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Normalmente, la derecha intenta
desacreditar las tesis ecologistas con aquello de que a la izquierda
le importan más los animalitos y las plantitas que las
personas. Esto, en medio de una campaña electoral puede ser
muy potente, porque los ficus y los pastores alemanes no votan, pero
las personas sí. La historia de que a la izquierda ya no le
importan las personas estaría muy bien si no fuera porque, la
tesis mayoritaria hoy por hoy en el seno del ecologismo es
precisamente la contraria: si no vamos hacia un mundo sostenible, los
que precisamente desapareceremos seremos nosotros, no el mundo
vegetal ni tampoco gran parte del animal, que sobrevivirían.
Según los últimos
estudios realizados, la desertización progresiva de la
superficie, la eliminación de los últimos pulmones de
oxígeno del planeta o el aumento de la población y el
desarrollo económico con el aumento de la polución
derivada, pondrían en riesgo la vida de las últimas
poblaciones humanas, que después de extensas y masivas
migraciones, alcanzarían el máximo de síntesis
de alimentos y recursos básicos, al no poder importar nada de
ninguna parte y sufrir múltiples nuevas dolencias producidas
por la contaminación masiva.
El aumento de la población
global reducirá progresivamente el hecho de que las
migraciones sean una solución para nadie a medio plazo. La
falta progresiva de espacio practicable hará del desarrollo
material humano un “camina o revienta” que supone una condena a
largo plazo; cada vez habrá menos soluciones posibles. Es por
eso por lo que los cambios deben hacerse con suficiente antelación,
a pesar de que la previsión no sea del gusto de los
fundamentalistas del libre mercado, más acostumbrados a pensar
que todo se va a solucionar por si solo, sin que nosotros tengamos
que hacer absolutamente nada. Me temo, que, como en tantas otras
cosas, eso no es así.
El desafío más importante
que tiene la humanidad para el futuro, transversal a ideologías,
razas, creencias o identidades, es precisamente este, y solo las
minorías más inconscientes e irresponsables se han
quedado fuera de este discurso. Normal: la realidad acaba imponiendo
sus condiciones, y de estas, no puede escapar nadie, le guste o no.
La gran mayoría de partidos
políticos con opciones a gobernar, en todo el planeta, tanto
de tendencias conservadoras como de tendencias progresistas, han
asumido ya en sus agendas de gobierno este desafío, con mayor
o menor relevancia, pero lo han hecho. De hecho, será una
buena manera de juzgar la labor de gobierno, la de aquellos que
asuman con la suficiente importancia este tema, y quienes por la
contra, simplemente se dediquen a lanzar discursos efectistas, pero
que en el fondo, sus propuestas y decisiones de gobierno sobre
materia medioambiental, se queden cortas. Será necesario, por
consiguiente, hacer análisis en profundidad sobre el calado de
estas acciones de gobierno en cada Estado, y seguramente llevar a
cabo revisiones y fiscalizaciones a nivel Internacional, a través
de las distintas Organizaciones y Agencias dedicadas al respecto.
Ante demagógicas diatribas de
algunos inmaduros que pretenden ganar los debates a base de quitarle
importancia a todo, la gran mayoría de ciudadanos responsables
y conscientes de lo que tenemos delante de las narices, deberíamos
actuar con el mayor realismo posible, dentro de la asunción de
que no existe alternativa posible a la vía ecologista.
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