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viernes, 21 de noviembre de 2008
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El mito de las deslocalizaciones (I): Europa y Estados Unidos Imprimir E-Mail
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ImageUno de los grandes demonios del discurso populista económico estos días es el de las deslocalizaciones. Comentaristas tanto de izquierdas como de derechas hablan de las auténticas maldades que el traslado de empresas de un país a otro provocan en todas partes del mundo. Hace un par de días, sin ir más lejos, Jesús Antonio Borja en Socialdemocracia.org dedicaba un largo, detallado artículo a hablar del mal y sus remedios, en un artículo cargado de buenas intenciones y desgraciadamente lleno de argumentos falaces.

Siguiendo mi costumbre, me parece que es conveniente hablar sobre la materia con un poco más de propiedad, y centrándonos primero en describir qué sucede realmente antes de dar recetas políticas potencialmente erroneas. Es cuestión de hablar, en primer lugar, de los efectos de las deslocalizaciones en los países europeos; en otro artículo me centraré en las consecuencias de los cambios en los países en desarrollo.

El problema principal del artículo, como el de muchos otros, empieza por un análisis erroneo de los datos. Para empezar, el porcentaje del PIB que un país desarrollado dedica al comercio exterior es engañosa; es tanto o más importante saber con quien comercia que el volumen de intercambio.

La balanza comercial de los países de la OCDE tiene un aspecto parecido al de los Estados Unidos: la mayor parte de las importaciones proceden de países ricos, un 25-30% proceden de economías en desarrollo, y alrededor de un 10-15% depaíses productores de petroleo. En el caso europeo, se importa más petróleo y se comercia más con los vecinos de la unión, pero el aspecto general es similar. El resultado es que si bien el comercio exterior tiene un efecto en la economía, los analisis hechos sin demasiado detalle tienden a sobrevalorar el efecto que el comercio con China u otros países en desarrollo tienen sobre los países occidentales.

Sobrevaloración de resultados aparte, es necesario considerar si realmente el hecho que una fábrica se traslade a un país en desarrollo tiene consecuencias negativas en agregado para la economía de un país rico. Si bien la primera impresión, derivada de la pérdida de puestos de trabajo y despidos llevaría a pensar que una deslocalización es una pérdida, centrar el análisis en ese aspecto deja de lado muchos elementos importantes.

Para empezar, los costes de oportunidad. Una fábrica que produce un determinado bien genera unos beneficios netos, en forma de dividendos y salarios, pero también oculta unos costes de oportunidad que deben ser tenidos en cuenta. Supongamos, por ejemplo, que una empresa está produciendo abrigos de piel de oso en una ciudad como Cádiz. Los propietarios tienen diez millones de euros en capital invertido, y utilizan el dinero para enviar expediciones de cazadores de osos por todo el mundo, traer las pieles, y darles a los tejedores que tienen contratados para que creen maravillosas obras de peletería, que son exportadas a todo el mundo desde la ciudad de la plata.

No hace falta ser demasiado brillante para ver que la inversión tiene ciertos problemas. Para empezar, estamos gastando una cantidad enorme de capital buscando osos, recursos que me temo no abunda demasiado por Cádiz. Una vez tenemos las pieles, el hecho que no haya demasiadas personas con capacidad para hacer abrigos implica que nuestra mano de obra no será demasiado eficiente, y tendremos una producción escasa y de mala calidad. Si a eso añadimos el hecho que todos los potenciales mercados están lejos de la ciudad, cosa que añade costes de transporte, vemos que estamos gastando una cantidad ingente de dinero en una empresa que quizás genera beneficios, pero que pierde mucho el tiempo en tonterías.

Parece evidente que esos diez millones de euros gastados en salarios, maquinaria y cazadores no son un gasto especialmente eficiente; de hecho, es bastante probable que ese dinero estaría muchísimo más empleado haciendo algo que se ajuste más a la situación de la ciudad. Los trabajadores de la fábrica de abrigos serían sin duda más felizmente productivos haciendo otras cosas más acordes con sus habilidades, y la economía regional probablemente generaría más riqueza si el dinero estuviera en una empresa que realmente generara beneficios.

Cuando una empresa cierra para irse a otra parte, el escenario que tenemos es una versión menos exagerada de la fábrica de abrigos. Los inversores se han dado cuenta que su dinero puede generar mejores retornos haciendo lo mismo en otra parte, y actuan en consecuencia. Eso puede parecer una pérdida para la ciudad que pierde la empresa, pero es algo más cercano a una oportunidad: nos libramos de lo que estamos haciendo mal, y podemos mover recursos a aquellos sectores en los que se puede generar más riqueza. Mientras tanto, podremos comprar abrigos de piel de oso a mejor precio en otra parte, la verdad.

