| De nuevo la Guerra de Iraq |
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Es cierto que la invasión de Iraq por la coalición anglonorteamericana, sin la cobertura de la legalidad internacional, acabó por derrocar al régimen tiránico y sanguinario del dictador Saddam Hussein y que tenía como última pretensión instaurar un régimen democrático en aquel país, pero no es menos cierto que cuatro años después de la guerra la ciudadanía iraquí atraviesa por un mal momento. Derrocado el dictador y abolido el régimen totalitario, a la incapacidad de las tropas internacionales de mantener el orden y la paz se ha unido la esquizofrenia colectiva de los fanáticos islamistas para hacer muy difícil la supervivencia de la población y la imposición de un Gobierno títere desprovisto de toda legitimidad y carente de apoyo social. La democracia no ha llegado a Iraq porque ésta no es la ausencia de dictadura o régimen totalitario sino el resultado de la voluntad de la sociedad que asume la soberanía nacional. La guerra en Iraq no ha terminado en un régimen democrático porque la democracia no puede imponerse a cañonazos y no suele venir de la mano de la guerra, aunque hubiese contado con el respaldo de la legalidad internacional.
El PP cierra filas entorno a su cúpula dirigente, pese a la ineludible presencia de algunas voces discordantes, pretendiendo pasar página sin reconocer que se equivocaron, de la misma manera que proceden en el caso de los atentados islamistas – ahora sí se puede decir esto sin riesgo de ser tildado de “traidor” – del 11 de marzo de 2004 en Madrid. La estrategia consiste en desviar la atención, centrándola en problemas inventados, más productos de marketing que realidades constatables, como la desmembración del Estado o la venta de Navarra a Otegi, tormentas de humo destinadas que culminan la estrategia anterior del “sostenella y no enmendalla” en el corolario lógico del “eso jamás ocurrió” o el socorrido “eso es cosa del pasado, ahora hay que mirar hacia el futuro”. Aznar, todavía políticamente vivo en el partido que llevó al Gobierno y al caudillismo a partes iguales, clama desde las antípodas, Australia, en su “espanglish” particular, reivindicando las bondades de la “pax norteamericana” que viene inspirada por Dios, o eso dice su profeta Bush, para traer el paraíso a la Tierra empezando por Iraq.
Contra la guerra de Iraq se ha manifestado la ciudadanía española y todas las fuerzas políticas parlamentarias, desde la izquierda hasta la derecha, pasando por los nacionalismos, salvo el PP que, timoratas disidencias al margen, prietas las filas en la persistencia goebbelsiana en la mentira con ínfulas de veracidad, sigue sosteniendo, ahora “sotto voce” por la evidencia de su fracaso, la validez de una invasión inmoral y a espaldas, si no manifiestamente contraria, a la legalidad internacional.
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| Escrito por Enric Casanova | |
| domingo, 25 de marzo de 2007 | |
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La
guerra de Iraq está de nuevo en el candelero de la vida
política y de la opinión pública estos días
con motivo del cumplimiento del cuarto aniversario de la ocupación
ilegal de aquel país por Estados Unidos y Gran Bretaña
en la que el Gobierno de España de entonces, presidido por d.
José María Aznar, tuvo un papel importante. La sociedad
civil, en todo el mundo, se ha vuelto a movilizar – lógicamente
con menor ímpetu – contra aquella invasión ilegal,
incluso en los Estados Unidos y en Gran Bretaña. Y no sólo
la sociedad civil sino también sus representantes políticos,
incluidos aquellos que forman parte de las organizaciones que
apoyaron en su momento la guerra; también en España, el
PP ha tenido que escuchar la voz tímidamente discordante de
alguno de sus diputados al respecto.






