| Lecturas |
2728  |
|
Todo empezó con un dolor en el
abdomen. Los médicos diagnosticaron una infección en el
intestino, de la que se desconocía la causa. En la clínica,
le administraron paracetamol y al cabo de unas semanas la enviaron de
vuelta a casa. Al cabo de poco sufrió un absceso en el ano; se
lo retiraron, lo curaron parcialmente y volvieron a darle el alta.
Esta vez los dolores tardaron sólo
dos días en reaparecer. Después de un tratamiento
inútil- por inexistente- en un primer hospital, su madre la
envió a otro donde le diagnosticaron otro absceso y una
fístula. Debían practicarle una endoscopia, pero no lo
hicieron. En pocos días su condición empeoró y
terminó en la mesa de operaciones.
El feto que todos esos médicos
habían insistido en salvar al negarle el tratamiento a su
madre ya estaba muerto. Su incubadora con patas le siguió poco
tiempo después. A pesar de ello, los legisladores polacos
piensan que no hay bastante con las leyes actuales, que los médicos
no tienen suficiente presión legal y social, y pretenden
restringir aún más las escasas posibilidades de abortar
legalmente.
Durante un tiempo han disfrazado sus
barbaridades de compasión cristiana, aportando ayudas a las
mujeres embarazadas con pocos recursos, pero se ve que ya se están
cansando de repartir limosna entre esas guarras porque hace poco,
junto con el endurecimiento de las leyes de penalización del
aborto, se han empezado a plantear limitar también el acceso a
la sanidad pública en el momento del parto. Para que quede
claro que de lo que se trata no es de salvar a los bebés, sino
de castigar a las mujeres por tener sexo.
Comentarios de los usuarios (0)
|
|
|