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viernes, 05 de diciembre de 2008
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Entrevista a Helena Villamizar, analista económica colombiana Imprimir E-Mail
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ImageEs una acerba crítica de las medidas adoptadas al amparo del modelo aperturista que en América Latina se han venido ejecutando a partir de la década de los años 90 y mira con reticencia y desconfianza el proceso de negociación del Tratado de Libre Comercio que suscribirá Estados Unidos con Colombia y Perú, en fecha aún que está por definirse. 

“ESTADOS UNIDOS IMPULSA TRATADOS DE LIBRE COMERCIO POR LA ENSEÑA DE DIVIDE Y VENCERÁS”



Sus bien elaboradas y sustentadas columnas periodísticas se han vuelto de lectura obligada tanto para especialistas como neófitos interesados en la ciencia económica, pues HELENA VILLAMIZAR GARCÍA-HERREROS viene generando polémica en Colombia y desarrollando un interesante ejercicio dialéctico por sus sugestivos argumentos al analizar con su particular óptica la dinámica económica de América Latina y el mundo.



A través de su trabajo periodístico, su labor investigativa y de la cátedra universitaria ha logrado sustentar y demostrar hasta la saciedad que el neoliberalismo además de ser un proyecto económico inicuo es inmoral por cuanto que únicamente está al servicio de los países con vocación hegemónica.



Economista e investigadora con estudios de Maestría en Economía de la Universidad de Los Andes de Bogotá, Helena Villamizar es candidata al doctorado en Economía de la Universidad de París I, Panteón Sorbona. En desarrollo de su carrera ha estado vinculada al Departamento Nacional de Planeación y al Banco de la República, en donde se desempeñó como asesora de integración de la junta directiva. Es columnista de asuntos económicos del periódico El Nuevo Siglo y el diario económico Portafolio de Bogotá, así como autora de varias publicaciones. Además se desempeña como catedrática de las universidades colombianas Los Andes y Javeriana.


HACIA LA DOLARIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA



  • ¿Cuál es la lectura que usted hace de la política de libre comercio para las Américas que impulsa Estados Unidos, como su proyecto frustrado del ALCA?


- El ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) surgió como respuesta a la conformación de bloques en el escenario mundial y particularmente al fortalecimiento de la Unión Europea, cuya expresión más acabada fue la decisión política, en el Tratado de Maastricht, de concretar la unión monetaria en 1999. Este proyecto de gran trascendencia significaba un nuevo paso hacia el resquebrajamiento de la preponderancia del dólar, que se había iniciado con el colapso del sistema de paridades fijas de Bretton Woods. En 1994, Bill Clinton lanza la “Iniciativa para las Américas” con el propósito de crear una zona de libre comercio americana, pero esta fórmula de integración es muy diferente en su esencia y propósitos al proyecto europeo, con el que equivocadamente suelen compararlo.

El ALCA o los múltiples acuerdos bilaterales de libre comercio -TLC- con que ahora Estados Unidos quiere reemplazarlo, en mi concepto son pasos en una estrategia de más largo alcance hacia la búsqueda de la dolarización de América Latina. La ampliación de mercados que busca Estados Unidos en la región mediante la desviación de comercio desde Europa, Asia e inclusive la propia América Latina, profundizará nuestra dependencia comercial y económica con ese país, brindando argumentos a los defensores de la dolarización, como ocurrió en el caso del Salvador y Ecuador.



- ¿En su concepto qué consecuencias políticas y económicas traerían los tratados de libre comercio entre Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica si se tiene en cuenta las grandes asimetrías existentes en los niveles de desarrollo?

