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El impacto de las deslocalizaciones
productivas sobre el empleo en los países del Norte en general y en
Europa en particular permanece en el centro del debate en diversos
países europeos y en Euskal Herria en particular. A la amenaza de las
deslocalizaciones hacia los países asiáticos, se añade la amenaza de
los países de Europa central y oriental.
En la primera parte de este artículo se
plantea el impacto de las deslocalizaciones sobre el empleo en los
países europeos.En la segunda parte se analiza, más en detalle, la
evolución de los países del este europeo en relación con la Unión
Europea(U.E.). En la tercera parte se abordan las diferentes
estrategias de las políticas económicas . En la cuarta parte se
profundizan los aspectos de la fiscalidad en relación con la
deslocalización .En la quinta parte, se plantea el interrogante de la
posible estrategia europea ante la deslocalización. En la sexta parte,
se aborda ciertas medidas para frenar la deslocalización.. En la
séptima parte, se analiza en detalle el caso vasco. Finalmente se
plantean algunas reflexiones.
1. Deslocalización y empleo
La deslocalización, en sentido amplio, incluye diversas situaciones:
- El traslado de todas las actividades,
o parte de ellas, desde una empresa del Norte hacia un país emergente
de bajos salarios (PEBS), vendiendo sus productos en los países del
Norte, bien instalando una nueva empresa, o bien recurriendo a la
subcontratación.
- Cuando una empresa del Norte instala
una nueva unidad productiva en el Sur, pudiendo haberla instalado en el
Norte, y su producción se vende en el Norte.
- Cuando una empresa del Norte
reemplaza un subcontratante del Norte por un suministrador de un PEBS
en sus compras de productos intermedios
- Cuando una empresa comercial del
Norte sustituye a un proveedor instalado en un país del Norte por un
proveedor instalado en un país del Sur.
Por el contrario no forman parte del
fenómeno de la deslocalización las inversiones realizadas en los países
del Sur cuya finalidad es abastecer los mercados del Sur.
La emergencia de los PEBS en el comercio internacional ha influido de diversas maneras en los países del Norte:
1) Los exportadores de los PEBS
ganan cuotas de mercado en los países del Norte especialmente en
aquellos productos con alto contenido en mano de obra no cualificada.
2) Ciertos productos de los PEBS expulsan a los de los países del Norte en terceros mercados.
3) Las empresas del Norte
reaccionan mecanizando y automatizando sus procesos de producción,
mejorando la productividad del trabajo, y por tanto se produce una
reducción de empleo no cualificado.
4) Los países del Sur aumentan sus
importaciones de productos intensivos en capital o en trabajo
cualificado procedente del Norte, especialmente bienes de equipo.
5) Los bajos precios de las
mercancías producidas en el Sur reduce los precios de los bienes de
consumo en los países del Norte aumentando la capacidad de compra de
las familias de estos países. Además los beneficios empresariales
aumentan teniendo en cuenta la reducción de precios de los bienes
intermedios importados del Sur.
6) El debilitamiento de la demanda
de trabajo de obreros no cualificados y las amenazas de deslocalización
ejercen una presión a la baja sobre los salarios de los obreros no
cualificados. Según el funcionamiento del mercado de trabajo (y de las
presiones sindicales) o bien sus salarios disminuyen (lo que aumenta la
desigualdad e influye en el consumo) o bien se mantienen (lo que
contribuye al alza del volumen de parados). Según los países, se
introducen, o no, ciertas medidas sociales para reducir las crecientes
desigualdades.
7) Las empresas del Norte tratan de aprovechar el crecimiento rápido de los países del Sur, invirtiendo en dichos países.
8) Los movimientos de capitales
hacia los países del Sur y el volumen de sus exportaciones empujan
hacia una elevación de la tasa de cambio de los países del Sur, si no
se produce un incremento importante de sus importaciones (especialmente
de los bienes de equipo). Hay que tener en cuenta que los países del
Sur pueden evitar la apreciación de su moneda acumulando gran cantidad
de divisas en monedas extranjeras como lo hace China actualmente con el
dólar.
La transformación actual de la División
Internacional del Trabajo (DIT) puede ser analizada desde dos puntos de
vista. Por una parte la DIT permite a ciertos países emergentes
insertarse en la economía mundial utilizando sus ventajas específicas,
especialmente los costes de mano de obra, tal y como se observa en la
tabla 1.
Fue primeramente los "4
dragones": Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwan. Después, los
"tigres asiáticos": Malasia, Indonesia, Filipinas; posteriormente
Vietnam, Laos y Camboya. Finalmente China e India. Es significativo que
en estos países, para el periodo 1990-2003, el crecimiento del PIB ha
oscilado entre5,5% (Corea del Sur) y 9,6% (China) y la producción
manufacturera 6,7% (Singapur) y hasta 17,6% (Camboya). En cambio en la
zona euro, el PIB creció de media 2% y la producción manufacturera
1,6%.
Por otra parte los países del Magreb (Túnez, Marruecos...) tienen
costes laborales más elevados que los nuevos países emergentes pero
costes de transporte inferiores. Mientras que los países del Este
europeo (PECO) ofrecen nuevas posibilidades a las empresas, mayor
seguridad jurídica, cierta estabilidad política y social, así como unos
mercados prometedores.
La apertura económica y
comercial permite a los PEBS reducir esfuerzos para impulsar su
desarrollo económico. La entrada de capitales extranjeros facilita la
mejora de la productividad del trabajo; los países emergentes pueden
acceder rápidamente a técnicas modernas, aprovechando las divisas
derivadas de las exportaciones. Las élites dominantes de estos países
perciben la ventaja que supone invertir en su propio país más bien que
en los mercados financieros de los países del Norte. La seguridad
jurídica, la lucha contra la corrupción, el esfuerzo en la educación y
la construcción de infraestructuras - factores que condicionan la
entrada de los capitales extranjeros - son rápidamente recompensados
con la entrada de las nuevas inversiones productivas.
Por otra parte la nueva DIT,y su
proceso de consolidación, corresponde a la estrategia de las empresas
multinacionales (EMN). La mundialización comercial y productiva,
marcadas por la libertad de circulación de los bienes y de los
capitales, la reducción de los costes de transporte y la supresión de
los retrasos en las comunicaciones, facilitan a las empresas organizar
sus procesos de gestión, de innovación, de producción y de distribución
a escala mundial. Incluso la localización de los centros de
investigación empresariales, la sede social, las filiales de
distribución pueden cambiar según la estrategia y la coyuntura. De este
modo se extiende la competencia entre países a nivel mundial. Cada
país, cada categoría de trabajadores soportan, por tanto, una doble
competencia: la de los países relativamente parecidos a ellos y la de
los países con muy bajos salarios.
Aunque es cierto, como se ha visto en
la tabla 1, las diferencias salariales son enormes entre PEBS y los
países del Norte, cuando se tienen otros aspectos de coste, como es la
productividad, las diferencias se reducen sensiblemente. Como ejemplo,
en un estudio realizado (I. Joshua, 2.006) comparando,
para 1992, La India y EEUU, se apreciaba que el salario medio de la
India era 4,5% del salario medio estadounidense, pero el costo por
unidad producido alcanzaba el 37,6% del nivel americano. Y parecidos
resultados obtendríamos con datos más actuales.
El movimiento de deslocalización ha
afectado, en primer lugar a sectores industriales enteros: textil,
acero, calzado, juguete, equipamiento doméstico, industrias eléctricas
y electrónicas. Pero también se extiende a determinados servicios, como
la contabilidad, gestión de compras e informática.
Ante esta situación, para cada empresa,
la deslocalización aparece como una necesidad para reducir costes y
preservar su competitividad. Deslocalizar una parte de la producción
facilita producir a más bajos costes y las empresas que no sigan ese
camino, parece, según la lógica dominante, que no tienen futuro. Las
organizaciones deben reorganizar su producción, conservando en su país
de origen únicamente el "núcleo duro" de su actividad, empleando un
volumen de asalariados reducidos pero muy cualificados, y
externalizando ciertas actividades hacia subcontratantes de países
emergentes y comprando una parte de sus consumos intermedios en un
PEBS. Este nuevo modelo sería la única manera de proteger una parte de
los empleos europeos. Por tanto las empresas europeas deben centrar sus
esfuerzos en mantener los sectores de alto valor añadido.
