| El Estatuto de Andalucía, mi abstención |
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Este domingo hemos tenido los andaluces una obligación con las urnas, dicen. Hemos votado el Estatuto de Andalucía, apoyado finalmente por casi todos los
partidos políticos, incluyendo a Izquierda Unida. Precisamente por esta
razón, porque en mi cartera asoma el carnet de militante, he recibido
bastante información acerca del nuevo proyecto. Pero, a pesar de esto,
yo no he acudido al colegio electoral que me corresponde.
Este verano estuve en una ronda de conferencias sobre periodismo político que tuvo lugar en Estepona (Málaga), a las que acudieron numerosas personalidades y muy poco público. Cuando le tocó el turno a Duran i Lleida (CIU), alcé mi mano para preguntarle una cuestión sobre el estatuto catalán de la que ya he hablado aquí: ¿por qué a los andaluces nos llegaba entonces sólo información referida a la problemática semántica de nación-nacionalidad-realidad nacional, y no debates acerca de problemas reales tales como vivienda, derechos civiles, etc.? Muy educadamente me contestó que eso era un problema de los medios de comunicación, y que realmente el estatuto contenía numerosos avances en materias que ciertamente importaban a las personas, como las antes apuntadas. En su opinión, eran los medios los que centraban el debate en los asuntos intrascendentales. Visión, obvio, que compartí y comparto totalmente. En los pasillos, Patxi López (PSE), en una actitud muy política, también se nos acercó a Andrés Villena y a mí para indicarnos que los jóvenes periodistas teníamos (él pensaba, lógicamente, que yo lo era) el deber de centrar las discusiones políticas en asuntos importantes. Nos explicó que su más sincero deseo era que ETA desapareciera para poder dejar espacio político para tratar asuntos económicos, por ejemplo. Obviamente, también le respondí que tenía razón. El debate de los estatutos está siendo dirigido conscientemente por la derecha hacia los puntos más emocionales y menos trascendentes de los mismos. Menos trascendente, digo, desde un punto de vista pragmático y realista. Al trabajador, estudiante y empresario le va a dar igual estar integrado en un marco económico capitalista llamado Andalucía, Cataluña o España, mientras el sistema en sí sea el mismo. Para empezar, es verdad que el estatuto andaluz reivindica derechos inventados, como todo texto de carácter nacionalista. De hecho, ya he escrito varias veces (aquí y aquí) sobre el tema, recordando que "ninguna bandera nos dará de comer, ni ningún himno nos garantizará la bebida" y que, en definitiva, las naciones no son sino invenciones de las clases dominantes para establecer marcos en los que, simplificando para no eternizarnos, los ricos utilizan a los pobres. Aparte de esto, el estatuto contiene avances más o menos significativos que son ciertamente positivos. Pero, todos ellos tienen que enmarcarse dentro de la Constitución española, de la que no podemos decir demasiadas cosas a favor en este sentido. Por lo tanto, nos encontramos en una situación en la que únicamente estamos rascando avances sobre un límite que no podemos transpasar y que nos engloba a todos. Desde un punto de vista izquierdista, nada de esto tiene sentido. Parece, y permitidme este comentario, un entretenimiento burgués. Y por si fuera poco nos encontramos en una época en la que la tendencia es a delegar responsabilidades en autoridades supranacionales, como la Unión Europea, y en base a textos profundamente antidemocráticos y liberales (perdón por la reiteración) como la Constitución Europea. Si las "armas" reales de transformación y regulación las tienen instituciones privadas (política monetaria en el caso del Banco Europeo, o las grandes multinacionales en la práctica cotidiana), ¿qué hacemos perdiendo el tiempo con asuntos de menor orden? Luego está el dichoso pragmatismo de "izquierdas". Esta tarde me ha llamado mi padre y en cuanto le he dicho que no voy a votar, me ha protestado argumentándome que el Partido Popular lo usará a su favor. En primer lugar, lo cierto es que el PP utilizará el resultado sea cual sea, porque es un partido sin convicción alguna y sediento de poder, por lo que no hay que preocuparse en este sentido. Y en segundo lugar, es siempre interesante ver cómo la abstención y los rechazos revelan el poco interés que despierta este juego de políticos.
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| Escrito por Alberto Garzón | |
| lunes, 19 de febrero de 2007 | |
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Este domingo hemos tenido los andaluces una obligación con las urnas, dicen. Hemos votado el Estatuto de Andalucía, apoyado finalmente por casi todos los
partidos políticos, incluyendo a Izquierda Unida. Precisamente por esta
razón, porque en mi cartera asoma el carnet de militante, he recibido
bastante información acerca del nuevo proyecto. Pero, a pesar de esto,
yo no he acudido al colegio electoral que me corresponde.