- Los riesgos que se derivan de estas asimetrías son enormes. En lo económico, no se trata simplemente, de prever períodos más amplios de desgravación para las economías más pequeñas o para los países en desarrollo. Es esta una visión ingenua. La brecha tecnológica es abismal y por lo tanto plantear períodos de diez, quince años es una verdadera broma. Se nos dice entonces que para sacar pleno provecho del libre comercio lo que debemos hacer es desarrollar una “agenda complementaria”. Tal agenda se refiere nada menos y nada más que al propio DESARROLLO, con mayúsculas. Se contemplan allí aspectos educativos, institucionales, de conversión tecnológica, etc., etc., que significan un elevado nivel de desarrollo. Y sin problema se hace abstracción de nuestras realidades, de las graves limitaciones de los recursos de los sectores públicos, de los problemas y vulnerabilidades que se crearon a estas economías en los últimos años al hacerlas altamente dependientes de las decisiones de unos cuantos inversionistas o inversores internacionales como les llaman ahora, y los cuales por lo general obligan a tomar políticas procíclicas a los países en desarrollo y justamente impiden avanzar en la agenda del desarrollo. Algunos hablan de la crisis del Tequila a fines del 1994 como si hubiera ocurrido en África, como si no hubiese sido fruto de los desarrollos de los primeros años de los noventa. En fin, la crisis de Brasil, la ecuatoriana que condujo a la dolarización, etc., ilustran la mayor frecuencia de las crisis a las que estamos abocados y las secuelas de mayor pobreza y desigualdad a la que ha conducido el nuevo paradigma.

Por supuesto, nadie cuestiona que hay que avanzar en la agenda del desarrollo, que la búsqueda de mejoras en múltiples campos debe adelantarse con acciones y políticas. La discusión está en los instrumentos. ¿La agenda debe contemplar por ejemplo, mayor “flexibilización del mercado de trabajo” y mas de lo mismo que ya vivimos? Definitivamente la política comercial forma parte y muy importante del marco de políticas de desarrollo. Decisiones erradas a este respecto pueden conducir a malas especializaciones e inclusive agravar aún más los problemas estructurales. Como ha planteado la CEPAL, la manera como se cambió el trato asimétrico a países en desarrollo puede conducir a ampliar la brecha con los países desarrollados. Un verdadero trato asimétrico tendría que contemplar excepciones a las reglas y disciplinas generales que permitan proteger mercados y fortalecer los avances tecnológicos en las industrias de estas economías.

Las grandes asimetrías no son solo económicas sino políticas. El “trato especial y diferenciado” que debería regir en estos acuerdos es una ficción enorme; es más, funciona al revés. Estados Unidos no sólo se ha negado a tratar el tema de las ayudas y subsidios a la agricultura, seriamente distorsionadoras de nuestra capacidad de competir, en el marco de estos acuerdos, sino que la nueva Ley agrícola del 2002 amplió considerablemente dichas ayudas. Stiglitz contaba como en alguna de las negociaciones para el ingreso de China a la OMC, Estados Unidos, en lo que parece una película surrealista, pretendió recibir trato de “país en desarrollo”. Suena gracioso pero es ilustrativo de las pretensiones y la verdadera fuerza en las negociaciones que tiene esta nación. La experiencia de los centroamericanos en las negociaciones con Estados Unidos, respecto al principio de asimetría tampoco fue afortunada. En el mundo de la Realpolitik hay un trato asimétrico perverso, en contra de los intereses de los menos desarrollados.

Las consecuencias previsibles de un proceso de integración con semejantes inequidades en la base son preocupantes. La experiencia de América Latina en el actual proceso de globalización ha sido nefasta en términos del crecimiento y de la generación de pobreza y ampliación de las inequidades. El caso argentino es quizás el más ilustrativo pero no es el único.

- ¿Desde su punto de vista cuáles han sido las motivaciones económicas y políticas para que el ALCA se haya aplazado indefinidamente y ahora los Estados Unidos privilegien los tratados de libre comercio con algunos países andinos?

- Las crisis económicas y el surgimiento de un nuevo liderazgo en el MERCOSUR, muy distante del aliado incondicional que representaba Menem para los Estados Unidos, y en el que se concede particular importancia a la integración suramericana, significa un nuevo equilibrio en las negociaciones del ALCA. Ante la intransigencia de Estados Unidos de no negociar sus ayudas y subsidios agrícolas en el ALCA y aceptar negociarlos solo en la OMC, MERCOSUR igualmente planteó abordar otros temas de gran interés para Estados Unidos, como propiedad intelectual, servicios e inversiones, en la OMC.

