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viernes, 16 de mayo de 2008
Principal arrow Artículos arrow Estado del Bienestar arrow La construcción europea: Declive actual o progreso futuro: II Una salida hacia delante
La construcción europea: Declive actual o progreso futuro: II Una salida hacia delante Imprimir E-Mail
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Image4 Enfocando la solución: hacia la creación de una opinión pública europea

De esta forma, los objetivos que desde un punto de vista federalista se deben enfocar deberían ser los siguientes: el surgimiento de una opinión pública europea, el cuajo de la misma en un electorado común y de esta forma la culminación de la construcción europea en una federación europea. Al no existir una “conciencia colectiva” europea, las elecciones al parlamento tienen un carácter ficticiamente democrático y esta institución es vista como carente de legitimidad.


Para que esta opinión pública europea sea posible, es necesario por supuesto que se den algunas condiciones materiales, tales como la existencia de unos medios de comunicación comunes, una lengua común (sí aquí estoy pensando en el pésimo nivel de inglés que tiene el Español medio) o la promoción de ciertos valores comunes. Pero sobre todo, es necesario que exista una verdadera relación agente-principal entre las instituciones y los ciudadanos. En otras palabras, que los ciudadanos perciban las políticas de las instituciones como las suyas. Entramos de nuevo en el círculo vicioso: al no existir una opinión pública común, no existe conciencia colectiva ni instituciones comunes, la reforma institucional de la UE no es entonces posible falta de soporte…


El verdadero problema es por lo tanto un problema de cooperación. Es necesario encontrar una dimensión en la que los distintos pueblos europeos vean ventajoso colaborar, el ya dicho terreno común, en otras palabras, un terreno donde no existan divergencia de intereses.


En este sentido, la propuesta de una “Europa social” no es en absoluto viable. Contrariamente a lo que se piensa, la Europa social no asegura una mayor cooperación, sino que responde a los intereses de los Estados con un Estado del bienestar grande. La imposición por los Estados viejos como Francia o Alemania de una legislación laboral común (por ejemplo) no sería un elemento de unidad, sino de división respecto a los Estados entrantes. España, no hay que olvidarlo, creció durante sus 20 años de participación a golpe de dumping social.


No, el terreno común debe encontrarse mas arriba.


5 La propuesta: la Europa de la política exterior


Si existe un terreno común para todos los Estados europeos en el que sus intereses son susceptibles de converger es en el plano de la política exterior. Los 13 años que la UE lleva negociando en la OMC en nombre de sus 15 (ahora 27) Estados es una buena prueba de ello. La existencia de una economía europea común supone que los intereses de los Estados convergen y por lo tanto se sienten suficientemente representados por la UE. El asunto de las subvenciones agrícolas y la parálisis de la Ronda de Doha es a este respecto una excepción.


Sin embargo, mas allá de la economía política internacional, existen intereses convergentes en otros planos. La seguridad es sin duda uno de ellos: el segundo pilar de la construcción europea que constituye este aspecto es un terreno donde los intereses de los Estados son esencialmente convergentes: la regulación de la inmigración, la lucha contra el terrorismo, etc constituyen un bien público europeo en el que no pueden surgir mas que divergencias menores.


En cuanto a lo que defensa se refiere, es cierto que la última guerra en Irak supuso un gran obstáculo a la promoción de la idea de la unión europea como actor internacional, pero los intereses no dejan de ser ampliamente convergentes. Aunque las tradiciones europeas en materia de diplomacia son varias (la tendencia americanista del reino unido, el proarabismo francés…) existen intereses comunes en lo que respecta a la investigación y desarrollo militar (mejor que investigar cada uno por su cuenta, ¿por qué no ponemos en común lo que cada uno ha encontrado?) la promoción internacional de los valores occidentales o el mantenimiento de la estabilidad en los países vecinos.


Las ventajas de este propuestas se manifiestan en muchos aspectos. En primer lugar en el plano de la eficiencia económica. Al ser la política exterior un bien público, asistimos a la paradoja de que existen 27 redes de embajadas, cuerpos diplomáticos y ejércitos distintos que actúan de forma mas o menos descoordinada para defender esencialmente lo mismo. La puesta en común de estos recursos supondría un ahorro notable para cada uno de los Estados en presupuesto militar así como un aumento de la potencia colectiva (qué tiene mas valor, una declaración integrada de 27 Estados o la voz de embajador español?).


Desde el punto de vista del presupuesto europeo, en la actualidad los debates se encuentran bloqueados en torno a la cuestión de los saldos netos. Los ingleses protestan porque la PAC no les beneficia, los franceses porque los ingleses tienen su cheque. Sin embargo, la defensa común es algo susceptible de beneficiar a todos. Al poner en común estos recursos, se permitiría un ahorro colectivo que relajaría este debate y con ello las divisiones entre Estados.


En tercer lugar, la posición de la unión europea facilitaría un puesto político a los distintos Estados sobre la escena internacional. Si hasta ahora Estados como Alemania, Francia, no digamos ya España o Grecia, se ven impotentes ante el gigante chino, ruso o americano, la creación de una potencia europea podría beneficiar una mejor defensa de sus intereses a nivel internacional.


Siguiendo esta línea de argumentación, hay que recordar el rol fundamental que han llevado a cabo las amenazas exteriores en los procesos de construcción nacional. Al existir un enemigo común, los distintos integrantes cierran filas entorno a su Estado (ahí tienen a los Estados unidos de América). El efecto “nation building” que podría llevar a cabo la creación de un servicio exterior común, con el consiguiente nacimiento de un interés europeo común, podría ser el mejor instrumento para relanzar la construcción europea. Los europeos se sentirían representados por un hipotético ministro de relaciones exteriores europeo que les defendería frente a las grandes potencias y ello contribuiría reforzar la creación de la opinión pública europea.


La política exterior cumple así los caracteres idóneos para relanzar la construcción. Se trata de un aspecto suficientemente técnico como para ser llevado a nivel comunitario, pero también suficientemente sensible como para que las opiniones públicas nacionales se interesen por él y dé lugar a la integración política.


Por supuesto, las cosas no son tan sencillas. Es cierto que existe un riesgo de “falsa representatividad” que residiría en el hecho de que coexistan dos legitimidades exteriores: las nacionales y la comunitaria. Nos veríamos de nuevo en el escenario de la guerra de Irak, Solana en contra, Inglaterra y España a favor. En este sentido, la puesto en marcha de este sistema debería hacerse poco a poco e ir precedido por una amplia tradición de colaboración entre los Estados y de posiciones comunes de manera de los servicios exteriores nacionales se vieran suplantados progresivamente por el comunitario. En este sentido hay que decir que la responsabilidad reposa fundamentalmente sobre los hombros de los representantes políticos nacionales y de su capacidad para convencer a sus electorados de los beneficios del proyecto.


6 Conclusión:


Si pretendemos que exista una Europa de los ciudadanos, un proyecto realmente común de todos los europeos, es primero necesario que existan intereses comunes. Si queremos que exista una identidad colectiva europea, el primer paso de ponerle un rostro, en la escena política internacional a esa identidad colectiva. La creación de esa identidad colectiva, de esa opinión pública europea, es el único modo de sobrepasar el provincianismo que se erige a nivel de cada Estado y progresar hacia la única salvación que le queda al viejo continente en la escena política internacional: la creación de los Estados Unidos de Europa.



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Escrito por Citoyen   
jueves, 29 de marzo de 2007
 
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Isabel Allende
"La guerra es la obra de arte de los militares, la coronación de su formación, el broche dorado de su profesión. No han sido creados para brillar en la paz."
 
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