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América
Latina corre el grave riesgo de perder su seguridad alimentaria que
es una cuestión de vital importancia en materia de soberanía
si se termina imponiendo el Tratado de Libre Comercio que suscribirán
Colombia y Perú con Estados Unidos y que es la antesala del
Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Pero, en el
caso particular de Colombia, los dos últimos gobiernos, es
decir, el de Andrés Pastrana y el de Álvaro Uribe Vélez
no han tenido empacho en privilegiar este acuerdo de libre mercado
para darle gusto al gobierno de los Estados Unidos y de esta manera
seguir obteniendo recursos de Washington que le permita al Estado
colombiano continuar con la confrontación armada que viene
asolando social, económica y políticamente al país.
"CON EL TLC Y EL ALCA, LOS
GRINGOS VIENEN POR LA
LANA, POR EL TELAR Y POR LA QUE TEJE"
Tanto en el
Plan Colombia como en un documento que suscribió el gobierno
colombiano con el Fondo Monetario Internacional, se afirma en forma
reiterativa que el tratado de libre comercio es un compromiso de este
país.
Las
anteriores denuncias las ha venido formulando el senador de la
República por el Polo Democrático Alternativo (PDA), el
principal partido de oposición colombiano, Jorge Enrique
Robledo Castillo, quien está liderando en Colombia un
movimiento de resistencia contra el TLC y el modelo neoliberal y la
injerencia de Washington cada vez mayor en los asuntos internos
colombianos, con la anuencia y complacencia de la administración
Uribe Vélez.
Robledo es
un dirigente de la izquierda democrática que se ha distinguido
en el Congreso de la República por haber adoptado una posición
nacionalista y, fundamentalmente, por defender los intereses de los
medianos y pequeños agricultores. Antes de acceder a una curul
en el Senado, fue motor e impulsor del Movimiento de Salvación
Agropecuaria que se organizó como consecuencia de las
políticas neoliberales que devastó el sector rural
colombiano.
Según
Robledo, "los propagandistas y neoliberales que pregonan el
TLC y el neoliberalismo ocultan que importar toda la comida significa
que el país pierda su seguridad alimentaria. Con este término
hago referencia a la capacidad que ha de tener una nación
para producir su propia comida dentro del territorio nacional; porque
se nos quiere hacer creer que no importa dónde se produzca
mientras tengamos con que comprarla en el exterior. Pero resulta que
ese criterio desconoce el riesgo al que se ve sometido un país
que se vea forzado a importar toda la alimentación de su
pueblo. Es un asunto de soberanía".
Pero como lo
anterior los neoliberales no lo creen y consideran que es simplemente
un discurso anti gringo, el senador Robledo trae a colación,
precisamente una cita del propio presidente George Bush, quien al
hablar de la necesidad de consolidar para su país una política
de seguridad alimentaria expresó:
"Es
importante para nuestra nación cultivar alimentos, alimentar a
nuestra población. ¿Pueden ustedes imaginar un país
que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a
su población? Sería una nación expuesta a
presiones internacionales, una nación vulnerable, y por eso
cuando hablamos de agricultura norteamericana en realidad hablamos de
una cuestión de seguridad nacional".
Sin embargo
en América Latina y en el caso particular de Colombia para los
neoliberales y los altos funcionarios del gobierno de Uribe Vélez
este concepto de seguridad nacional en materia de soberanía
alimentaria los tiene sin cuidado. Porque, como bien lo sostiene el
senador Robledo, a estos dirigentes que están al servicio de
las transnacionales y de la banca internacional y que manejan de paso
la economía colombiana, le preocupa es la seguridad nacional y
los intereses comerciales de los Estados Unidos. Y por eso, como la
gran alternativa, plantean que los agricultores colombianos
"produzcan lo que los gringos no pueden producir por razones de
clima; que les dejemos a los gringos que produzcan la dieta básica
y nosotros nos dediquemos a alimentos secundarios como la pitaya, el
cardamomo y la uchuva".