La respuesta de Estados Unidos ha sido el impulso del bilateralismo, según la enseña de divide y vencerás. En el caso de Colombia este cambio es lamentable desde nuestro punto de vista y constituye el peor de los mundos, pues, en primer lugar, es obvio que aislados perdemos toda capacidad de negociación; en segundo lugar, el desmembrarnos de Venezuela mediante esas maniobras tendrá unos costos graves para el futuro de la economía. Venezuela y Ecuador son nuestros socios naturales, el comercio con estas dos naciones y en menor medida con las otras economías andinas produjo unos resultados positivos, si bien han podido ser mejores aún. Pero, el valor agregado de nuestras exportaciones a esos mercados, los procesos de aprendizaje que indujeron y la posibilidades de mejoras de productividad que propiciaron fueron un importante consecuencia de esta integración a la que el actual gobierno colombiano pretende desconocer y que terminará por asfixiar diversas industrias y lo que es peor, no solo las que existen, sino aquellas que hubieran podido existir que es el costo nunca evaluado de malas aperturas como señala Dani Rodrik en alguno de sus escritos.



- ¿Cuáles cree que serán las consecuencias del tratado de libre comercio para Colombia que suscribirá el gobierno de Álvaro Uribe con Estados Unidos?

- Tanto desde el punto de vista de la teoría económica, como de la experiencia del actual proceso de globalización, como de las muy recientes vivencias en las negociaciones con Estados Unidos las perspectivas de esta negociación son claramente negativas.

El comercio internacional no es ni bueno ni malo en sí mismo. Puede ser enriquecedor como también puede tener consecuencias empobrecedoras. Eso lo sabe el estudiante de economía como lo saben muchos pueblos en el planeta. Cuando en la teoría del comercio internacional se eliminan algunos supuestos como el de competencia perfecta y el de igualdad de tecnología acercándonos a la realidad, las conclusiones del modelo ricardiano de libre cambio ya no son indestructibles y los distintos modelos pueden llevar a resultados en los que no solo un país puede perder con la apertura sino que incluso el conjunto puede experimentar pérdidas. Pero además, aún en el modelo ricardiano, base teórica del libre cambio, puede que el mundo tenga beneficios pero estos pueden concentrarse en un solo país, dependiendo de los términos de intercambio con los que se establezca ese comercio.

Además de las reservas que podemos plantearnos desde el punto de vista teórico, las experiencias vividas en estos años permiten predecir amplias consecuencias negativas para Colombia del TLC con Estados Unidos. Basta mirar la evolución del país en estos años después de la apertura del gobierno Gaviria y del famoso revolcón. Los resultados desde el punto de vista del crecimiento, de la distribución del ingreso, como del bienestar de la población y, algo que es muy importante, de los propios desequilibrios macroeconómicos, han sido lamentables. Al empezar la década de los noventa Colombia no sólo tenía un superávit en sus cuentas externas y equilibrio fiscal, sino además su crecimiento en la última mitad de la década de los ochenta era cercano al 5% en promedio, una cifra que hoy nos parece envidiable. Además, Colombia fue el país que más creció en la región latinoamericana en ese doloroso período de la “década perdida”, término acuñado por la CEPAL para los años ochenta.

La enorme sujeción del gobierno colombiano a los intereses de los Estados Unidos y su muy pobre capacidad negociadora empeoran aún más la situación. Los ejemplos son múltiples, en los más variados campos y no se sabe cuál de ellos más preocupante. Por una rebaja de aranceles temporal, unilateral y de corto plazo mediante el Atpdea, Colombia cedió intereses vitales para la salud del pueblo colombiano, al renunciar al derecho de producir genéricos en ciertos productos, cuyo costo según cálculos de Fedesarrollo ascendía a más de setecientos millones de dólares anuales. Igualmente el cambio en la posición sobre los aranceles agrícolas que presentaría La Comunidad Andina al inicio de negociaciones del ALCA, la fallida compra de aviones a Brasil, el abandono del Grupo de los veintiuno en Cancún, fueron resultados de gestos de desaprobación de algún funcionario en Estados Unidos a pesar de los intereses vitales que estaban en juego. Y qué decir del incalificable apoyo a la ilegítima guerra de Irak, lo cual no deja margen de duda sobre la nula capacidad negociadora de este gobierno ante el más poderoso del planeta.

