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El
sr. Jesús Sanz, a la sazón obispo de Huesca por parte
de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, se ha
despachado a gusto sobre sus preferencias políticas y ha
informado a la feligresía de su Iglesia de lo que, en su
opinión, debe hacer la cristiandad cuando es llamada en
democracia a ejercer su legítimo derecho al sufragio
universal, directo, igual y secreto. Ha dicho d. Jesús que
como el Gobierno del PSOE, encabezado por el sr. José Luís
Rodríguez Zapatero, es traidor y está pervirtiendo el
significado de los conceptos “piedad”, “perdón” y
“paz”, no como él y la Institución a la que sirve,
adalid de los derechos humanos y la democracia, ni como el PP, que
añade a la persistente defensa de tales ideales la muy loable
tarea de salvaguardar la cristiandad de la amenaza de la hidra roja,
masónica y judaica, lo lógico es que la feligresía
cristiana deposite su confianza en este último partido
político y no en el primero.
Larga
y fecunda es la historia y la tradición de la Iglesia Católica
en la defensa de los derechos humanos y del respeto a las normas
democráticas de convivencia; basta recordar la noble tarea que
al respecto desempeñó el Santo Oficio; o la posición
de los prelados y teólogos al respecto de la muy democrática
“pena de muerte”; o la actitud del papado respecto a la mujer. No
hay duda de lo ejemplarizante que resulta hojear con cierto
detenimiento el devenir histórico de la Institución en
la que se inscribe el sr. Obispo al efecto de dilucidar la autoridad
moral para orientar el voto en democracia de su feligresía,
sobretodo si damos con la documentación referida a la
enseñanza de sus postulados en el sistema público de
educación. Baste señalar al respecto la manera en que
viven su religiosidad quienes han sido contratados y pagados por el
Estado a tal fin y cuyo puesto de trabajo depende, paradójicamente,
de la Iglesia, que les exige una vida de escrupulosa virtud moral
para concederles el derecho a transmitir sus postulados ideológicos;
sin embargo, en contraposición, no parece mostrar excesivo
celo en exigir tales condiciones a sus jerarcas a la hora de ejercer
sus funciones como máximos representantes de la Institución.
También ilustra bien el talante de la Iglesia Católica
en España la manera en que afronta los “deslices” de sus
representantes, que lo son también de Dios en la Tierra, con
menores de edad o ancianas de misa diaria, que de todo hay en la viña
del Señor y ninguna perversión le es ajena.
Sin
duda años ha que venimos observando como se afianzan los lazos
relacionales de la Iglesia y el PP, que van desde la coincidencia
ideológica a la militancia de la cúpula dirigente del
PP en algunas sectas católicas, llámense “Quicos” u
“Opus Dei”. Lógicamente todo ello había de
traducirse en un recíproco llamamiento y una complicidad
creciente entre ambas organizaciones sociales que se concretiza en
una relación de mutuo apoyo. El PP apoya a la Iglesia
dirigiendo su acción política a favorecer a la
institución religiosa en aspectos políticos, económicos
y sociales, mientras aquella apoya al partido político
haciendo proselitismo desde los púlpitos. El mensaje de la
Iglesia Católica y del PP terminan encontrándose en
misa, compartiendo objetivos, planteamientos y las urnas. Nos queda a
quienes nos consideramos demócratas el consuelo de que entre
la feligresía hay todavía un núcleo de personas
que tienen criterio propio y que no siguen el dictado de sus obispos
sobre cuestiones políticas, pero resulta arriesgado evaluar
cuál es su significación e importancia en el seno de la
Iglesia, sólo sabemos que existen, que ya es logro importante
en los tiempos que corren.
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