| Y nos olvidamos de ellos |
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Cayó el Muro de Berlín, el mundo dejó
de ser bipolar (no en el sentido médico de maniático-depresivo
puesto que aún lo sigue siendo) y se globalizó
totalmente. Aquello que denominamos Tercer Mundo, merced a la
expresión popularizada en los años cincuenta por el
francés Sauvy, ahora ante la desaparición del primer y
segundo mundo (más bien su fusión o el triunfo de uno
sobre el otro) este Tercer Mundo no ha sido ascendido a segundo,
simplemente nos olvidamos de él, de su gente, nos olvidamos de
ellos.
Y debe ser fácil olvidarse de que una amplísima porción del planeta está marcada por el sufrimiento y la penuria. Entre el tercio y la mitad de la población de estos países “subdesarrollados” pasan o bien hambre (muriendo un elevado porcentaje de personas) o bien sobreviven subalimentados. Y nos olvidamos de ellos.
Entre el 20% y el 25% de los niños no llegarán a superar la barrera de los cinco años. Entre los muertos por hambrunas, importante y no hay que olvidarlo, los que sobreviven padecen las consecuencias de la malnutrición. Entre estas consecuencias: desarrollo cognitivo alterado, cuerpos dañados e imposibilitados para llevar una vida en los términos que desde aquí consideramos mínimamente dignos. Y nos olvidamos de ellos. A pesar de su sufrimiento (lo digo con la más amarga y cruel ironía) afortunadamente su esperanza de vida se acorta en veinte años. Veinte años menos de sufrimiento. En cuanto al analfabetismo, hay que plantearse alfabetizar ¿para qué?, si no va a ser posible aplicar el bagaje cultural y social de la alfabetización. Y nos olvidamos de ellos. Y su situación empeora; se calcula que el africano medio tiene hoy un 10% menos para comer que hace 10 años. Hará cincuenta años el Tercer Mundo exportaba cereales, hoy los importa, y en algunos casos, los excedentes de occidente llegan como concepto de ayuda externa, muchas veces a devolver mediante créditos con intereses que aún los endeudarán más. Migajas de pan duro para hoy, más hambruna para mañana. Y la pandemia del SIDA: en Occidente tenemos el privilegio de sobrevivirla, pero ellos ni tan sólo la oportunidad. Al final esta “suerte de tragedia moderna” se ceba casi exclusivamente en estos países. Y nos olvidamos de ellos. Quizás la caída del Muro de Berlín fue una bendición. El fin de regímenes autoritarios degenerados de un sueño socialista. Pero para el Tercer Mundo, cualquier tiempo pasado fue mejor. El miedo de caer bajo la influencia de un mundo u otro, principalmente en las malévolas manos de lo que fue el comunismo, les daba la posibilidad de, al menos, sobrevivir y soñar con una posible salida del pozo. Ahora ya nadie duda de la globalización, del peligro del choque entre las civilizaciones, del cambio climático y de un largo sinfín de miedos y angustias que nos rodean. Ellos, en el tercer mundo sus angustias son atávicas: comer y sobrevivir. Quizás sí que desarrollo y subdesarrollo no son dos conceptos antagónicos, sino complementarios en el capitalismo. Uno sin el otro no tiene razón de ser, entonces ellos y nosotros somos complementarios. Pero nuestros complementarios mueren y malviven. Y nos olvidamos de ellos... david.fornons@hotmail.com
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 26 de febrero de 2007 | |
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Cayó el Muro de Berlín, el mundo dejó
de ser bipolar (no en el sentido médico de maniático-depresivo
puesto que aún lo sigue siendo) y se globalizó
totalmente. Aquello que denominamos Tercer Mundo, merced a la
expresión popularizada en los años cincuenta por el
francés Sauvy, ahora ante la desaparición del primer y
segundo mundo (más bien su fusión o el triunfo de uno
sobre el otro) este Tercer Mundo no ha sido ascendido a segundo,
simplemente nos olvidamos de él, de su gente, nos olvidamos de
ellos.