Ante esos antecedentes queda poco espacio para el optimismo en una negociación aislada con Estados Unidos, independientemente de la probidad y altas calificaciones que ostenten algunos miembros del equipo negociador. Nuestras cesiones en las negociaciones recientes han sido quizás las más notorias pero no son las únicas en que se evidencia el poderío de nuestro “socio”. La negativa de Estados Unidos a discutir sus ingentes ayudas a la agricultura, graves distorsionadoras de la distribución de ingresos internacionales, así como la imposición de su voluntad en negociaciones bilaterales como por ejemplo, la exclusión del azúcar, carne y leche en el TLC con Australia firmado en febrero pasado y muchos otros ejemplos, dan la medida del real juego de poderes en esta negociación.

- ¿Por qué el gobierno de Uribe Vélez quiere hacer ver al pueblo colombiano que el tratado de libre comercio con Estados Unidos constituye una gran oportunidad?

- Por una parte por esa asimetría política que en el caso de Colombia es aún más crítica dada su situación de extrema debilidad y dependiente de unos recursos del Plan Colombia para su proyecto de lucha contra la guerrilla. Entre otras, como señaló alguna vez José Fernando Isaza, el solo costo en un año para la salud en Colombia de la renuncia a la fabricación de determinados genéricos en las negociaciones del ATPADEA es equivalente a los recursos del Plan Colombia. Segundo, porque sin duda hay sectores y personas que serán beneficiados con el TLC. Y porque es claro que apartarse del paradigma del poder es muy costoso. Por ello muchos técnicos, como señalaba Cecilia López, se doblegan a los intereses de unos pocos, pues temen perder el sustento para sus familias si contradicen los paradigmas oficiales.


- ¿Los tratados de libre comercio que se anuncian como la panacea son, a su modo de ver, una imposición o surgen del consenso de los países latinoamericanos?

- Son más una imposición. Recordemos que fue el presidente Clinton quien lanzó esta iniciativa de las Américas, que contemplaba una “agenda de la integración profunda”, es decir, no sólo comercio de bienes, sino otros temas más importantes para Estados Unidos como son derechos intelectuales, inversión, compras estatales y servicios, en cuyo caso el gran interés está en los financieros y telecomunicaciones. Ante las dificultades de la firma del ALCA con la agenda amplia a la medida de las aspiraciones de Estados Unidos, Robert Zoellick anunció el cambio de estrategia hacia acuerdos bilaterales y solicitó al congreso autorización para efectuarlos en un corto plazo del cual estamos presos. Por supuesto que también existen sectores que se beneficiarán del acuerdo en todas las economías; esta y otras razones hacen que Estados Unidos cuente con aliados irrestrictos. En Colombia el gobierno tiene tal interés en imponer el TLC que ha caído en el absurdo de presentar a la opinión pública un estudio de Planeación Nacional cuyas conclusiones claramente muestran que este acuerdo producirá un mayor déficit fiscal de quinientos noventa millones de dólares y ampliará el desequilibrio comercial considerablemente pues mientras las exportaciones se estima crecerán algo más de 6% las importaciones lo harán en casi 12%. No obstante, se atreve a afirmar, sobre dichos resultados, que el TLC constituye la mejor alternativa para el desarrollo. ¿Cómo es posible que un proyecto que arroja mayor déficit externo e interno implique un mayor bienestar para la población? ¿Cómo se financiarán estos desequilibrios?. Hasta un estudiante de los primeros semestres de economía entendería que dichos resultados lo único que revelan es una rápida tendencia de empobrecimiento.

- ¿El modelo neoliberal y las presiones de los Estados Unidos por ahondar el esquema de libre comercio, dejan espacio para seguir trabajando en la integración de la región? ¿En su concepto aún es válido continuar con la Comunidad Andina de Naciones (CAN)?

