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La globalización está
bien, se deben globalizar muchas cosas, pero curiosamente cuando
hablo de este tema con algunas personas, sobre la Globalización,
aparece el famoso "bfff”... ¿qué es el "bfff"?
El "bfff" aparece cuando las
teorías, sencillas, bonitas, y superadoras de la antigua
división izquierda-derecha... ya no parecen tan sencillas y
superadoras, sino que un poco más de lo mismo, pero vendido de
otra manera.
Si para ciertos pro-globalizadores la
Globalización supone tirar aranceles abajo, tirar salarios
abajo, tirar prestaciones sociales abajo, tirar derechos laborales
abajo, y ya de paso, prohibir el asociacionismo profesional, entonces
el PRO Globalización es mucho PRO, es un PRO enorme.
Si les respondes que, la Globalización
es una gran propuesta, un gran cambio, una gran idea... te responden
aaah, bien bien, "¿así que tu eres de la izquierda
madura, responsable?”... (ya saben, cuando se le da la razón
a la derecha es que uno es maduro y responsable, cuando no es un
izquierdista peligroso que va a destrozar el mundo), y tu le
respondes "¡sí, claro!, y es que yo estoy a favor
de globalizar... los derechos laborales, el derecho a la sindicación,
los salarios mínimos, las prestaciones sociales, la
negociación colectiva, etc".
Entonces aparece él... nuestro
amigo "bfff", que nunca va solo:
- Bfff... es que son diferentes
culturas.
- Bfff... es que eso es muy difícil
de aplicar.
- Bfff... ¡es que así los
vas a arruinar!.
- Bfff... es que son diferentes
realidades, tu ya comprendes.
- Bfff... ¡no se le puede imponer
eso!, ¿y si no quieren, eh? eh? eh?, y si no quieren que?.
Es decir, que para globalizar
multinacionales, todo es multiculturalismo transfronterizo y buen
rollo cosmopolita... para globalizar derechos, volvemos al feudo
nacionalista, y que si los chinos no te comprenden.
El "bfff" es un ya mítico
compañero de cierta versión globalizadora, por la cual,
todo esta bien hasta que la antigua división izquierda-derecha
reaparece, y la terca realidad le devuelve a uno a viejos debates,
que ya se daban dentro de cada Estado, y lo cierto es que el paso de
las "habitaciones pequeñas" al "gran salón"
no ha cambiado las reglas del juego... a menos que alguien quiere
hacerlo.
Es cierto que los empresarios que
llegan a acuerdos tienen cierto nivel cultural, dominio de idiomas y
una visión del mundo que un granjero de la Mongolia interior
no tiene, sin embargo, que la situación sea la actual no es
derivado de una irresolubilidad objetiva, sino de una hipocresía
tácitamente aceptada por la cual hacer pedagogía del
cosmopolitismo para implantar la General Motors en Hong Kong sí
es viable, pero para hacer pedagogía del libre sindicalismo en
la India prácticamente hay que rebatir a Confucio.
Algunos olvidan que los Derechos
Humanos no son un "hecho cultural", dado que cuando se
implantó el sufragio universal, la libre sindicación o
las prestaciones por desempleo en Estados Unidos, Norteamérica
no perdió su identidad nacional, y si nosotros los
Occidentales no la perdimos, a los chinos tampoco les pasaría
tal cosa.
Cuando la esclavitud se vuelve
folclore, el debate se hace mucho más fácil... sobre
todo para algunos.
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