DOSIS DE
VENENO EN TAMAÑO FAMILIAR
¿Cuál es
la lectura que usted hace del TLC y el ALCA?
El TLC
y el ALCA constituyen una amenaza descomunal supremamente dañina.
Es que el ALCA es coger la apertura que impuso en Colombia el
gobierno de César Gaviria(1990-94) y que se aplicó en
los años posteriores y llevarla hasta la n potencia, hasta el
máximo, es decir es como aplicarle una dosis tamaño
familiar a este país del mismo veneno que nos viene matando
desde hace una década. Entonces con el TLC y el ALCA en este
país para poner ejemplos, se va acabar la producción
de arroz, de caña de azúcar, de pollo, de huevos, de
leche, lo que queda de maíz, se acaba la papa, eso en lo que
tiene que ver con el agro; en el caso de la industria las
consecuencias son parecidas, porque el ALCA no es un proceso de
integración de las economías latinoamericanas, sino
que es un proceso de anexión, de recolonización de la
gran economía norteamericana sobre las débiles
economías de los países de este continente, en esas
circunstancias es fácil demostrar porque hay que decirle no
al ALCA. Yo tengo un campesino al que le he oído la mejor
definición del ALCA, pues él dice, acordándose
de Gaviria, que ALCA quiere decir ALCA...ido, caerle.
Porque
la economía colombiana está tomada por el capital
extranjero, eso hay que decirlo con claridad. Es fácil
demostrar que con el TLC van a ganar las 400 transnacionales que
operan en Colombia y los colombianos que trabajan con ellas; van a
ganar los importadores, van a ganar los ex funcionarios,
funcionarios y próximos funcionarios del Fondo Monetario
Internacional y del Banco Mundial. Los exportadores no deberían
estar de acuerdo con eso pero los tienen bajo chantaje, entonces hay
toda una ideología expresada por esos poderes económicos
que nos meten el cuento, los Rudolf Hommes, los Montenegro en
Colombia y otros quintacolumnistas a lo largo y ancho de los países
latinoamericanos, por ejemplo, fletados por el capital extranjero
que buscan meternos la mentira de que con esto vamos a salir
adelante. Pero recordemos, esa mentira nos la están metiendo
desde 1990, ya va siendo hora de que a la gente no la juzguemos por
lo que dice sino por lo hechos; esta gente ha engañado al
país y lo ha destruido.
Si, yo
creo que ha sido fletada y creo que es una forma de traición
a la patria, la peor de todas, por eso es que yo he señalado
que no hay peor Presidente de una República que el que juega
en el bando del equipo contrario, de la misma manera que no hay peor
gerente de una empresa que el que está fletado por la empresa
competidora. El capitalismo es un sistema de competencias, las
relaciones internacionales son relaciones de competencia y lo que
vemos con la actitud de nuestros gobernantes en este caso es que
estamos en el peor de los mundos y eso se puede calificar como
traición a la patria.
Mayor
antidemocracia política y, claro, pérdida de la
soberanía por completo. Si usted pierde la economía
pierde la soberanía, por lo tanto lo que se viene es una
profundización de la antidemocracia que es lo que estamos
viendo, si hay más dictadura económica, todo el
autoritarismo político tiene que venirse y que es lo que nos
espera en Colombia: Congreso más pequeño, más
controlado por la plutocracia, más sometido al poder
ejecutivo, y ya lo estamos viendo con un poder ejecutivo que
avasalla al poder judicial para poder además hacer todas sus
corruptelas sin que tenga oposición. Entonces lo que
afrontamos en Colombia es el autoritarismo expresándose de
mil maneras, y eso, creo, es una consecuencia lógica de la
profundización del modelo neoliberal.
Los
neoliberales y los voceros del gobierno colombiano, entre ellos,
señalan que el TLC va a posibilitar mayores exportaciones, lo
cual va a constituir una excelente oportunidad de crecimiento
económico para los países andinos que suscribirán
ese tratado. ¿Usted qué opina?