- Creo que una vez firmado el TLC no tiene mucho sentido seguir hablando de integración andina. ¿Qué sentido tiene hablar de ella si desaparecen las preferencias comerciales, si se perfora el arancel externo común, si no actuamos mancomunadamente en ningún proyecto político, si se rompe la unidad con Venezuela, el socio andino con el que se había logrado perfeccionar más la zona de libre comercio y con quien se había avanzado más en la conformación de una unión aduanera? La integración es un gran instrumento par el desarrollo pero sabiéndolo utilizar. Una integración en la que rijan los principios de equidad en la distribución de los beneficios, en la real convergencia en el desarrollo de los socios, en la superación de las brechas tecnológicas frente a los países mas avanzados de manera que se prepare a estas economías para lograr mayores niveles de competitividad frente al mundo y, lo que es más importante, para la superación de los niveles de pobreza y desigualdad y la mejora del nivel de vida de las poblaciones. Sin duda el abandono de la integración subregional andina y su sustitución por el TLC es una política errada pues no sólo no cumple dichas condiciones, sino como he señalado, la experiencia de apertura reciente y las cesiones en las negociaciones constituyen unos pésimos síntomas sobre los beneficios probables de este acuerdo.

- ¿Cómo analiza el proceso de MERCOSUR?

- El proceso de MERCOSUR es una experiencia valiosa. Si bien es mucho más joven que la Comunidad Andina su evolución en estos años ha sido positiva y logró sortear circunstancias muy difíciles como fue la devaluación de Brasil en momentos que existía una virtual dolarización de Argentina. Creo que ha mostrado una madurez política que nos ha faltado en la CAN y tienen una visión de largo plazo y sobre la integración de mayor amplitud que la nuestra. Además tienen una perspectiva política más acertada; en lugar de apostar todos los huevos en la misma canasta, ha buscado acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y se mueve también en busca de mercados con el Asia, buscando romper una gran dependencia con un solo actor. Paralelamente el MERCOSUR entiende la dimensión política de la integración latinoamericana. En Colombia, por el contrario, con una gran miopía se sostiene que como nuestro principal socio comercial es Estados Unidos, entonces es con este país con quien se deben profundizar las corrientes de intercambio, desconociendo que en la conformación de ese comercio en su gran mayoría exportamos productos mineros o productos primarios de bajo valor agregado.

- Es evidente que América Latina para poder desarrollarse dentro del marco de la globalización económica requeriría de una estrategia de compensación como ocurrió con los países menos desarrollados en Europa en la década de los 80 para consolidar la unión del viejo continente. ¿cómo lograrlo cuando Estados Unidos mantiene políticas proteccionistas y amplios subsidios para beneficiar a su agricultura que hacen imposible la competitividad de las exportaciones de materias primas y de los productos con valor agregado de nuestros países?

- Este sin duda es un tema capital. Un modelo de integración sin las grandes responsabilidades sobre los más débiles que contempla la integración europea puede agravar los problemas más que brindar soluciones. Sin la eliminación de subsidios y ayudas internas difícilmente lograremos competir. Pero no sólo en este campo se encuentran las dificultades para competir. Las diferencias tecnológicas con Estados Unidos son enormes, lo que posibilita que los supuestos beneficios del libre comercio no se cumplan. La obtención de grandes beneficios del comercio internacional profetizado por el modelo neoclásico de Heckscher Ohlin, base conceptual del libre cambio de esta escuela, se basa en un supuesto fundamental que es la igualdad tecnológica. La integración europea entendió estas disparidades de base y contempla mecanismos equilibradores. En la propaganda a favor del TLC algunos presentan la experiencia española como si fuese fácilmente transferible y olvidan que el proceso de integración europeo tiene muy profundas diferencias con los acuerdos de libre comercio planteados con Estados Unidos. Este último no contempla compensaciones para los menos desarrollados. Pero además en el caso del TLC la situación es peor aún por las ayudas internas y subsidios fuertemente distorsionadores de las condiciones de competencia; así que en el TLC las compensaciones existen pero al revés: para los agricultores ricos; y peor aún, sobre ellas además Estados Unidos se niega a entablar negociaciones en el marco del ALCA. Esta constituye suficiente ilustración sobre la enorme asimetría e inequidad de los acuerdos previstos. Algunos plantean fondos para reconversión pero estos son solo briznas ante el tamaño de las disparidades y de los subsidios existentes

Mientras en Europa se ha legalizado la movilidad de mano de obra, en el ALCA no existe siquiera una visión lejana sobre la integración del mercado de trabajo, siendo ésta una de las bases de la enorme asimetría de la globalización actual. Además en la integración europea se hicieron esfuerzos de años tendientes a la estabilidad cambiaria en la región mediante diversos instrumentos y hacia la armonización de políticas. Y finalmente, como ha planteado Germán Umaña, algo que es muy importante, hay mecanismos democráticos para la toma de decisiones. Por ejemplo, la aprobación de la unión monetaria en varios países fue consultada al pueblo mediante referendos. Las diferencias son entonces protuberantes. Que distinto sería que se consultase al pueblo colombiano, mediante Referendo si desea el TLC con Estados Unidos. Al menos de aceptarlo sería una decisión democrática y no la imposición de unos pocos.