Consideremos el caso de dos empresas
del textil, A y B, que emplean cada una 100 asalariados cualificados
para tareas de diseño y marketing, y 1000 trabajadores en la
producción. La empresa B se instala en China lo que le permite dividir
por dos su coste de producción inicial. La empresa A se queda en
territorio español y, al cabo de un tiempo, hace quiebra. La empresa B,
por tanto, recupera el mercado de la empresa A y tendrá necesidad de
200 trabajadores cualificados en territorio español. Hay que considerar
que los 1000 empleos perdidos por A no se contabilizarán como empleos
deslocalizados en sentido estricto y que B podrá pretender que la
deslocalización le ha permitido crear 100 empleos cualificados. O bien,
la empresa A, para evitar desaparecer tenía que haber deslocalizado.
Está claro que las economías de costes realizados por las dos empresas
no nos dicen nada sobre la rentabilidad social de la operación.
La economía tiene necesidad de menos
trabajadores no cualificados y de más trabajadores cualificados, lo que
es favorable si este movimiento acompaña al crecimiento de la
cualificación de la mano de obra. Sin embargo el impacto de la entrada
de los países del Sur sobre el empleo en el Norte no debe ser
considerado únicamente en el largo plazo sino también en el corto
plazo. El aparato productivo debe adaptarse. Ciertas regiones
monoproductoras serán golpeadas por un desempleo creciente. Las
pérdidas de empleos no cualificados se acumularán a las que origina el
proceso de modernización y de automatización. Reemplazar trabajo no
cualificado por trabajo cualificado no es necesariamente una buena
noticia para el empleo en los países en los que el volumen de parados
no cualificados es ya grande.
Incluso si los intercambios con los
PEBS son equilibrados, según el valor de los productos, el impacto de
la emergencia de los PEBS sobre el empleo en los países del Norte puede
ser muy negativo. Siguiendo a C.Mathieu y H. Sterdyniak (2005)
supongamos que los intercambios comerciales representan el 32% del PIB
de los países del Norte. Del lado de las exportaciones, el país del
Norte va a vender productos con fuerte contenido en empleos
cualificados.
Supongamos que los salarios de los sectores exportadores sean 1,5 veces
el salario medio. Del lado de las importaciones los bajos precios de
los productos importados hace que su contenido en empleos del Norte es
particularmente alto. Una importación de mil millones de euros de
zapatillas provenientes de China no reduce la producción francesa en
mil millones de euros sino en 2 mil millones de euros ,si una zapatilla
francesa cuesta 3 euros a precio de salida de fábrica y una zapatilla
china tiene el precio de 1,5 euros cuando llega al mercado francés. A lo que hay que añadir que los empleos destruidos son, normalmente, empleos de bajos salarios.
Supongamos que el precio del producto
del PEBS es un 50% del precio del producto similar del país del Norte y
que el salario medio de los trabajadores reemplazados sea del 75% del
salario medio en los países del Norte. El comercio con los PEBS se
traduce entonces directamente en la creación de empleos cualificados
representando un 2% del empleo y la pérdida de empleos no cualificados
suponen un 8% del empleo; indirectamente el bajo precio de los
productos de los PEBS induce, si se ha repercutido realmente en el
precio del producto para el consumidor, un alza del poder de compra del
3% del PIB, lo que supone inducir un alza del 3% del empleo.
Globalmente la pérdida neta es del orden del 3% del empleo total para
una pérdida bruta del 8%. Los 650.000 empleos perdidos pueden
considerarse una cifra importante, pero en un espacio de 20 años, el
efecto es limitado en relación al progreso técnico y a la falta de
dinamismo económico. A esta dinámica hay que añadir el fenómeno del
progreso técnico, que actúa en el mismo sentido, reemplazando muchos
empleos no cualificados por pocos empleos cualificados.
La dinámica económica de los PEBS
confirma su peso creciente en las exportaciones mundiales. Así de 1990
a 2004, los PEBS han pasado del 27,9% al 40,7% de las exportaciones
mundiales, siendo espectacular el crecimiento relativo de China y
países asiáticos.
2.Unión Europea y países del este europeo.-
El comercio entre la Unión
Europea (UE) y los países de la Europa central y oriental (PECO) ha
aumentado fuertemente desde los años 90 hasta la actualidad.. Los
intercambios comerciales son más importantes con los PECO que con
China: 4% contra 3% de las importaciones en el periodo 2000-2003 y 4,65
contra 1,3% para las exportaciones. Dentro de la UE, Alemania tiene un
peso relativo importante en sus relaciones comerciales con los PECO, 8%
de las importaciones y 9% de las exportaciones alemanas.
De cualquier modo el
comercio de la UE es excedentario con los PECO y deficitario con China.
Por otra parte los PECO representan una parte substancial de las
importaciones en ciertos sectores, con tasas de crecimiento importantes
en la última década. La cuota de mercado de los PECO es importante en
dos tipos de sectores: industrias tradicionales intensivas en mano de
obra o en materias primas y determinadas industrias en las que las
multinacionales han integrado a los PECO en el seno de una división
europea del trabajo. Los dos sectores con mayor flujo de importaciones
en valor son el mueble, representativo del primer tipo de industria y
el automóvil, representativo del segundo tipo de industria.
En cuanto a las inversiones
directas extranjeras que se dirigen a las PECO también han aumentado
desde finales de los años 90. En una encuesta realizada en el año 2000
(Sachwald, 2005)
el 50% de las empresas señalaban el
acceso al mercado como primera motivación de inversión en PECO.
Aproximadamente la mitad de las inversiones se realizan en la
industria, de las cuales el 30% son IDE de tipo horizontal (en
actividades similares a las de la casa matriz) y el 20% restante de
tipo vertical (que corresponden a la división vertical de la cadena de
valor entre el país de origen y el país receptor) en sectores
intensivos de mano de obra. Las empresas consideran que la adhesión a
la UE constituye una buena garantía en la continuación de los cambios
que se suceden en las economías de los PECO. La entrada efectiva de
determinados países en la UE ha favorecido la entrada de
multinacionales japonesas en los países PECO para aprovisionar a sus
filiales del oeste europeo de bienes intermedios. Todo ello colabora en
el aumento del comercio intraempresa tanto para multinacionales
europeas como extraeuropeas, lo que influye decisivamente en la
deslocalización de actividades de los países occidentales hacia los
países PECO.
En un estudio realizado analizando las inversiones realizadas en Europa e, en el periodo 2002-2004 (F. Hatem, 2005), se aprecia la especialización de los PECO, a la hora de recibir inversiones extranjeras. Para el periodo 2002-2004, los
países centroeuropeos Hungría, Chequia y Polonia, recibieron el 15% de
las inversiones totales, suponiendo el 33,3% de los empleo creados en
Europa debidos a las inversiones extranjeras. La contribución de las
empresas germanas y asiáticas en la creación de empleos es importante
(32% y 22% del total). En cambio las inversiones norteamericanas solo
crean el 19% de los empleos.
La región está muy
especializada en acoger actividades productivas (87% de los empleos
creados) pero con una cierta proporción de actividades pertenecientes
al sector servicios (oficinas comerciales y centros de I+D). Los
equipos eléctricos y electrónicos y especialmente el automóvil han
constituido las principales fuentes de creación de empleos. Empresas
tan conocidas como Volkswagen, Siemens, Peugeot, Skoda, Toyota o
Gillette, entre otras, han contribuido con inversiones en el desarrollo
económico de estos países.
En cuanto al resto de
países del este europeo, han recibido el 10% de la inversión total
realizada en Europa, y se han creado, en dichos países, el 20,9% del
empleo total nuevo en Europa. Tres países, Rumania, Eslovaquia y
Bulgaria absorben el 85% del empleo nuevo originado en este grupo de
países del este. Son las empresas alemanas las que más colaboran en la
creación de empleo extranjero (35% del total) seguidos de las empresas
francesas (13,6%) y asiáticas (11,8%). El 92% del empleo extranjero
creado en actividades productivas, siendo industrias como el mueble,
confección y el automóvil las que predominan.
Es interesante señalar que
estos países del este europeo, "de 2ª generación", atraen, cada vez
más, inversiones extranjeras en detrimento de los países del este "de
1ª generación" (Polonia, Hungría y Chequia). Y esto es debido a que los
costes salariales de estos últimos paises se están convirtiendo en
menos competitivos respecto a los PECO de 2ª generación. Conviene hacer
notar, como señala A. Mendizabal (2.006), que en 2002, el coste
salarial medio por hora en la industria alemana era de 32 dolares, el
de la república checa era de 3,4 y el de Eslovaquia era de 2,7.
