoherencia) se podría hablar largo y tendido (no dejan de ser reflejo de la sociedad opulenta y de mass-media que les ha visto nacer). Me centraré mas bien en la debilidad del compromiso ecologista. Algunos de estos ecologistas bonistas, incluso son capaces de votar a partidos ecologistas y verdes, el voto no deja de tener un coste de oportunidad muy bajo para muchos de ellos ya que la militancia, si no son activistas, le es algo ajeno. Pero de ahí no pasa, y si ven aplicado el programa verde en sus propias carnes reaccionan, ¿cómo que se impone limitaciones al aparcamiento en los núcleos urbanos?. La queja es extensa y si preguntas a los que reaccionan en contra se seguirán identificando como ecologistas. Aunque sea una exageración no deja de reflejar gran parte del conjunto de ecologistas bonistas.


Y es que ser ecologista conforma parte del ideario postmoderno al que todo el mundo nos adscrivimos casi de forma automática: somos ecologistas, no somos sexistas ni racistas, somos progresistas y solidarios. Nadie quiere definirse como anti-ecologista, o sexista, o racista o conservador o insolidario. Pero en cambio no ser sexista o ser ecologista implica algo más que un simple bonismo o el responder a unos cánones de moda ideológica. Ni tan sólo significa votar al partido verde de turno. Significa ser coherente con el grado de conscienciación que uno va adquiriendo, no obviar algo que hemos aprendido simplemente porque no nos conviene para nuestro estilo de vida.


No sirve con solo hacer aquello que me es mas cómodo. Eso simplemente es ser un ciudadano que hace lo que le conviene, pero ser ecologista es optar entre varias posibilidades de gestión pública y de actividad personal e individual. Si alguien opta por un voto verde, no puede esperar que no le suban la tarifa del agua, al menos cabria esperar que ese votante haya mirado alguna de las propuestas de los partidos verdes o simplemente haberse concienciado con el problema del agua y saber que somos uno de los paises donde más se despilfarra y mas barata sale el agua: vamos que o se tiene la cultura política de un Yanomami o la conclusión mas evidente es que cualquier ministerio de medio ambiente minimamente pro ambientalista va a subir la tarifa del agua para intentar desincentivar el despilfarro.


Pero no nos olvidemos que hay una gran masa bonista, que es ecologista porque todo el mundo lo es (o eso cree, y para el caso es lo mismo), por pura presión social, y que su nivel de análisis (legítimo, no lo juzgo) se centra en lo que le favorece: socialmente le favorece decir que es ecologista, privadamente le favorece no serlo. Y este grupo de ecologistas bonistas no son menos inteligentes o capaces de un analisis serio como los ecologistas conscienciados o los que al final creen que el ecologismo no va con ellos después de pensarlo racionalmente. El bonista lo que es un hacha en maximizar sus oportunidades personales: evita el rechazo social, se suma al consenso social sin generar estridencias y de paso no asume los costes de ser lo que dice ser y por tanto minimiza los costes del ecologismo en su persona y lucha por ello.


Esta táctica es muy eficaz y de hecho lo costoso socialmente es defender las subidas de tasas eléctricas o de agua, los sobrecostes ambientales (el bonista no espera nunca que ese "alguien" le toque de forma directa o indirecta el serlo él también) o asumir como aceptables algunos resultados negativos para la economia a corto plazo (el ecologismo bien entendido a largo plazo es imprescindible para la economia) que pueda tener una medida ecologista.


Hoy en dia a pesar de lo que digan las encuestas, muchos ciudadanos no defienden la postura ecologista, les supone una molestia.


Palabras claves : ecologismo

Comentarios de los usuarios (2) RSS feed comment
Escrito por Invitado, on 15-02-2007 12:01,
1. ...
Ya de paso deberíamos hablar de la incongruencia de los "ecologistas" que tienen automóvil. El automóvil privado es el mayor atentado al medio ambiente. Un automóvil contamina para fabricarlo, al usarlo y para construir las infraestructuras.
 
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Escrito por Invitado, on 15-02-2007 16:01,
2. As-saut
Muy bueno camarada te agradezco tus palabras que me reafirman en mi posición de que los ecologistas en su mayoría son unos reveldes de salón, acomodaos y pijillos. Te dire que yo también me pego mis bailes en dicho salón pues soy Socialista y vivo opulentamente pero lo que me distingue de otros es que yo estoy dispuesto a luchar por mis ideas y a sacrificar mi bienestar en la medida que me lo permite mi situación y la de mis padres, que tampoco es de las mejores de España pero no es mala. Gracias.
 
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