| Lecturas |
1442  |
|
Hace años que venimos
consumiendo alimentos genéticamente manipualdos y en el mercado se pueden adquirir
las primeras mascotas mutantes, todo ello conlleva una serie de riesgos que
asumimos todos y sólo benefician a algunos.
No soy tan catastrofista como para considerar que la investigación genética
deba ser duramente perseguida. Estoy convencido de que es un campo que puede
conllevar grandes beneficios para la Humanidad, si es tratado con sabiduría y
sin egoísmos. Pero esta creencia no debe impedirnos denunciar los abusos que ya
se están cometiendo en este sector y que, yo diría, se están empezando a convertir
en una grave amenaza contra el bienestar de todos nosotros.
Existen ya decenas de miles de patentes relacionadas con la manipulación
genética. La mayoría de ellas pertenecientes a empresas con sede en los EEUU y
destinadas a productos que, de una forma o de otra, acaban formando parte de
nuestra alimentación. A día de hoy, los alimentos mutantes han invadido
nuestros supermercados y, a causa de las presiones de los EEUU, el consumidor
ni si quiera tiene derecho a saber cual es el origen del producto que
adquirimos. ¿Tienen estos productos algún efecto negativo sobre nuestra salud?
no lo sabemos. La política que se ha venido aplicando es, al igual que en otras
muchas cosas, la de no hacer ninguna comprobación sobre los efectos. Si tienen
algún efecto pernicioso, lo sabremos en unos años, cuando muchos de nosotros
hayamos enfermado. Es un riesgo que estamos corriendo sin que nos reporte la
más mínima ventaja.
Los defensores de la manipulación genética, suelen repetir con razón que, en el
fondo, es algo que siempre se ha hecho. Siempre se han realizado injertos, y
siempre se ha practicado una selección artificial de las semillas con la
intención de mejorar la producción. Pero la escala no es comparable. No es
comparable un experimento puntual como puede ser un injerto o un cambio
sumamente lento y gradual como puede ser la selección artificial con la
inclusión de nuevos elementos desconocidos cada año, sólo para que personas
determinadas puedan ganar mucho dinero.
Sinceramente creo que el negocio de las patentes mutantes, tal y como funciona
hoy en día, según la lógica de la más brutal libertad de mercado, no sólo no
reporta ningún beneficio al conjunto de la población, sino que además está
teniendo efectos sociales sumamente perjudicales sobre el tercer mundo.
Los vegetales y los animales modificados genéticamente nos permiten alcanzar
una producción más elevada por hectárea, lo cual sin duda es positivo. Pero
esto no está conllevando un gran aumento de la producción total de alimentos.
¿Por qué no? pues porque en un mercado saturado resulta más rentable mantener
la producción anterior cultivando menos hectáreas y, por lo tanto, ahorrándose
gran cantidad del coste en sueldos y maquinaria. Los productos genéticamente
modificados no están consiguiendo que los más pobres tengan un acceso más fácil
al alimento, porque este no está bajando de precio. El problema del hambre en
el mundo no procede de un precio demasiado caro en los alimentos, sino de la
imposibilidad, para millones de personas, de obtener unos ingresos mínimos.
En realidad, lo que está sucediendo es todo lo contrario que predican los
defensores de la manipulación genética como mecanismo para acabar con el
hambre. La inversión necesaria para realizar cultivos de este tipo está
favoreciendo la concentración en latifundios, incluso en países de gran
tradicción minifundista como México. Por si fuera poco, la inclusión de
prácticas como el llamado gen terminator,
lleva a los campesinos más pobres a la ruina. El gen terminator produce
semillas estériles, con la intención de que aquel que compre semillas
transgénicas no pueda utilizar la siguiente generación de semillas en vez de
volver a comprarla. Pero existe un efecto teóricamente no buscado y debido a
que el polen de estas semillas estériles se mueve por el aire, sin hacer caso a
límites ni cercados: los campos vecinos se verán polinizados en gran medida por
polen esteril, y el campesino que utilice semillas tradicionales verá su
producción año tras año reducida, hasta que se vea obligado a comprar semillas
transgénicas o a vender sus tierras. Este fenómeno ha llevado a la miseria a
millones de campesinos mexicanos y así tenemos a personas que antes producían
su propio alimento y que ahora tiene problemas a la hora de comprar comida a
los precios del mercado. Y uno se pregunta ¿donde están los grandes beneficios
para los más pobres que nos prometían los defensores de la manipulación
genética? ¿Es lógico y es inteligente que estemos corriendo un riesgo para
nuestra saludo a cambio de algo que únicamente beneficia a unos pocos y
perjudica a unos muchos?
Menos conocidas pero igualmente peligrosas son las patentes en campos ajenos a
la alimentación. La empresa taiwanesa Taikong Korp ha crecido de la nada a ser
una de las más importantes del país asiático gracias a sus patentes sobre peces
modificados. Gracias a ella, vemos en nuestras tiendas gran cantidad de
extraños peces con espectaculares diseños (colores, transparencias,
fluorescencias...). Un negocio en alza que seguramente se extenderá en breve a
otros animales de compañía.
Al no tratarse de animales pensados para ser comidos, a priori pueden parecer
menos peligrosos ya que resulta dificil que puedan afectar a nuestra salud,
pero ¿y qué sucede con nuestro medio ambiente?
Cada vez que se introduce un nuevo animal en un entorno desconocido, es un
peligro. La mayoría de las veces, el animal se muere. Otras veces, el animal
consigue aclimatarse e incluso puede llegar a formar parte importante del
ecosistema. Pero otras veces, el animal puede desplazar a otras especies peor
dotadas y crear un considerable caos sobre el hábitat. Fue el caso del conejo
en Australia, serio problema que amenaza gran parte de las reservas vegetales
del continente.
De forma tradicional, se introducen periódicamente animales nuevos en los
ecosistemas. Es una consecuencia negativa de las grandes facilidades de
transporte de las que gozamos en la actualidad. Pero ¿qué pasaría si cada año
aparecieran nuevos animales que se popularizaran en nuestros hogares? Desde el
momento en que los peces de Taikong Korp se encuentran en infinidad de
viviendas, es inevitable que algunos de ellos acaben en nuestros ríos. Lo que
suceda después es impredicible, lo más seguro es que mueran, pero existe la
posibilidad de que sean el inicio de una grave crisis en nuestros ya muy
maltrechos ecosistemas. Y cada nuevo animal es un nuevo riesgo. ¿Es lógico y es
inteligente que corramos ese riesgo sólo por el placer de tener un pez que
brilla en la oscuridad?
http://libertinajed.wordpress.com/
Comentarios de los usuarios (3)
|
|
|