Asimismo conviene resaltar
que en la conjunción de relaciones comerciales y de inversiones entre
Europa Occidental y Europa del Este, se sigue produciendo un fuerte
comercio intraempresas (de ahí las deslocalizaciones) en los sectores
tradicionales ya señalados, pero va creciendo la evolución, en los
países PECO, hacia otra especialización basada en industrias cuyo
contenido tecnológico es superior, adquiriendo la inversión extranjera
un papel motor en dicho proceso. Como ejemplo se puede indicar que las
importaciones crecientes de ordenadores provenientes de los países PECO
han tenido un impacto negativo en la balanza comercial europea de
UE-15, y en cambio el déficit de la UE con los PECO para ciertos
productos tradicionales, como los vestidos, ha disminuido (y la
influencia del comercio asiático no es despreciable).
El caso de la industria del
automóvil es particularmente interesante. El acceso al mercado ha sido
una motivación fundamental de los inversores y fabricantes desde
mediados de los años 90. Las nuevas capacidades de producción aumentan
más rápidamente que el tamaño de los mercados locales, lo que origina
exportaciones crecientes, especialmente hacia Alemania. La proximidad
de las fábricas y la presión sobre los costes de producción atraen a
inversores. Pero no sólo son los costes laborales el factor decisivo,
Rhys (2004) señala que el costo del trabajo no es el factor más
importante ya que el contenido en trabajo de la industria del automóvil
es débil. Los costes salariales representan aproximadamente el 10% de
los costes de ensamblaje y montaje de piezas y componentes, y un 5-7%
de la fabricación de motores. Lo cual no es obstáculo para que los
costes salariales bajos sean un factor atractivo en un contexto de
aguda competencia e incluso, en ciertos casos, se ha reducido el grado
de automatización de las líneas de montaje dados los bajos costes
salariales.
El caso de Renault es significativo,
ya que ha escogido un grado de automatización menor para las
instalaciones de Dacia en Rumania donde los costes salariales son
realmente bajos (150 euros/mes). La fábrica de Dacia emplea 13.000
asalariados, en dos turnos, para producir 100.000 coches/año, mientras
que los 5.000 empleados en Flins producen 300.000 coches (Fainsilber,
2004). Como vemos la flexibilidad constituye un factor explicativo
complementario de la localización de las fábricas en el este europeo.
Todo ello ha servido para
reforzar la competitividad de la industria automóvil europea en su
conjunto, modificando su geografía (Sachwald, 2005)., con los costes
sociales consiguientes.
3.¿Qué tipo de estrategias de política económica
Los países europeos deben
tomar medidas de política económica para enfrentarse a la
deslocalización y a la desindustrialización. Existen tres tipos de
lógicas ante dichos fenómenos:
a) Para los liberales la
deslocalización es una evolución normal de la economía. No son
necesarias políticas públicas ante dicho fenómeno. Por el contrario
Europa occidental soporta muchas rigideces en materia de reglamentación
del mercado de bienes, del derecho del trabajo y reglamentaciones sobre
el despido, regulaciones salariales, el peso de los gastos públicos,
especialmente los gastos de protección social que grava a los sectores
competitivos. Hay que reformar el modelo social europeo y dejar que los
salarios se ajusten según la competitividad.
Aunque nada garantiza que
el equilibrio obtenido en el mercado de trabajo sea socialmente
aceptable, pero no hay alternativas. Esta estrategia supone un fuerte
crecimiento de las desigualdades. ¿Cómo justificar las reducciones
salariales y de protección social para una mundialización considerada
como beneficiosa para todo el mundo?
b) Para los innovadores, Europa no
realiza suficientes esfuerzos en materia de I+D. Para unos Europa debe
seguir la estrategia de Lisboa, consiguiendo que la economía europea
sea "la economía del conocimiento la más competitiva y dinámica del
mundo". Los Estados deben crear un entorno favorable sin dar ayudas
económicas a las empresas o a sectores determinados. Se trata de
competir con EEUU y no con China, de exportar hacia mercados con futuro
(en Asia y en países emergentes) y de especializarse en sectores de
fuerte valor añadido. Hay que dedicar más recursos al gasto en I+D y al
gasto educativo y formativo, a la innovación, a la competencia mediante
la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales.
¿Las economías europeas pueden aceptar
la desaparición de industrias tradicionales, intensivas en trabajo y
concentrarse únicamente en las actividades de alto valor añadido que
absorben un número limitado de empleos cualificados? ¿Se puede promover
la educación y la investigación tecnológica en una sociedad dominada
por la búsqueda de la rentabilidad financiera? ¿Cómo diferenciar las
innovaciones útiles, a nivel macroeconómico, que facilitan desarrollar
la producción y el empleo, de aquellas innovaciones no útiles y
peligrosas en periodos de paro masivo, que reducen el empleo de los no
cualificados? ¿Los países europeos deben impulsar a sus empresas a
desarrollar, con prioridad, los mercados exteriores, con riesgo de que
se produzcan deslocalizaciones?
Para otro punto de vista, dentro de
este enfoque, hay que proporcionar ayudas económicas a las empresas y a
sectores específicos, como la biotecnología y la nanotecnologia. En el
fondo el mito es el mismo que en la visión liberal: cuantos más empleos
se creen en los sectores tecnológicos, este proceso facilitará que haya
empleos que los puedan ocupar las personas con cualificación media, lo
cual facilita que haya empleos para los no cualificados. Pero, como es
evidente, nada garantiza que los empleos ganados en sectores
innovadores compensen al volumen de empleos perdidos en sectores
abandonados.
c) Finalmente los "arcaicos" piensan
que hay que proporcionar ayudas específicas para los empleos de
trabajos no cualificados. La estrategia de aumentar el nivel de
educación y formación tiene límites, ya que un volumen grande de activos son difícilmente recualificables.
Respecto al problema del volumen existente de empleos no cualificados, se pueden vislumbrar tres estrategias:
1) La primera estrategia consiste en
reducir los costes del trabajo no cualificado, básicamente reduciendo
las cotizaciones sociales a cargo de la empresa. Además, en el caso
francés, los trabajadores que tienen el salario mínimo reciben una
prima para el empleo del 4,6% para alcanzar los ingresos de la renta
mínima de inserción. Este tipo de medidas (desgravaciones fiscales,
primas al empleo,...) facilitan que las empresas contraten trabajadores
no cualificados y favorecen el mantenimiento de cierto tipo de
actividades (especialmente en los servicios). El conjunto de estas
desgravaciones y medidas en favor del empleo supone el 1,2% del PIB,
calculándose que ha servido para mantener 400.000 empleos. Este
conjunto de medidas tiene la ventaja de disociar el coste del trabajo
no cualificado para las empresas del nivel de vida de los asalariados
no cualificados. Además este tipo de medidas tiene un peso económico
variable, según varíe la tasa de paro, pero en cualquier caso es un
coste neto débil. Estos empleos empujan a la baja a los salarios
creando situaciones en que los trabajadores pobres ganan poco por
trabajar en relación a la renta mínima de inserción, lo que conlleva
que los poderes públicos no aumenten dichas rentas mínimas de
inserción.
2) La segunda categoría de medidas
consistiría en ayudas específicamente a los sectores amenazados por la
deslocalización o por la competencia de los PEBS. La justificación
económica sería que los trabajadores de estos sectores no tendrían
apenas posibilidad de encontrar otro empleo (especialmente en regiones
con alta tasa de paro) de manera que sería menos costoso
subvencionarlos para que continúe la actividad económica hasta que se
jubilen los trabajadores que pagar las prestaciones de paro
correspondientes o las prejubilaciones. Una ayuda económica centrada en
sectores amenazados, como en el caso de la minería, tiene mayor interés
dada la relación eficacia/costo que una ayuda general. Hay que tener en
cuenta que las reglas de la UE prohíben, por principio, ayudas
específicas susceptibles de falsear la competencia. Esta estrategia
tiene un punto débil dado que el sector afectado sabe que se beneficia
de una ayuda transitoria y que tiene un plazo determinado.
De cualquier modo, la UE
debería definir sectores particularmente afectados por la
deslocalización y autorizar a los Estados la provisión de ayudas
específicas.