Entramos en ese viejo y sutil concepto de la economía, la ventaja comparativa. Un país no debe tratar de proteger lo que tiene, sino especializarse en aquello en lo que es más eficiente. En el caso europeo, es absurdo tratar de combinar industrias intensivas en mano de obra como el textil con unos costes laborales (derivados de la productividad agregada por trabajador de la economía, no lo olvidemos) comparativamente altos. La misma riqueza europea, sin embargo, hace que sea mucho más adecuado utilizar su ventaja comparativa en industrias intensivas en capital para dedicarse a alta tecnología o servicios financieros. Una misma persona trabajando haciendo abrigos generará mucha menos riqueza que fabricando trenes de alta velocidad; es natural que la economía tienda a moverse hacia el segundo sector y abandone el primero.

Es por este motivo que tratar de combatir las deslocalizaciones a golpe de imponer obligaciones de protección laboral a terceros países es una mala idea. Para empezar, estas regulaciones no hacen más que anular la única ventaja que un país en desarrollo tiene en el comercio internacional, mano de obra barata y abundante. No tienen trabajadores cualificados ni capital para invertir en bienes de equipo, así que si se ven inundados por costes adicionales a su mano de obra no serán capaces de producir nada de forma razonable; sencillamente, no habrá país que acepte estas reglas.

De igual modo, tratar de castigar a las empresas que deslocalizan su producción es una receta para el desastre. En cierto sentido, es una apuesta por la producción continuada de abrigos de osos donde no debemos; lo que haríamos sería lastrar la economía con una serie de inversiones malgastadas en sectores que hace tiempo que dejaron de ser útiles. Por añadido, estas medidas harían que la inversión disminuyera, ya que la imposición de limitaciones al uso del capital las haría más arriesgadas. Bajo la amenaza de políticos que no me dejan hacer todo el dinero que puedo, me voy con el dinero a otra parte.

Es evidente también que subvencionar las empresas en problemas sería caer en el mismo error. No estaríamos subvencionando a los trabajadores, si no a los empresarios; los beneficios serían mantenidos de forma artificialmente alta con dinero público, sin que tengan incentivo alguno para mejorar el chiringuito. Si se acaban, se largan, así de sencillo.

La armonización fiscal tiene problemas parecidos. Hay economías que no tienen ventajas inmediatas, ya que están lastradas con una fiscalidad alta en lugares donde la actividad económica no lo es. Los impuestos que en Cataluña no son obstaculo para la economía, ya que la base industrial es sólida, si lo son en lugares como Cádiz, donde no hay demasiado dónde recaudar. Unos impuestos más bajos en Andalucia harían las inversiones más atractivas, y podrían generar con tiempo economías de red creadoras de círculos virtuosos.

Curiosamente, la mejor reacción ante las deslocalizaciones es de hecho una receta vieja y conocida por la izquierda desde hace tiempo, aunque no parece que se asocien ambos conceptos a menudo. Hablo del estado de bienestar. Como comentaba no hace demasiado, los países más abiertos a la globalización (los que más comercian, y más deslocalizaciones sufren) son de hecho los que tienen un estado de bienestar más desarrollado. Se protege a los trabajadores, no a los puestos de trabajo, y se deja que la economía vaya desplazando su actividad ella solita a aquellos sectores dónde lo hace mejor. Nokia o Ikea no necesitan subvenciones o imponer protecciones a terceros para generar riqueza.

Es hora de dejarse de miedos y catastrofismos, tratar de modelar el mundo a martillazos y centrarse en los efectos superficiales de la globalización, y tratar de abrazar el cambio.

Palabras claves : deslocalizacion

Comentarios de los usuarios (10) RSS feed comment
Escrito por Invitado, on 01-03-2007 01:10,
1. Hal
Y los que se quedan en paro, llevando la incertidumbre sobre el futuro a multitud de familias, de ellos no hablas? 
 
"centrarse en los efectos superficiales de la globalización"
 
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Escrito por Invitado, on 01-03-2007 09:34,
2. miguelnr
"Parece evidente que esos diez millones de euros gastados en salarios, maquinaria y cazadores no son un gasto especialmente eficiente". 
 
Pues yo no veo por ningún lado el que no sea eficiente, de hecho, no razonas porqué no es eficiente. 
 
Solo dices que lo es y punto, por otro lado, eso no funciona asi, tienes una visión un poco feudal de la empresa privada sinceramente. 
 
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Escrito por Invitado, on 01-03-2007 15:42,
3. Egocrata
Has leido el articulo? Los trabajadores estarian mejor (siendo mas productivos, y por lo tanto, con mejores salarios) trabajando en otra empresa mas eficiente. La cuestion es proteger a los trabajadores, darles formacion y asegurar que encuentran otro trabajo, no proteger una fabrica con subvenciones. 
 
Pq no es un gasto eficiente? Sencillamente, porque no da beneficio, cuando otra empresa (digamos, un hotel) si lo daria.
 
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Escrito por Invitado, on 03-03-2007 08:46,
4. José Luis
El artículo me parece una soberana tontería y manipulación. 
 