Precisamente, la
falacia mayor de las teorías neoliberales consiste en señalar
que “los países se desarrollan exportando”, pues, si así
fuera, Colombia tendría más desarrollo que Estados
Unidos y Japón, en razón de que sus respectivas
exportaciones –como participación en el PIB, que es lo que
cuenta– ascienden a 18, 10 y 11 por ciento. También existen
cifras que muestran que algunos de los mayores exportadores
relativos del mundo son empobrecidos países africanos, como
Angola y Guinea Ecuatorial, cuyas ventas al exterior representan el
93 y el 97 por ciento de su PIB, respectivamente. Incluso, la propia
historia del país permite demostrar que no existe ninguna
relación de tipo automático entre mayores
exportaciones relativas y mayor progreso económico y social o
que si existe es al revés de como dicen los neoliberales.
Efectivamente,
México con el TLC pasó de exportar 51.900 millones de
dólares en 1994 a 160.700 millones de dólares en 2002,
un incremento notable, también muestra lo endeble de esa
teoría cuando se conoce el conjunto de sus indicadores
económicos y sociales, tan mediocres como los países
con que sueñan quienes lo ponen como ejemplo, y eso que los
mexicanos están mejor localizados que todos en el mundo para
tener éxito con el modelo neoliberal de exportaciones, dada
su vecindad con Estados Unidos. Un solo indicador económico
sobra para ilustrar el rotundo fracaso de la globalización en
México como orientación en favor del auténtico
progreso de ese país: la tasa media de crecimiento del PIB
por habitante durante el TLCAN (1994-2002) ha sido de sólo
0,96 por ciento, la más baja alcanzada en comparación
con todas las estrategias de crecimiento seguidas por ese país
en el siglo XX. Lo ocurrido en México pone al descubierto por
qué la globalización neoliberal no desarrolla a los
países atrasados de la tierra. Existen cifras de sobra para
mostrar que el aumento de las exportaciones mexicanas es, sobre
todo, fruto del incremento de los precios del petróleo que
desde hace décadas le vende en abundancia a Estados Unidos y
del negocio de importación y exportación de
manufacturas de las trasnacionales estadounidenses ubicadas a lado y
lado de la frontera.
Con el TLC y el ALCA
no se asiste a un proyecto para integrar las economías del
continente. Lo que avanza es un plan de anexión de las
enclenques economías latinoamericanas por parte de la muy
poderosa economía estadounidense, proceso que viene
desarrollándose desde hace más de un siglo en la
dirección de hacer que las relaciones de Colombia y los
países latinoamericanos con Estados Unidos se parezcan cada
vez más a las que tuvieron con España, hasta concluir
en su recolonización definitiva. Si se comparan el ALCA y los
TLC con la Unión Europea –así sobre esta puedan
expresarse reparos–, resaltan tres enormes diferencias como
acuerdos de integración: los europeos se demoraron cincuenta
años en negociaciones y cambios hasta concluirla, y eso que
se trataba de países con menores diferencias relativas,
mientras que en América se quiere imponer en mucho menos
tiempo; allá se creo una moneda única que es la de
todos, en tanto aquí los acuerdos se desarrollarán con
la batuta del dólar, lo que les aumenta las ventajas a los
monopolistas gringos; y en Europa acordaron el libre movimiento de
las personas, de forma que lo acordado tiene que cuidar un cierto
equilibrio entre las partes para impedir migraciones masivas de unos
países a otros, al tiempo que el ALCA y el TLC excluye esa
posibilidad, lo que obedece a que la riqueza se concentrará
en Estados Unidos y la pobreza al sur del Río Grande y a que
sólo podrán migrar hacia el imperio los
latinoamericanos que sean necesarios para que, por las situaciones
desesperadas a las que los empuja el neoliberalismo y que los
inducen a aceptar los peores trabajos y remuneraciones, presionen a
la baja las condiciones laborales y los salarios norteamericanos, y
contribuyan también así con el éxito de sus
monopolios.
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