3) La tercera categoría de medidas
consiste en desarrollar el empleo de los no cualificados en actividades
de servicios no deslocalizables como el turismo o el sector de
hostelería-restauración (Grignon, 2004). Diversos autores (Cahuc, 2004)
preconizan el desarrollo de los servicios personales de modo que "si
cada familia francesa consumiese tres horas de servicios personales por
semana, se podrían crear 2 millones de empleos". Naturalmente un
enfoque de este tipo supone la reorganización de la oferta del sector,
mejorando la profesionalidad y las estructuras empresariales. Otras
objeciones a este enfoque se basan en las costumbres ancladas en la
sociedad que no facilitan la extensión de estos servicios; los jóvenes
son reticentes a profesionalizarse en este tipo de actividades, que se
realizan a tiempo parcial y no ofrece grandes perspectivas de
promoción.
En cualquier caso , tanto ante las
reestructuraciones empresariales como en las deslocalizaciones, se
puede favorecer medidas para mejorar la empleabilidad colectiva de los
asalariados. Como señala Gazier (2.003) el acuerdo firmado por la
empresa holandesaNS/Dutch Railways en 1.998 prevé que cada tres años la
empresa pague a cada uno de sus 14.000 asalariados un balance
personalizado de las competencias profesionales realizado por un
organismo independiente .Si una acción formativa o de recualificación
se plantea como necesaria el empresario debe financiarla y organizarla
y el asalariado tiene la obligación de realizarla. Se produce por
tanto, una gestión concertada de derechos y de obligaciones recíprocos.
Se trata, por tanto, de garantizar perspectivas de reempleo en el
futuro.
4.Fiscalidad y deslocalización
¿Se puede luchar contra las
deslocalizaciones mediante las reformas fiscales, en varios países o
bien mediante la armonización fiscal en Europa?
El informe Grignon (2004) preconiza la
sustitución total o parcial de las cotizaciones sociales a cargo del
empleador por porcentajes mayores en el IVA. Lo que facilitaría
financiar las prestaciones sociales mediante las facturas de los
consumidores (especialmente para los productos importados). La
competitividad no se mejoraría más que si el aumento de los precios de
los bienes de consumo importados, debido al aumento de del IVA, no
tuviera ningún impacto sobre los salarios, es decir si los asalariados
aceptasen una reducción de su poder de compra. No hay reformas fiscales
milagrosas que fomenten las ganancias de productividad sin pérdida del
poder de compra de los asalariados.
Los impuestos que recaen en las
empresas varían de un país a otro en la UE; así en Italia supone el
5,2% del PIB, 3% para el caso español y 5,2% en el Reino Unido. Pero es
significativo la variación existente en el impuesto de sociedades (IS)
en Europa, tal y como se observa en la tabla siguiente:
Los países del este europeo
tienen un IS más reducido que los de Europa Occidental, y además
reciben ayudas de la UE, para su desarrollo económico de modo que se
favorece la deslocalización de industrias de UE-15 hacia los nuevos
miembros de la UE, países PECO, como denunció Sarkozy, ministro de
Economía francés en 2004, planteando la necesidad de acortar distancias
entre IS de diversos países e ir hacia la armonización fiscal.
Pero la cuestión de la
armonización fiscal está lejos de resolverse en la UE. Los nuevos
miembros de la UE e Irlanda reclaman su derecho a gravar con impuestos
más bajos la actividad económica para atraer inversiones directas
extranjeras, o también para compensar ciertas desventajas tanto en
infraestructuras como en desarrollo económico.
Si la convergencia fiscal
no es una tarea prioritaria, Europa debe organizar una coordinación
fiscal según el principio de subsidiaridad, de modo que los tipos
fiscales deben estar preservados nacionalmente, aunque la coexistencia de fiscalidades nacionales diferentes debe ser organizada mediante reglas de buena conducta.
5.Estrategia del gobierno francés ante la deslocalización
Dentro de la UE, el
gobierno francés es uno de los gobiernos más preocupados con la
deslocalización y, desde hace años, llevan adoptando medidas contra
ella. En 2003, las ayudas públicas han supuesto un volumen cercano a
mil millones de euros, y se consideraba que un millón de empleos podían
correr el riesgo de la deslocalización; por tanto la ayuda es de 1000
euros por el empleo. Para el IGAS (Inspección General de Asuntos
Sociales) estas ayudas son insuficientes y además, en general, poco
centradas en conseguir objetivos concretos, en algún caso la ayuda es
más grande. En el caso de Motorola, para mantener 150 empleos
recibieron una subvención de 208 millones de euros, es decir 1,4
millones de euros por asalariado.
A lo largo de estos años,
las medidas adoptadas son de los tres tipos citados en páginas
anteriores; es decir se adoptan medidas liberales, innovadoras y"
arcaicas" de una manera desordenada y mezclada. Veamos en detalle los
cuatro tipos de estrategias utilizadas, en le "ley de finanzas" de
2005.
a) Atractividad territorial mediante reformas liberales.
El gobierno considera que
las reformas estructurales planteadas contribuyen a mejorar la
atractividad para las empresas. Contempla la reducción del impuesto de
Sociedades (IS), reforma del impuesto profesional, reforma de las
reglamentaciones relativas al despido, flexibilidad de las normas
relativas a la flexibilidad del trabajo, dejando abierta la
posibilidad, para ciertas empresas, de derogar determinadas
disposiciones del derecho de trabajo. Por otra parte se constituye un
consejo estratégico de atractividad, en el que participan 25 jefes de
empresas pero ningún sindicalista. Parece como si la atractividad no
concerniese a los trabajadores.
No es de extrañar que la
posibilidad de derogar ciertos artículos del derecho del trabajo, haya
sido denunciado por el IGAS, dado que posibilita el fenómeno de la
"deslocalización inversa", como en el caso de una gran empresa como
France Telecom. Dado que se habían producido despidos en varias
empresas subcontratantes, con la consiguiente reducción de pedidos,
France Telecom contempla contratar trabajadores portugueses, residentes
en Portugal, en su fábrica francesa, con contratos temporales de dos
años y con salarios y cotizaciones sociales portuguesas. Y esto es
posible dado el embrollo jurídico existente, ya que la normativa
europea facilita, en determinados casos aplicar dichas reglas.
b) Medidas específicas para atraer empresas extranjeras.
Desde el año 2003 se ha
favorecido que los directivos y mandos intermedios de empresas
extranjeras que residan en suelo francés puedan tener
desgravaciones en el impuesto sobre la renta. El gobierno francés sigue
la senda abierta por Dinamarca, Reino Unido y Finlandia. También hay
desgravaciones fiscales para que las empresas mantengan su sede social
en territorio francés. Asimismo se ofrece un régimen fiscal específico
para los centros de investigación.
c) Medidas para favorecer la investigación, la innovación y los sectores de futuro.
Se permite a las empresas
beneficiarse de una reducción del IS igual a la suma del 43% del
aumento anual de sus gastos de I+D y el 5% del montante global de estos
gastos de I+D.
El gobierno ha creado una
Agencia Nacional de Investigación (ANR) para financiar proyectos
específicos de investigaciones científicas y técnicas, dotándole con 35
millones de euros. En este sentido se quiere atraer a los mejores
estudiantes e investigadores extranjeros y hacer volver a doctores e
investigadores franceses que residan en otros países. También se
pretende que la nueva Agencia de Innovación Industrial (ANI) realice
programas innovadores bajo el paraguas de grandes grupos industriales.
Finalmente señalar un
conjunto de medidas para favorecer la atractividad del territorio: los
"polos de competitividad". Se trata de ofrecer incitaciones fiscales a
empresas que invierten en la producción de bienes de alta tecnología en
zonas geográficas determinadas. Estos polos de competitividad deben
agrupar a universidad, centros de formación, centros de investigación,
públicos o privados, junto con pequeñas y grandes empresas, abriendo
así la posibilidad de producir bienes innovadores a escala
internacional. Las empresas se benefician de una desgravación de la
tasa profesional y del impuesto de sociedades (que es total durante los
3 primeros años y el 50% en los dos años siguientes). Dadas las normas
europeas, las ayudas máximas que pueden recibir las empresas son
de 100.000 euros/año durante 3 años. De cualquier modo el Estado espera
originar un proceso dinámico de cooperación y de constitución de redes.
Un presupuesto de 750 millones de euros (la mitad a cargo del Estado)
ha sido previsto para la realización de 15 proyectos.
d) Medidas en favor de sectores amenazados por las deslocalizaciones.
