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Partamos de una serie de
preguntas aparentemente intrascendentes para el economista de a pie: ¿qué lugar
ocupa la Economía (Crítica) en la Universidad? ¿y cuál debería ocupar? Por otro
lado, ¿qué función tiene la Universidad en la Sociedad? ¿cuál debería tener? En
realidad, lo que nos estamos preguntando es qué diantre hacemos estudiando esta
disciplina. Y es que lo que podría parecer una preocupación propia de las altas
esferas también tiene sus implicaciones terrenales cotidianas.
Obviamente ambas
cuestiones tiene una conexión, o al menos es fácil trazarla. Sabiendo que lugar
ocupa o puede ocupar la Economía en la Universidad, podemos ver cual sería una
de las funciones de la Universidad en la Sociedad. Y dando respuesta al segundo
grupo de preguntas, y respondiendo luego a la primera, obtendríamos fácilmente también
el lugar de la Economía en la Sociedad.
Pero de cara a lo que
queremos hacer con nuestra vida la conexión entre ambos tipos de preguntas
también es clara. Cuando nos decidimos por esta disciplina y no por otra debió
ser a partir de la idea más o menos equivocada que teníamos del cuerpo de
disciplinas que forman la Universidad, la Academia. Pero al mismo tiempo
también tendríamos en mente aquello que viene después de la carrera, la
relación entre nuestra formación universitaria y la vida tras esta. La vida del
estudiante es una transición a otra vida, es un proceso de formación. ¿Qué
esperábamos que nos aguardaría en ese más allá? Y más aún, ¿qué es lo que
creíamos que nos ofrecía la Economía de cara a ese más allá?
Porque esta claro que el
grueso de nosotros no podemos perpetuarnos en ese periodo de transición, por
mucho que nos guste. En primer lugar, porque si realmente quisiéramos no dejar
de estudiar nunca, nos tomarían por locos (o peor aún, por parásitos sociales).
Pero, en este sentido, ¿realmente la vida de estudiante es mejor o peor que
cualquier otra vida que nos espera? ¿qué es lo que diferencia a un estudiante
de un trabajador? ¿cuál de los dos disfruta de una vida mejor? Y lo que viene a
equivaler en parte a la pregunta sobre la relación entre la Universidad y la
Sociedad: ¿qué relación hay entre esas dos formas de vida qué no dejan de ser
dos fases de una misma vida?
Insistamos nuevamente en
la base de la anterior formulación: la Universidad no es un hobby, no es un
pasatiempo una vez que has cumplido con tus obligaciones o, más bien, una vez
que te has asegurado ciertos ingresos. No es así al menos para la mayoría. Para
la mayoría es en gran medida una obligación, pero en el sentido de que se trata
de un prerrequisito para asegurarse cierto nivel de ingresos en el futuro. Y
esta es la relación entre esas dos etapas de nuestra vida. Una obligación de
cara a otra obligación. O si se prefiere, la necesidad de una necesidad de
obtener ingresos para satisfacer las necesidades que sintamos, entre ellas
nuestros hobbies.
Pero es que aunque la
Universidad fuera un hobby, seguiría siendo una porción de nuestra vida
distinta de aquella en la que se consiguen los ingresos necesarios, entre otras
cosas, para poder disfrutar de la Universidad entendida como hobby. La división,
en lugar de trazarse en una determinada franja de edad a lo largo de nuestra
vida, se trazaría en una determinada franja horaria en nuestro día a día. La
obligación de la obligación, la necesidad de la necesidad, se nos reproduciría
día a día a lo largo de toda nuestra vida (ahora y siempre universitaria).
Lo que acabamos de
obtener, por tanto, al entender la Universidad como un hobby, es la caracterización de la vida del trabajador (y
consumidor), y, previamente, al contraponer la idea de Universidad-hobby a la
idea de la Universidad como transición-formación, hemos obtenido la relación
entre el estudio y el trabajo. La conclusión no puede ser más desalentadora. El
estudio es la obligación de la obligación de trabajar, pero el trabajo es la
necesidad de la necesidad de consumir (bienes y servicios que incluyen los
asociados a un estudio universitario cursado por hobby).
Necesito consumir, pero
para poder consumir necesito trabajar. Y es una objeción secundaria recordar la
distinción entre el trabajo dentro y fuera de la Universidad (una vez que se
concluye la fase de estudio de cara a la obtención del título universitario).
Dentro o fuera de la Universidad el trabajo sigue siendo trabajo. Aunque haya
una mayor continuidad en la vida de aquel estudiante universitario que, tras
finalizar su formación, continúa su carrera, ya no universitaria, sino
profesional, dentro del ámbito académico, la separación entre su actividad
laboral y la satisfacción del grueso de sus necesidades seguirá vigente. En el
mejor de los casos, la única ventaja con la que contará este tipo de estudiante
será precisamente una menor angustia por la incertidumbre surgida al final de
su vida universitaria, pues no tendrá que tratar de resolver el problema de la
relación entre Universidad y Sociedad, aunque esto, incluso para aquellos
aspirantes a Académicos, cada vez es menos cierto. Por otro lado, esta clase ya
no es, ni mucho menos, la predominante entre los estudiantes universitarios.
¿Qué lugar ocupa la
Economía en todo este entramado? Bueno, ante todo lo antedicho, el lector puede
objetar que la retórica de la necesidad de la necesidad y de la obligación de
la obligación es falsa. Esa circularidad no se corresponde a la realidad, pues
la realidad es que las necesidades surgen del individuo, que el trabajo crea
riqueza en la medida en que satisface tales necesidades individuales, y que, en
definitiva, el motor del sistema es el individuo. Esto es la soberanía del
consumidor. Y, ciertamente, quien objete así, o bien es economista o bien se
equivocó de carrera.
La necesidad, para el economista, es un dato, es aquello
de lo que parte. En correspondencia, la escasez también es un dato, y la
economía se suele definir como la administración de unos medios escasos, de los
que saca el máximo provecho de cara a satisfacer las múltiples necesidades del
ser humano. Nuestra retórica, por el contrario, defiende lo contrario: ni la
escasez ni la necesidad son un dato, sino que son creadas por la sociedad. Se
crean nuevas necesidades continuamente para perpetuar la escasez, esto es, la
necesidad que tiene el sistema del trabajo del ser humano. Por otro lado, no
debemos concebir ese trabajo humano de manera abstracta (al menos en este nivel),
pues tal trabajo esta perfectamente definido por las necesidades y, al mismo
tiempo, nuestro trabajo crea tales necesidades. Ambos son las dos caras de la
misma moneda.
Aquí tenemos el lugar
que ocupa la Economía en la Universidad, y, por todo lo dicho anteriormente,
también tenemos la función que desempeña en la Sociedad. Y al mismo tiempo
tenemos el lugar que ocupa nuestra Crítica. La primera, la Economía, es la
Apología del orden imperante, con cuestionamientos, o mejor dicho,
perfeccionamientos al detall, pero
sin profundizar en las raíces del sistema, esto es, de la Sociedad actual. Muy
al contrario, se encarga de extender ese reino de la necesidad y la escasez. La
Crítica, por el contrario, va a donde la otra no se atreve ni a asomarse.
¿Estamos dispuestos a echar un vistazo al otro lado?
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