Veamos el caso de Delphi. No tiene sentido seguir manteniendo con dinero público una fábrica que no aporta ningún valor añadido en lo que se hace. Tenemos que invertir y a pasos agigantados en formación, en investigación porque es lo que nos diferenciará de los otros. No se puede luchar contra la deslocalización. Paso en el pasado cuando España era un país pobre y empezaron a llegar fabricas de multinacionales porque los salarios eran bajísimos. Nadie va a seguir pagando 1000 - 1400 euros mes por ensamblar piezas en una fábrica cuando en Polonia puedes hacerlo por 400 o en china por 100.  
Lo triste es lo mal valorada que está la gente que podemos aportar valor al país y hacer que crezca de verdad como una potencia industrial que deberíamos ser, como informático yo estoy cobrando un poco menos de 2000 habiendome dejado las pestañas estudiando y trabajando al mismo tiempo por sacar una carrera. Vamos mal en este pais y la política de subvenciones es un error. Hay que fomentar la creación de empresas y fomentar con un montón de cursos subvencionados la formación altamente cualificada.
 
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Escrito por Invitado, on 03-03-2007 16:36,
5. Peter Svidler
Buenas tardes a todos, 
 
¿Habéis leido el libro "Informe Sanuy"? 
 
Sería interesante hacer una reflexión sobre la situación en España del pequeño comercio y las grandes superficies. Se trata de otro dipo de deslocalización: la desaparación. 
 
Al final de todo, la culpa es nuestra, por no saber ni a quien compramos, ni a que precio compramos. 
 
Respecto a la deslocalización o aglutinación de actividades por parte una gran corporación...aquí es donde se ve el verdadero patriotismo...
 
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Escrito por Invitado, on 05-03-2007 11:35,
6. Paco López
Roger Senserrich tiene la virtud de ser uno de los articulistas más comentados. Esto se debe, sin duda, a que su línea de pensamiento se aleja de lo que es el tono general del resto de colaboradores. Como en anteriores ocasiones que se ha acercado al tema de las delocalizaciones creo que falla en el enfoque y la argumentación. Por varios motivos. En primer lugar porque el coste de oportunidad no depende tanto de la eficiencia del uso de los recursos como de su abundancia o escasez.En segundo lugar, el ejemplo utilizado para apoyar su tesis es realmente desafortunado. Respecto a la inversión de 10 millones de euros, ¿quiénes somos para impedir que un empresario invierta donde quiera? ¿quién puede reprochar a París Hilton que se gaste 10 millones de euros en una noche de francachela o de mala racha en el casino de Montecarlo?. Respecto a las malas inversiones, ¿no son los pioneros los que ven oportunidades de negocio, donde todos vemos una ruina? (Schumpeter dixit) 
Respecto a Cádiz, Roger creo que muestra un gran desconocimiento. En primer lugar, porque a veces es más importante vender la piel del oso antes de cazarla que el propio hecho de la caza. De igual modo y dado que estamos en tiempos de globalización, ¿quién impide a un empresario avezado comprar containers de pieles de oso, pongamos en China, por ejemplo, donde no hay preocupación por la extincios de especies animales. Empresarialmente es muy sencillo y barato traer container de cualquier parte del mundo al puerto de Algeciras, que es el de mayor volumen de container del Mediterráneo. Luego se monta la actividad empresarial en Cádiz que tiene una tradición industrial de más de 70 años (que atenuó la emigración) y donde hay otra tradición peletera -que podría generar sinergias- en la zona de Ubrique-El Bosque para la industria de las pieles del oso. 
Finalmente la idea de la Andalucia pobre es una falacia. La justicia y eficacia de los impuestos depende de la progresividad no de la cofiscación por zonas, Cádiz es una provincia muy rica y muy desigual. Finalmente,no quiero extenderme más la mano de obra no es una ventaja comparativa (sería económico el trabajo de los niños?)es una cuestión política y de justicia social.
 
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Escrito por Invitado, on 05-03-2007 13:19,
7. Roger Senserrich
Jose Luís, no sé por qué dices que el artículo es una tontería... para proceder a repetir las mismas conclusiones.  
 
En fin.
 
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Escrito por Invitado, on 05-03-2007 13:25,
8. Jose R.
Pues yo estoy encantado con los artículos de Roger, me encanta que dentro de la izquierda tengamos gente que disieda y sea capaz de escribir más allá de los lugares comunes. Como todos los articulistas de esta web, Roger nos ayuda a elaborar por nosotros mismos nuestra opinión testeando otros argumentos.
 
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Escrito por Invitado, on 05-03-2007 13:44,
9. miguelnr
Todos queremos que una empresa de beneficios, pero las deslocalizaciones no se están planteando en un campo de juego limpio: los paises destino de esas deslocalizaciones no tienen muchas veces ni una democracia estable, ni libertad sindical ni libertad de expresión. 
 
Los obreros de todo el mundo sí quieren vivir mejor, y no compiten a la baja entre ellos por gusto, sino porque muchas veces les obligan a ello. 
 
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Escrito por Invitado, on 05-03-2007 18:02,
10. Peter Svidler
Hola a todos, 
 
Habeis leido hoy el periodico? 
 
Resulta que en la provincia de Lleida hay desolacalizaciones, pero resulta que las empresas no se van a otro pais, sino que se van a la Franja, a Aragon...deslocaliza ción interna...
 
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