Las empresas que
reimplanten en suelo francés actividades realizadas en países
exteriores a la UE, se beneficiarán de desgravaciones fiscales. Las
ayudas, limitadas por la normativa europea alcanzan un tope de 100.000
euros para cada empresa, durante 3 años (50% de los gastos de personal
para el primer año, el 40% para el 2º año y el 30% para el 3º año). El
coste de este dispositivo ha sido de 10 millones de euros para 2005, lo
que representa un débil impacto.
Asimismo las empresas
instaladas en zonas expuestas a deslocalizaciones, con alta tasa de
paro y fuerte especialización industrial se benefician de ayudas de
1000 euros por asalariado y año. Lo que ha supuesto 330 millones de
euros en 2005.
En definitiva la estrategia del
gobierno francés frente a las deslocalizaciones es de corte liberal,
activando ciertos aspectos referentes a la innovación, pero
subvencionando generosamente a empresas, y con posibles efectos sobre
el empleo a medio plazo (ritmo lento) y poco clara en la defensa de
empleos no cualificados.
Por ello, a este conjunto de medidas,
desde la izquierda, varios autores (Lipietz, Husson y Chesnais entre
otros) han planteado críticas tanto a las subvenciones a las empresas
par que se queden en su zona como a las ayudas para repatriar empresas,
dado que el volumen de recursos empleados se eliminan del sistema de
protección social, empeorándolo.
6.¿Existe una estrategia europea ante las deslocalizaciones?
El fenómeno de las
deslocalizaciones es particularmente delicado en Europa. Hay países que
desean evitar las deslocalizaciones (dado el paro creciente en activos
no cualificados) y países que desean estas deslocalizaciones (como los
países del Este). La preocupación de la cohesión europea puede ser
contradictoria con la preocupación legítima de cada país en mantener su
propia cohesión nacional. La exigencia de una competencia "libre y no
falseada" entra en conflicto con el deseo de ciertos países de ayudar a
sus sectores en dificultad o, por el contrario, a sus sectores
innovadores. Asimismo el anclaje de las instituciones europeas al libre
mercado, el "lobby" de los sectores innovadores y exportadores, las
diferencias de intereses entre países pueden impedir el que Europa
impulse una política comercial exterior activa contra el "dumping" de
terceros países.
La estrategia preconizada
hasta ahora por la UE potencia la política de la competencia frente a
la política industrial. Muchos analistas critican este enfoque ya que
EEUU, paladín del liberalismo, aplica políticas más intervencionistas
(subvenciones a la investigación y a la industria militar) y Japón
sigue aplicando cierta planificación industrial.
Diversos informes (Fontagne, 2004; Roustan, 2004 y Beffa, 2005)
ponen el acento en fomentar una política industrial común, efectiva,
impulsando las cooperaciones industriales específicas (especialmente en
un pequeño grupo de grandes empresas europeas). Roustan (2004) plantea
que los Estados han de cumplir funciones estratégicas impulsando (y
financiando) las innovaciones y la investigación.
Pero como vemos la política
liberal sigue fijando las prioridades de la política económica de la
UE, lo que hace difícil el cambio de enfoque, a pesar del
convencimiento de superar los planteamientos actuales. De cualquier
manera, se pueden contemplar dos escenarios.
En el primer caso cada país adopta
unilateralmente medidas específicas para luchar contra las
deslocalizaciones y la desindustrialización mientras que las instancias
comunitarias mantienen una línea anti-intervencionista. Las medidas
adoptadas por los países estarán controladas estrechamente por las
autoridades comunitarias para que dichas medidas no falseen la
libre competencia subvencionando a sus empresas nacionales. Cada Estado
miembro instaura medidas fiscales que refuerzan la competencia fiscal
en Europa en perjuicio de los ingresos públicos. Cada país busca
mejorar la competitividad presionando a los salarios a la baja así como
sobre las cotizaciones sociales. Esta dinámica es poco rentable en
Europa ya que las mejoras de competitividad entre países europeos se
anclan y la demanda global quedará debilitada.
En el segundo caso, los países europeos
adoptan una estrategia común a escala europea. Las autoridades europeas
deberían lanzar una reflexión sobre el porvenir de las actividades
productivas y del empleo industrial en Europa, promoviendo una política
industrial común.
Pero el punto débil de esta estrategia
común es que debe ser desarrollada por los países y no por las
instancias europeas, lo cual supone que los estados renuncien a sus
prerrogativas en campos como la investigación, enseñanza superior, etc.
Además la política de competitividad
pasa también por la política monetaria. Europa tiene necesidad de un
euro débil frente al dólar, así como de un crecimiento más vigoroso de
su demanda interior, ya que las reasignaciones de actividades se hacen
más fácilmente cuando las ofertas de empleos son dinámicas.
En el año 2006, la UE adopta un
conjunto de medidas, dentro del marco liberal dominante. Se anuncia una
partida anual de 500 millones de euros para territorios en declive y
trabajadores que sufran las malas consecuencias de cambios
estructurales, y no para sectores en crisis. Se prevé proteger el
empleo de 50.000 trabajadores. Para que estos trabajadores consigan
otro puesto de trabajo se adoptarán medidas para mejorar su preparación
profesional y se les proporcionará ayuda complementaria al subsidio de
paro que recibían, especialmente para los mayores de 50 años. Pero se
plantean ciertas condiciones, para conseguir estas ayudas. Al menos mil
trabajadores han de tener en peligro su puesto de trabajo en una
empresa o en un sector. Si es el caso de una empresa, la tasa de paro
de la comarca ha de ser mayor que la media del país. Si es el caso de
un sector, el volumen de despidos que se originan tienen que hacer
bajar la tasa de empleo en 1%, al menos.
De cualquier modo, la deslocalización
que se contempla hace referencia a empresas que se instalan fuera de la
UE, lo que ha originado fuertes críticas por parte de la Confederación
Europea de Sindicatos (C.E.S.)., al no considerarse las
deslocalizaciones dentro de la U.E ampliada.
El parlamento europeo ha propuesto
realizar un seguimiento estricto y riguroso de los cierres de empresas
y de las que deslocalizan sus producciones. De tal modo que si una
empresa recibe dinero público (como ayuda, subvención,...) no puede
dejar de producir durante 7 años; en caso contrario, dicha empresa
sería penalizada económicamente.
Hay que tener en cuenta que, de forma
general, las ayudas públicas para las empresas son incompatibles con el
mercado único, dado que falsean la competencia. Pero existen
excepciones a dicha norma general, como son:
- ayudas para invertir en empresas localizadas en zonas deprimidas
- ayudas para pequeñas y medianas empresas
- ayudas a la I+D
- ayudas para proteger el medio ambiente
- ayudas para reestructurar empresas con dificultades económicas
- ayudas para personas discapacitadas
- ayudas para la formación profesional
Los Estados deben informar a la
Comisión Europea de todo plan que prevea ayudas públicas y es la
Comisión la que decide si una ayuda es incompatible con el mercado
único. En cualquier caso no es preciso realizar la notificación a la
Comisión, cuando la ayuda no alcance la cifra de 100.000 euros en un
periodo de 3 años. De todos modos siempre hay tensiones entre la
Comisión y los Estados, dado que no tienen las mismas prioridades.
7.¿Qué hacer para limitar las deslocalizaciones?
Se han señalado en páginas
anteriores medidas de carácter liberal, de impulsar la innovación
tecnológica y de proteger a los colectivos laborales no cualificados,
pero se echa en falta una estrategia articulada que englobe el corto
plazo-largo plazo, que contemple la relación países del Norte-países
del Sur.
En esta lógica, T. Brugvin (2005) plantea tres proposiciones para limitar la deslocalización y no favorecer el proteccionismo disfrazado:
1) Plantear unas bases sociales altas,
pero sin imponer su puesta en práctica para el conjunto de Europa. De
tal forma que cada país vaya implantando normas sociales según el ritmo
deseado. Los países de bajos salarios que no deseen perder su ventaja
comparativa a través de débiles normas sociales pueden mantenerse
competitivos. Esta estrategia la impulsa la O.I.T.