- Algunos analistas sostiene que una élite en América Latina ha sido fletada para que le hiciera el mandado a los Estados Unidos respecto a la aplicación del modelo neoliberal. ¿Está de acuerdo con esa apreciación?

- En términos generales tienen razón. Creo que hay altos dirigentes que esa es su tarea y de ella han derivado y derivarán amplios beneficios. Y hay otros funcionarios que simplemente se subordinan a la voluntad del más fuerte. Cecilia López decía que la concentración del poder económico, del poder político y de los poderes mediáticos han llevado a que amplias capas de profesionales no puedan tener posiciones independientes pues el costo de apartarse del paradigma que conviene a los intereses de unos pocos es demasiado alto. Y este es un problema demasiado serio para estos países.

Sin embargo también hay unos cuantos que actúan con honestidad y convencidos de que en realidad el libre comercio es la panacea. Existe una dominación tan apabullante de las ideas que convienen a los más poderosos, que resulta muy difícil liberarse de ellas. Los grandes centros del poder mundial contratan a quienes comparten sus ideas y las propagan por el mundo. Por ejemplo en este tema del libre comercio los académicos Dani Rodrik y Francisco Rodríguez hicieron una valiosa investigación en la que retomaron una serie de estudios ampliamente difundidos cuya conclusión por supuesto, era la de que el libre comercio era la política mas acertada para el crecimiento. Las conclusiones son muy interesantes; ellos encuentran poca evidencia que respalde la tesis ampliamente difundida de que el libre comercio esté significativamente asociado al crecimiento. Pero ocurre que las conclusiones de estudios que convienen a determinados intereses son ampliamente publicitadas, citadas hasta convertirlas en verdades reveladas. Algunos funcionarios caen presos de estas verdades universales y más por ingenuidad que por antinacionalismo defienden causas equivocadas. Otros claramente lo hacen por intereses propios por encima de los intereses nacionales. No hay grandeza alguna en su defensa. No es mas que mirar donde están años después, quién los emplea, para saber que la afirmación de Martha Harnecker y James Petras tiene mucha validez.

- Trayendo a colación el último libro del economista Dani Rodrik, “cómo hacer para que la apertura funcione”, usted ha hecho un detenido análisis respecto de las consecuencias de inversión extranjera y platea que la misma poco o nada contribuye al desarrollo económico de países pobres como lo latinoamericanos. ¿Por qué?

- Dani Rodrik plantea que ha habido una fetichización de la integración y la inversión extranjera, las cuales los gobernantes del mundo en desarrollo y diversa literatura económica han llegado a convertir en un fin en sí mismo. Para él estos sólo son, instrumentos, que bien usados pueden contribuir al desarrollo pero no son fines en si mismos y en tal sentido cuestiona que exista una regla única para el desarrollo, así como la superioridad de la inversión extranjera sobre la nacional. Un dólar de inversión extranjera puede ser lo mismo que un dólar local, dice. Al respecto presenta diversas experiencias en su libro en que muestra la importancia de la inversión interna también, como de las instituciones, especialmente aquellas, resolución de conflictos y la existencia de redes sociales para enfrentar los ajustes y las turbulencias de los mercados internacionales a las que considera cruciales para el desarrollo, como una más equitativa distribución del ingreso.

