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viernes, 10 de octubre de 2008
Cuando ves… Imprimir E-Mail
Lecturas 1315    

ImageCuando llegas un día cansado del trabajo, y entras a Getafe, una de las primeras cosas que ves es un inmenso lazo azul de varios metros de alto.
 
Ese lazo, que engalana la entrada más concurrida de Getafe desde hace unos diez años, nos pone a cada uno en nuestro sitio, y nos permite tomar un poco de perspectiva.
 
Su estructura sobria, altiva, nos muestra una verdad que el Partido Popular quiere borrar de nuestra historia, una verdad que muchos votantes de derecha han olvidado, o al menos, que les gustaría olvidar.
 
Que el rechazo absoluto a la violencia no es patrimonio de la derecha, ni los lazos, ni los símbolos, ni las banderas, ni los himnos, ni las palabras. Y que si algo ha caracterizado a la izquierda es la solidaridad, y a lucha por la libertad.
 
Ese lazo, con majestuoso aire de libertad, no pertenece al PSOE, que lo mandó construir, no pertenece al PP, no pertenece a ningún partido, ni siquiera a los ciudadanos de Getafe, que lo pagaron.
 
Ese lazo es un símbolo de otro tiempo. Cuando todavía era posible decir que se era de izquierda y que se amaba a España al mismo tiempo, sin que una jauría de voces desacompasadas te tachen de mentiroso y de cosas peores.
 
Es un símbolo, decía,  que pertenece a todos los seres humanos que rechazamos la violencia y amamos la paz por encima de cualquier ideología personal o política.
 
En estos tiempos de crispación y acoso, ese lazo tiene la virtud de recordarme porqué me siento orgulloso de ser de izquierdas.
 
Tiene la maravillosa facultad de recordarme de donde venimos, y de mostrarme nítidamente, a la luz del acoso de la derecha, el camino que transitamos y hacia donde vamos. O hacia donde querrían llevarnos.
 
Porque la apropiación de los símbolos es una vieja treta, y mezclada con una suma irresponsabilidad, y una ambición de poder, puede terminar dando como resultado lo que ya ha comenzado a surgir, una añoranza de tiempos más simples, de tiempos donde no debías pensar por ti mismo, donde no te dejaban pensar por ti mismo.
 
Aguiluchos en las banderas, insultos al Presidente del Gobierno en las manifestaciones, y en las bancadas del Senado ocupadas por la derecha. Todo ello fruto de una estrategia equivocada desde la oposición que está llevando el país hacia una encrucijada que en tiempos anteriores se resolvió con una guerra, y muchos muertos.
 
Ese lazo tiene la facultad de recordarme el pasado, vivido o contado de primera mano, en el que era un símbolo de libertad, de unión contra la violencia.
 
Ahora, en manos y solapas de quienes lo quieren para si, no ha perdido ni un ápice de su verdadero significado, aunque al PP le gustaría convertirlo en una crítica al Gobierno.
 
Hoy, igual que ayer, ese símbolo que a todos pertenece, es una muestra de que la violencia, de ningún tipo, no lleva a ninguna parte. Y a mí, personalmente, me hace sentirme orgulloso de no haber intentado ensuciarlo apropiándomelo por interés partidista.
 
El lazo azul no es de nadie, o mejor dicho, es de todos.
 
Curiosamente, al lado del lazo hay otro símbolo que, para mí, posee el mismo significado, la Universidad Pública Carlos III.
 
Un logro del Ayuntamiento de Getafe, del Rector D. Gregorio Peces Barba y de los gobiernos socialistas que hicieron que gente como yo, hijos de obreros, pudiésemos acceder en masa a una universidad pública de calidad.
 
Todavía me sonrío cuando recuerdo las confesiones de algunos directores de Recursos Humanos en alguna entrevista de trabajo que me confesaban, como si no lo supiese, la inmensa calidad de esta universidad en cuanto a formación personal y académica.
 
Para, acto seguido, compararla con el bajo nivel de universidades privadas.
 
Y es que, el dinero puede comprar títulos y asignaturas, pero no puede comprar carácter y esfuerzo personal. No puede comprar el deseo de unos padres porque sus hijos vivan mejor que ellos, por ofrecerles la oportunidad de prosperar, de labrarse un camino en la vida, y no dejarse arrastrar, ni encasillar, ni menospreciar.
 
Por ese motivo la Universidad Pública es un símbolo para mí, de tanto calado como pueda serlo el lazo azul, o el himno nacional. Porque es un logro por el que lucharon mis padres, y que mucha gente ha dado ya por sentado, olvidando el esfuerzo necesario para conseguirlo y mantenerlo. Y olvidando su importancia, y la importancia de defenderlo.
 
En una Comunidad como la de Madrid, donde la apuesta de la derecha nos lleva a centros de enseñanza privados, centros sanitarios privados y cualquier cosa que se les pase por la cabeza privada, no podemos olvidar que existe un derecho universal a la formación. Un derecho que no puede depender del dinero que tenga una familia, un derecho que, como otros tantos, desean arrebatarnos a la gente de clase humilde, poco a poco, en silencio.
 
Un derecho que quieren quitarle a nuestros hijos, como ahora quieren negarnos el derecho a llevar un lazo azul y decir orgullosos que somos de izquierda y que eso no significa que no amemos la paz.
 
Que no olvidamos de donde venimos, que no dejaremos de ser solidarios, que sabemos a donde vamos, y sabemos que transitamos un camino de igualdad, de libertad y de paz.
 
Un camino por el que, todo sea dicho, algunos no tienen ni idea de por donde pasa.


Comentarios de los usuarios (1) RSS feed comment
Escrito por Invitado, on 20-03-2007 07:56,
1. ...
Me parece un excelente y emotivo artículo. Pero creo que, en aras de esa igualdad, libertad y paz, debemos proceder a limitar la exhibición de símbolos, precisamente por la carga emocional (e irracional, por tanto), que tienen. Cuando veo una bandera republicana, me vienen las lágrimas a los ojos, pues era la bandera de mi padre, pero, reconozco que a una persona de derechas, honrada, puede provocarle un sentimiento completamente distinto (y de rechazo de la idea republicana). Lo mismo de las banderas de las nacionalidades y la bicolor (ésta, en una maniobra recusable de exaltación nacionalista española ya se la apropiado el PP). Resumiendo: más política de contenidos, más racionalidad, menos emociones, y menos banderas.
 
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Escrito por Francisco Agenjo   
lunes, 19 de marzo de 2007
 
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