2) Un sistema de preferencias
generalizado fuertemente incentivador tanto a nivel europeo como
internacional. Las empresas de los países de bajos salarios que no
apliquen las normas fundamentales de trabajo público, no se les aplican
los impuestos correspondientes como se hace con los países más
industrializados, pero pierden las ventajas relacionadas con las
tarifas reducidas ligadas al cumplimiento de las normas fundamentales
de trabajo públicas. De este modo la aplicación de un sistema de
preferencias generalizada que sea muy proclive a nivel internacional
parece ser el dispositivo más eficaz para aplicar las normas
fundamentales de trabajo públicas, más aún que los códigos de conducta
o las cláusulas sociales.
3) Aplicación del código de conducta
para las empresas transnacionales europeas que operan en países de
bajos salarios. La resolución Huwit de 1999, que va en
este sentido supone implicar a los poderes públicos europeos respecto a
sus empresas que operan en países de bajos salarios. En la medida en
que la aplicación de esta resolución disminuye la cifra de negocio de
las transnacionales europeas limitará también toda tentación de
proteccionismo de la UE. Todo ello supone que las transnacionales
europeas no abandonen los países de bajos salarios y que asuman los
costes sociales de los códigos de conducta en las empresas
subcontratantes. En caso contrario las empresas transnacionales
implantadas en países de bajos salarios podrán siempre exportar pero
las empresas subcontratantes que trabajen con las transnacionales en
los países industrializados no tendrán compradores.
Además de estos enfoque
generales conviene abordar medidas que, dentro de la UE, tengan mayor
concreción. A continuación señalo un conjunto de medidas, entre otras,
a adoptar a corto y medio plazo:
- prohibir el cierre y deslocalización de centros de trabajo rentables
- capacidad del comité de empresa para
suspender un plan de reestructuración mientras obtiene la información
necesaria para conocer la situación económico-financiera de la empresa
- derecho de veto del comité de empresa
ante medidas destructoras de empleo y deslocalización. Ante la lógica
del beneficio empresarial es preciso impulsar medidas que conlleven un
mayor poder de control de los asalariados.
- ley europea que prohíba los despidos de empresa que busquen aumentar los beneficios mediante la deslocalización
- los sindicatos impulsarán la
solidaridad de los trabajadores en el entorno, entre filial y casa
matriz. La coordinación de los asalariados sigue siendo fundamental.
- imposición de gravámenes fiscales para productos reimportados de empresas deslocalizadas.
- exigencia de reembolso de ayudas públicas recibidas por parte de empresas que se deslocalizan
- desgravaciones fiscales para
exportaciones extracomunitarias (dado el diferencial existente en las
cotizaciones sociales y otros tipos de impuestos)
- establecer normas europeas que graven el transporte, dados los daños medioambientales que originan
- ante la fragmentación de los procesos
de trabajo, y la consiguiente subcontratación/deslocalización de parte
de las actividades (como en el caso del textil citado), reivindicar la
integración de las actividades que se quieran subcontratar (y de sus
asalariados). En muchos casos, la subcontratación de actividades
productivas es preludio de una deslocalización.
- impulsar prácticas de
reindustrialización preventiva y diversificación industrial,
especialmente en territorios monoindustriales. Desarrollar estrategias
industriales voluntaristas concertadas y coherentes, basadas en un
esfuerzo consecuente en investigación e innovación y en una política
favorable a la creación del empleo. Esta perspectiva implica que la UE
adopte una estrategia de armonización social y fiscal progresiva.
Ante los retos planteados por la
dinámica económica internacional, únicamente la adopción de medidas
articuladas a nivel local y general, de empresa e institucional, de
resistencia y de exigencia de mayor democracia económica en la empresa,
hará posible una dinámica socioproductiva más estable y justa y un
mayor grado de bienestar social.
8.Deslocalización en el País Vasco
¿Y entre nosotros como nos
pueden afectar las deslocalizaciones? Las filiales de multinacionales
(Volkswagen, Michelin, Mercedes-Benz,...) tienen cierto peso en nuestra
economía y ante la preocupación existente, la Cámara de Comercio de
Gipuzkoa ha elaborado un estudio publicado en diciembre de 2005.
El informe citado se
compone de dos partes diferenciadas. En la primera se realiza un
análisis del fenómeno de la deslocalización así como una propuesta de
acciones a considerar, a cargo de Carmen Gallastegui y Elena Iñarra,
del Instituto de Economía Pública de la UPV-EHU. En la segunda parte, a
partir de cuatro grupos de trabajo, en el que participan 12 personas,
se abordan los ámbitos de internacionalización, innovación, empleo y
estrategias públicas. Analicemos en detalle las diversas propuestas.
En la primera parte, las autoras plantean las siguientes propuestas (p.80):
- Reforma en el Sistema Vasco de Información
- Clonación de parques tecnológicos en áreas geográficas de interés
- Creación de un observatorio tecnológico
- Financiación capital riesgo acorde con las necesidades que plantea la globalización
- Creación de un fondo social para evitar los perjuicios de los trabajadores sin empleo
Como ellas señalan son la
creación del fondo social, la clonación de parques tecnológicos y la
creación de observatorios tecnológicos las propuestas más novedosas.
En el primer caso, la
creación del fondo social, es decir el seguro salarial (medida apoyada
por la Cámara de Gipuzkoa) "el objetivo...es que las empresas
susceptibles de practicar la externalización establezcan un seguro que
cubra el salario de los trabajadores afectados, durante el tiempo que
estén desempleados y en proceso de reconversión, y que también
compensen los salarios que pierdan con la recolocación. La prima del
seguro podría estar cubierta por un determinado porcentaje de los
ahorros de las empresas, derivados de la deslocalización,
complementando con una cantidad a cuenta de la liquidación final que
los trabajadores suelen recibir al cesar en su empleo".(p.135)
A esta explicación de la
propuesta por parte de la Cámara guipuzcoana conviene hacer algunas
reflexiones. ¿Es creíble que las empresas que se deslocalizan,
establezcan voluntariamente un seguro para los trabajadores
"damnificados" por la deslocalización? Las autoras señalan, al hablar
de los problemas generados por la deslocalización que hay que "exigir a
las grandes compañías que lo practican [la deslocalización] el que
destinen un determinado porcentaje de los ahorros derivados de la
externalización"(p.88). ¿Quién lo va a exigir? ¿Los poderes públicos?
No parece que van por ahí las directrices de nuestros gobernantes.
Recientemente, en marzo de 2006, Ana Agirre, responsable de Industria
del Gobierno Vasco, hablando de deslocalizaciones y movimientos de
capital ha dicho claramente que hay que facilitar a las empresas que
tomen las decisiones con el menor número de trabas posibles.
Asimismo se señala que con "el establecimiento de un seguro salarial se consigue un doble objetivo:
- las empresas se preocuparán de buscar
aquellos países conde los ahorros por la externalización sean mayores,
lo que redundaría en un mayor abaratamiento de los costes de sus
productos.
- el aseguramiento propuesto crea un
mecanismo autorregulador, ya que relaciona la tasa de externalización
con la tasa de reempleo: la prima del seguro aumentará, reduciendo las
ganancias de la externalización, en periodos de alto desempleo y
haciendo que externalización sea menos atractiva para las empresas en
periodos de desempleo alto".(p.44)
Como vemos estamos en el
reino de la economía-ficción. Al fallar el pilar fundamental (¿quién va
a obligar que la empresa desarrolle el seguro salarial?) la
construcción del edificio teórico no se sostiene. ¿De donde salen los
mecanismos autorreguladores citados? ¿No tienen ningún papel los
poderes públicos? ¿Y si los poderes públicos no quieren actuar, como
ocurre en el marco liberal dominante, qué sucede?
Es significativo, la
ausencia de referencia a la toma de decisiones por parte de los poderes
públicos en la economía, planteando que los agentes económicos,
empresarios y trabajadores, pueden regular sus relaciones, o bien
utilizando "estabilizadores automáticos en la economía que afectaría a
las grandes empresas"(p.44). Ya se han visto en páginas anteriores las
medidas adoptadas en diversos países y en la UE que, aun siendo
liberales en gran medida, se sitúan a años-luz de este tipo de enfoques
y plantean medidas pragmáticas, con intervenciones del Estado, ayudas
económicas (con fondos públicos) a los colectivos vulnerables. Pero en
este caso no, las autoras evitan cuidadosamente cualquier intervención
pública en este ámbito.
También es sintomática
cualquier referencia a los colectivos laborales que, no se olvide, son
los principales afectados por la deslocalización. Siguiendo su lógica,
los sindicatos deberían reivindicar el seguro salarial, bien en los
convenios colectivos o bien como reivindicación político-sindical para
que se introdujera en las normativas laborales.