Un estudio del Banco Mundial que cobijó 50 países en desarrollo y 22 países desarrollados durante el período 1987- 2001 me pareció de gran pertinencia respecto a la tesis de Rodrik acerca de que la inversión extranjera no necesariamente es la panacea. El estudio mostró que los cambios operados en los últimos quince años no dieron los resultados esperados, al menos en términos del crecimiento económico pues lo encontrado fue que la inversión extranjera en lugar de preceder al crecimiento, la causalidad era la opuesta: el crecimiento estimula la inversión extranjera. Y ello pese a que en dichos años ocurrió un gran crecimiento de dicha inversión en los países en desarrollo; esta se quintuplicó en términos del PIB, y además experimentó un cambio sustancial en su composición. En el 2021 más del 50% eran fusiones y adquisiciones cuando en los años ochenta este tipo de inversiones eran prácticamente inexistentes, es decir, se sustituyeron nuevos flujos de inversión por simples traspasos de propiedad. Los autores también se preguntan si el bajo vínculo encontrado entre inversión extranjera y crecimiento puede explicarse en si dichos flujos realmente financian inversión y no gastos corrientes o se deben a la mala situación económica de los países que obligan a sus dueños a feriar el patrimonio, sustituyendo a los inversionistas nacionales, o en fin si se deben en buena medida a transferencias entre casa matriz y subsidiarias no constitutivas de inversión.

En fin, también resulta interesante observar que dicho estudio encontró una diferencia cualitativa muy importante entre la inversión extranjera en los países en desarrollo y desarrollados. En esta última la participación de las privatizaciones fue casi insignificante, lo que sin duda contribuye a explicar que el impacto de las nuevas inversiones sobre el crecimiento es cercano al doble en los países industrializados en comparación con el de los países en desarrollo, y muestra además que el crecimiento es más inestable en América Latina que en los países desarrollados.

Todo ello nos lleva a plantearnos dudas acerca de la calidad de la inversión extranjera en todos estos años y a la necesidad de diseñar políticas que nos aseguren la calidad de las mismas, pues no podemos ignorar que ella, a diferencia de la inversión nacional, contempla compromisos de largo plazo sobre la balanza de pagos de nuestros países y por ende consecuencias sobre la futura estabilidad macroeconómica y la distribución del ingreso entre nacionales y extranjeros.


- Latinoamérica requiere adoptar un nuevo modelo económico tras el desastre de las fórmulas neoliberales. Sin embargo aún no se ha planteado un modelo coherente y convincente que reemplace los esquemas aperturistas. ¿En su concepto, cuál sería la fórmula ideal: la tercera vía, la social democracia, el modelo chino que combina la solidaridad social con el mercado, volver al proteccionismo de Prebish o una receta ecléctica…?

- El modelo seguido en los últimos años ha sido un fracaso y definitivamente se requiere un cambio de rumbo. Creo que MERCOSUR está dando algunos pasos en ese sentido. Para Colombia parecería ser demasiado tarde pero la esperanza es lo último que se pierde. Un proyecto de ley del senador Rodrigo Rivera y otros parlamentarios, que busca encausar las negociaciones internacionales bajo principios de equidad y reciprocidad y en beneficio del interés nacional, abriría un espacio de optimismo de ser aprobado.

En cuanto al cambio de modelo no se trata de volver al pasado pero si de rescatar de él lo que nos sirva al igual que preservar las fórmulas del presente que puedan sernos útiles. Creo que la CEPAL fue una escuela de pensamiento valiosa, al menos intentó una reflexión propia e hizo aportes muy importantes. Considero que al modelo sustitutivo se le han hecho algunas críticas válidas pero este modelo no se agotó, y, por el contrario, se quedó a mitad de camino o a un cuarto. Había que avanzar en la industrialización y posiblemente esos logros sólo se obtienen como muestran numerosas experiencias históricas, protegiendo para una vez maduros abrir los mercados. En ese sentido la integración es fundamental, pero una integración de otra especie a la que se nos plantea hoy con el TLC de Estados Unidos; una que descanse sobre bases equitativas en las que se reconozca la corresponsabilidad conjunta sobre los más débiles, no sólo en la distribución de los beneficios de corto plazo sino una que conduzca a la real convergencia en el desarrollo. Pensar en el desarrollo necesariamente significa fortalecer el mercado interno; no exportar mediante abaratamiento de salarios, sino de mejoras en productividad para lo cual se requiere planeación a largo plazo y, sí, intervención del Estado.


Palabras claves : TLC

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Escrito por Fernando Arellano Ortiz   
miércoles, 21 de marzo de 2007
 
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