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Si, me llaman capital y
ciertamente no sé por qué, yo me hubiera puesto otro nombre. Lo que sí que sé
es que algunos les gustaría llamarme Belcebú o Satán y a otros, creo que los
que más, Dios, papá o otras ridiculeces varias. En fin, supongo que me llamo
capital y ni yo ni nadie va a cambiarme el nombre. Aunque a decir verdad a pesar de levantar tantas pasiones y odios, en el
fondo para los economistas sólo soy uno de los factores de la producción, junto
con el trabajo y la tierra. Y peor la opinión que sobre mí tienen los
sociólogos y antropólogos: sólo soy una especies de patrimonio figurativo y me
subdividen (poco respeto me tienen los muy…) en capital social, capital
cultural o capital simbólico (dichoso Pierre Bourdieur).
Si
me llaman capital y me han cogido manía. La culpa la tiene un tal Karl Marx,
esta especie de deleznable y despreciable filósofo humanista, economista,
antropólogo y no sé que más, va y escribe un libro, que digo yo un libro, ¡una
enciclopedia! usando mi nombre en vano. Por si fuera poco Fede, su amigo Engels
va y acaba la enciclopedia, con lo bien que estaba a medias. Creedme esta gente
no estaba bien de la cabeza con sus delirios de supraestructura,
infraestructura, fuerzas de producción, de explotación, capital vivo, capital
muerto, plusvalía y otros improperios economicistas para despistar al personal.
Según
estos y otros impresentables, algunos de ellos os aviso vivitos y coleando, no
paran de achacarme las desigualdades sociales. Son en algunos casos tan crueles
que me comparan con el esclavismo y con el feudalismo, y por si fuera poco
especimenes anarquistas (no sé si tan malos, o menos vomitivos que los
comunistas y los socialistas) me acusan de agenciarme del Estado para y junto
con él someter a las clases trabajadoras y asalariadas. Protesto, yo el capital
dada mi exquisita educación, clase y formación me suelo llevar bien con quien
quiere llevarse bien conmigo, faltaría más. Y el estado me quiere y me aprecia
y yo, en aras de la reciprocidad le respondo con la misma amabilidad y
afabilidad que él me trata. Además si el señor estado se dedica a lo suyo,
controlar el personal (que se porte bien vaya) y a mi me deja hacer lo mío,
mirar por el personal, (organizarlo, hacerlo rentable) entonces estamos los dos
contentos, vivos y coleando.
En
cuanto a las clases trabajadoras y asalariadas es su problema, que se apañen o
que nazcan en otro sitio. A ver si el destino individual de cada bicho viviente
también es por mi culpa.
En
fin, el mundo y cada vez más el mundo globalizado esta lleno de un atajo de
desagradecidos. Pero afortunadamente hay buena gente apreciada y sensata. Entre
ellos el ya finado Milton Friedman, un economista de verdad (no como otros
payasos sueltos) y amigos políticos como esa pedazo de mujer y gobernante que
fue Thacher y ahora Bush…. buena gente, y no sólo cuando duermen.
Bien
espero que este pequeño e incisivo artículo de presentación sirva para que nos
vayamos conociendo cada vez más y empecéis a tenerme en la justa medida, en mi
valor, nunca mejor dicho, correcto. Ya se sabe tanto tienes tanto vales y yo
tengo mucho, no es por presumir.
Por
cierto, ni se os ocurra asociarme con los pecados capitales. Para empezar los
pecados capitales son en plural, y yo soy singular, no me lo negareis. Por otro
lado soy casto y puro. Creo que el único error de la Iglesia católica en toda
su larga y fructífera historia ha sido llamar a esos pecados capitales, y que
conste que mi amiga avaricia no es pecata minuta. Error perdonable, los podía
haber llamado mayores, inevitables o no se yo cómo. Bien yo, el capital, no soy un pecado ni soy el diablo, aunque
tengo una cierta sympathy for de devil,
david.fornons@hotmail.com
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