Es tan irrealista la
propuesta que cuesta creer que se hable con seriedad del tema. Y no
olvidemos que en la propuesta de la Cámara guipuzcoana aparece este
punto. ¿Cree alguien que la patronal guipuzcoana va a movilizar a sus
empresarios en esa dirección?
En abril de 2006 se está
desarrollando un conflicto laboral agudo en la Volkswagen,
deslocalizándose un tercio de la producción de automóviles, ¿alguien
cree que, ante los posibles despidos, los sindicatos van a plantear (y
conseguir) el seguro salarial citado? Si la patronal de Volkswagen
traslada de Landaben a Bratislava parte de la producción, lo hace por
reducir costes, y no está pensando en el seguro salarial.
Otra medida novedosa es la
"clonación de un parque tecnológico". Y citan un caso de Vicenza, en
Italia, que han planificado clonar un parque tecnológico en Eslovaquia.
Hay que señalar que en determinados regiones italianas existe una
tradición de décadas de empresas que trabajan conjuntamente, lo que se
denominan los distritos italianos, la "tercera Italia", entre otras
variantes. Aquí estamos muy lejos del "trabajo colaborativo"; ni
siquiera en sectores avanzados como la máquina-herramienta, es posible
conseguir alianzar para comercializar en el exterior. Si a ello
añadimos el bajo nivel tecnológico de un sector importante de nuestras
empresas, nos da idea de lo poco realista que es la medida planteada.
Es mucho más importante
impulsar medidas eficaces de mejorar el nivel tecnológico,
especialmente de las pymes vascas. Hay que aumentar la diversificación
industrial y la mejora tecnológica en los clusters existentes.
También plantean
observatorios tecnológico-económicos, tanto de tipo general, sectorial
como local. Es evidente que faltan dispositivos de apoyo a las pymes,
especialmente en la esfera tecnológica y estratégica. Pero la
administración vasca es reacia a impulsar instituciones públicas en
este campo. Hace varios años se creó Zaintek, bajo el patrocinio del
Dpto. de Promoción Económica de la Diputación de Bizkaia. Zaintek
realiza tareas de vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva par
pymes. Pues bien, han pasado cinco años y no hay dispositivos
parecidos ni en Gipuzkoa ni en Araba. Es evidente que no hay voluntad
política (ni ganas de invertir dinero público) en potenciar dichos
dispositivos. Y se plantea, por parte de ciertos responsables
políticos, que sean las propias asociaciones empresariales las que se
autofinancien y organicen dichos servicios. Lo cual, en el caso de las
pymes, es sencillamente impensable. Es significativo que las autoras,
hablando de "observatorios" aunque citan a la UETI (Unidad Estratégica
de tecnología e Innovación) dependiente de la SPRI (y de alcance
práctico muy limitado) hacen hincapié en la implantación de servicios
de vigilancia tecnológica en el interior de las empresas, y a cargo de
las empresas o de las asociaciones de empresas. Otra vez la ausencia
elocuente de la intervención pública, imprescindible para dinamizar las
pymes.
Comentan asimismo la necesidad de la
"reforma del Sistema Vasco de Innovación" señalando deficiencias
conocidas en las relaciones Universidad-Empresa y apuntando,
superficialmente, la necesidad de crear un "Instituto Vasco de
Investigación y Estudios Avanzados", sin marcar plazos, presupuestos,
objetivos a corto y medio plazo, etc.. Finalmente se aborda la
"financiación de capital-riesgo" y se señala tímidamente que "quizá
fuera necesario reforzar la financiación destinada alas pymes con
proyectos tecnológicos" (p.88), cuando son únicamente varias decenas de
millones de euros de capital-riesgo los que se dedican a fomentar
empresas innovadoras o de alto nivel tecnológico.
En la segunda parte del estudio se
abordan varios apartados. En el primer caso se trata de acciones
propuestas en el ámbito de la internacionalización. Además de plantear
ideas generales o aspectos conocidos ("ventanilla única") sí conviene
mencionar la necesidad planteada de tomar medidas para "asegurar el
control de la empresa vasca sobre los procesos deslocalizados y
estudiar las posibilidades de acompañamiento al exterior de los
proveedores locales".
En el segundo apartado se concretan las
acciones propuestas en el ámbito de innovación. Se señalan aspectos
relacionados con la necesidad de una Agencia Tecnológica, polígonos
industriales en el exterior, renovación de iniciativas de
clusterización y otro tipo de iniciativas generales, sin cuantificar
costes, poner plazos o condiciones lo cual deja una sensación de
superficialidad que no responde a los retos existentes. Ideas como
"desarrollar un Plan País para la competitividad suscrito por el
conjunto de fuerzas políticas" puede ser una bella idea, pero no supone
un avance en resolver problemas agudos existentes.
En el tercer caso se abordan acciones
propuestas en el ámbito de empleo. Se insiste, acertadamente en medidas
relacionadas con la formación continua, aunque no se concreta en
recursos ni en propuestas. Se plantean medidas para mejorar la
flexibilidad de entrada y la flexibilidad de salida, señalándose
concretamente que "las empresas extranjeras atraídas hacia la Comunidad
Autónoma con importantes ayudas públicas deberían tener la obligación
de recolocar el excedente de plantilla ocasionado por la
deslocalización de parte de su actividad... el incumplimiento sería
sancionado con la pérdida de beneficios fiscales u otras ayudas".
Aunque más contundente hubiera sido que, ante el incumplimiento,
devuelvan las ayudas públicas recibidas.
En el cuarto apartado, se trata de las
medidas a tomar en relación a las estrategias públicas. Solamente se
hace referencia a aspectos muy generales, sobre formación continua,
prestaciones sociales o capital-riesgo entre otros.
En definitiva, lo que se desprende del
informe es "que el esfuerzo principal para hacer frente a esta
situación corresponde a las empresas", como dice la Cámara guipuzcoana.
Como vemos, sin negar la importancia de los actores empresariales, se
abandona una visión estructural del tema y por tanto de las medidas a
tomar, siendo inexcusable la actuación de los poderes públicos, que han
de actuar como estrategas económico-sociales, conjuntando esfuerzos de
los diversos actores sociales, para mantener un tejido productivo y
social estable. Pero la visión liberal dominante impide visualizar este
modelo y, por tanto, estamos muy lejos de actuaciones estratégicas como
se deben plantear tanto a nivel de un país europeo como de la propia
UE.
Al ser la economía vasca una economía
abierta al exterior, el peso de las filiales vascas en el extranjero va
creciendo, contabilizándose 426 sociedades en el exterior, en 2002,
siendo más del 60% de actividades comerciales y el resto de producción.
Asimismo también es importante el peso de las multinacionales
extranjeras en el País Vasco, como los casos conocidos de Michelin,
Mercedes y Volkswagen. Particularmente Navarra concentra un volumen de
multinacionales que controlan los sectores claves de la industria
manufacturera. Así, 16 de las 20 mayores empresas exportadoras son
multinacionales. Por tanto, a la economía vasca, y especialmente a la
navarra, le toca muy de cerca la problemática de la deslocalización. El
caso de Volkswagen, con 4.260 trabajadores actualmente, es elocuente.
En abril de 2006, la casa matriz ha decidido reducir en un tercio la
producción del modelo "Polo", y elevarse dicha producción a la filial
de Bratislava utilizando la presión salarial a la baja para que los
trabajadores no recuperen el 13% de sueldo perdido en los últimos tres
años. Aunque es cierto que el salario medio es más bajo en Bratislava,
la productividad de Landaben es mayor. A pesar de haber recibido ayudas
a la inversión y al mantenimiento del empleo, el gobierno de Navarra
deja hacer a la empresa, intentando "mediar" con la empresa, a la baja,
e incitando a los trabajadores a que acepten los planteamientos de la
empresa. Como vemos los planteamientos liberales en lo económico,
conllevan consecuencias nefastas, evidentemente, para los trabajadores.
Dentro de Euskal Herria, el MCC es el
grupo industrial más importante con más de 200 empresas (de las cuales
casi 50 están fuera del Estado español) y más de 72.000 trabajadores.
Cooperativas como Irizar, Maier o Ulma, entre otras, tienen filiales en
otros países, pero quizás sea el caso del grupo Fagor, su dinámica, el
caso más significativo. Como empresa cooperativa tiene dos
posibilidades para el crecimiento externo: por una parte la compra de
otras empresas y por otra las alianzas. La compra de Elco-Brandt,
francesa, en 2005, se discutió en dos asambleas extraordinarias en
Mondragón y en Basauri. Los socios cooperativos pusieron varias
condiciones, entre ellas, el mantenimiento de los puestos de trabajo de
los socios. "Los socios se someten a la presión de la competencia y
adoptan una nueva decisión que ahonda en la transformación de Fagor en
una multinacional" señala A. Errazti (2005).
Al principio la internacionalización
estaba planteada como una necesidad para abrir mercados pero
actualmente está amenazando al empleo local. Algunos productos de
Fagor, de gama baja y bajo precio, han dejado de ser competitivos el
fabricarlos en Mondragón y se producen en la planta de Wrozamet
(Polonia), con salarios 6 veces menores. La compra de Brandt, en cambio
tiene como objetivo afianzar el empleo cooperativo de Fagor en el País
Vasco, ya que al adquirir una empresa en un país de altos costes
laborales, como es el caso francés, en el caso de que haya que
"deslocalizar o reorganizar la producción en el grupo Fagor, como es
muy probable que suceda, las plantas de Brandt serán las primeras en
verse afectadas, mucho antes que las plantas de Mondragón" (Errazti,
2005).
A señalar que la extensión del modelo
societario cooperativo en las filiales, sea en China, en Marruecos o
en Polonia, en el caso de Fagor, presenta diversas dificultades. Por
ello se puede resumir que el balance de la participación de los
trabajadores de las implantaciones en el extranjero, referido a la
participación en la gestión, a la participación en beneficios y a la
participación en la propiedad, tanto en el ámbito de la filial como de
la cooperativa y de la corporación, muestra un saldo bastante
deficitario.
¿No hay otras salidas para la
internacionalización de las cooperativas? ¿Cómo enfrentarse a las
posibles deslocalizaciones de empleos, sin perder la identidad
cooperativa?
El mundo cooperativo tiene que
construir un escenario donde exista un proceso de internacionalización,
diferenciado de la dinámica de otras empresas no cooperativas, que
subraya la particularidad del proceso cooperativo y "hace suyo una
análisis económico, social y político que plantea un desarrollo global
para el conjunto de los pueblos e impulsa la rápida aceleración de los
niveles salariales y condiciones sociolaborales de los países en vías
de desarrollo" (Mendizabal, 2006). Asimismo el mundo cooperativo está
obligado a dar alternativas que consideren el acceso a la propiedad, la
gestión participativa y el compromiso con el entorno. Como señala A.
Mendizabal (2006) "respecto al acceso a la propiedad planteando la
apertura de fórmulas que permitan acceder a los trabajadores y
trabajadoras de esos países a la propiedad total o parcial de sus
empresas. Respecto a la gestión participativa exigiendo la implantación
en sus empresas en esos países de sistemas de gestión y procesos de
innovaciones similares o equivalentes a los existentes en las
cooperativas de origen. Respecto a la implicación con el entorno
aplicando el principio de que las plusvalías generadas en los países de
destino se reinviertan siempre en el interior de sus limites
territoriales".
Finalmente señalar que en el País Vasco
tienen una gran tradición ciertos sectores tradicionales maduros
tecnológicamente y que soportan, mal que bien, los embates de los
países del Este y China. Un caso diáfano es el sector de la fundición
vasca, que representa más del 50% de la facturación y del empleo del
sector de la fundición del Estado español. Las 80
empresas vascas, en 2004, cuentan con un total de 8.971 empleos,
facturando 973 millones de euros con una producción de 446.000 Tm. En
los dos últimos años se ha producido una caída de pedidos y el desvío
de contratos al este europeo y al sudeste asiático, dados los salarios
más bajos existentes en esos países. Además de la innovación
tecnológica, diversos expertos señalan la necesidad de realizar
implantaciones productivas en el exterior, no solo para hacer frente a
los competidores de países emergentes, sino para "conservar" los
mercados actuales, recuperar los perdidos y acceder a otros nuevos. Se
trata de buscar localizaciones sostenibles.
9.Reflexiones finales
En la perspectiva de un
desarrollo económico mundial más equilibrado, hay que potenciar el
desarrollo autocentrado y una verdadera y eficaz política de ayuda al
desarrollo, de tipo masivo y continuo.
En primer lugar no sirve
confiar únicamente y ciegamente en el aumento de las exportaciones como
vía y método para salir de la miseria y del subdesarrollo por parte de
los países empobrecidos, ya que se instala y legitima, de esta manera,
la guerra de "todos contra todos". Como dice Fitoussi
(1997) "la competitividad significa quitar territorios económicos a los
otros". Hay que tomar una opción civilizatoria de otro tipo, la de que
podemos vivir todos, conjuntamente, en este mundo cada vez más
inhabitable. No se trata de negar al mercado y a las exportaciones el
lugar que deben ocupar, pero sí subrayar lo importante que es el hecho
de que el mercado no ha de ser la fuerza dominante que decida la suerte
y la vida de las personas y de las colectividades. Los acuerdos
comerciales, desde este punto de vista, han de ser acuerdos bi o
multilaterales sometidos a frecuentes revisiones (incluyendo en su caso
cuotas, cláusulas de salvaguardia,...). Este tipo de acuerdos
encauzarían los flujos comerciales en los dos sentidos, de los países
emergentes hacia los desarrollados y viceversa, evitando el
aplastamiento de las industrias nacientes en los países emergentes.
Del lado de los países
emergentes, la contrapartida a la renuncia a dar la prioridad a las
exportaciones es el impulso necesario al mercado interno, al desarrollo
autocentrado, respondiendo a las ingentes necesidades sociales de la
población no satisfecha (infraestructuras, salud, educación,...). Un
modelo de desarrollo autocentrado podría abarcar a zonas económicas que
incluyen varios países (como en el caso de Mercosur, entre otros),
buscando mayor igualdad de rentas en tanto en cuanto que es necesario
para sostener una demanda interna. Además este modelo de desarrollo
debe suponer un respeto al equilibrio ecológico, un desarrollo político y social, entre otros aspectos.
Para sostener la política
desarrollista planteada, además de inversión extranjera hay que asignar
recursos suficientes en forma de ayuda para proveer infraestructuras,
educación, formación, desarrollando proyectos locales con la
participación de las poblaciones afectadas. Estas ayudas, que han de
ser eficaces y con el control necesario, ha de incluir transferencia de
tecnologías, y enfocar los problemas que se originan con las patentes y
la propiedad intelectual.
Los países desarrollados
deben reorientar su modelo de crecimiento vigente, insistiendo más en
cubrir necesidades sociales, que en muchos casos no dejan un gran
margen de rentabilidad, y en desarrollar actividades productivas
respetuosas con el medio ambiente. Evidentemente seguirá el flujo de
exportaciones e inversiones entre países, pero en el caso de las
deslocalizaciones, no solo ha de corresponder a los trabajadores el
recibir las malas consecuencias sino que han de repartirse los
sacrificios entre todos los grupos sociales, vía política fiscal, para
financiar ayudas a los sectores más afectados por los despidos.
En esta línea de análisis,
las medidas a corto y medio plazo propuestas en páginas anteriores
buscan valorizar el trabajo en todas sus dimensiones, respetando normas
sociales, que impulsen un nuevo poder a los comités de empresa,
reconozcan derechos sindicales de todo trabajador en cualquier parte
del planeta, para lo que se precisa mayor coordinación sindical
internacional... ¿Es posible en el marco de la UE impulsar una
estrategia de armonización social y fiscal? A la vista del liberalismo
dominante, parece difícil avanzar en dicho camino, pero los retos son
de tal calibre que sólo sirven dinámicas como las planteadas,
impulsando la resistencia ante las estrategias de las multinacionales.
Y una dinámica sindical de corte estratégico que tenga más poder en la
empresa, participe en las decisiones estratégica que afectan a las
empresas, con capacidad de plantear alternativas, entre otros aspectos,
puede hacer posible la mejora de las relaciones económicas y del
bienestar colectivo.
¿Utopía? Ciertamente frente
a las propuestas liberales dominantes de "todos contra todos" que
conlleva una polarización social mayor que la que existe, merece la
pena plantear y realizar estrategias por "otro mundo es posible" y por
"otra empresa es posible".
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