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domingo, 12 de octubre de 2008
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Derechismo izquierdista Imprimir E-Mail
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Image Hace un tiempo conocimos por boca del ministro Solbes lo que iba a ser el proyecto de reforma fiscal del actual gobierno del PSOE, que resumiendo mucho se podría calificar de perfectamente regresivo; es decir, la consecuencia era que los ricos pagarían menos de lo que pagaban hasta ahora. No mucho tiempo atrás Antoni Castells, también del Partido Socialista, anunciaba su intención de reducir el impuesto de sucesiones a su mínima expresión. En los arquetipos losantianos de izquierda y derecha (donde la izquierda valora positivamente la redistribución de riqueza mediante mecanismos fiscales y la derecha abomina de ellos o, en todo caso, los mira con desconfianza) esto debió resultar extraño. En los míos, también lo fue: considero que de todas las derechadas que puede hacer hoy día un gobierno democrático de izquierdas, la peor de todas (una de las peores, al menos) es reducir (¡aun más!) los impuestos a los sectores mas ricos de la sociedad.

Estos episodios de derechismo fiscal son solo un ejemplo de cómo, jugando jugando, la izquierda electoralmente triunfante se ha ido metiendo progresivamente en campos anteriormente reservados a la derecha. En el Estado español, donde la derecha es tan absurdamente cavernícola, el acento sobre las diferencias entre izquierda y derecha se puede desplazar con una cierta elegancia hacia aquellos temas calificados de “sociales” (como si la economía no lo fuese), como por ejemplo las cuestiones relacionadas con la igualdad entre sexos, la discriminación de los homosexuales, la postura respecto a la política exterior de Estados Unidos o la problemática mediambiental. Pero solo en el Estado español. En otros sitios, como el Reino Unido o Francia, los discursos de la izquierda y la derecha se han ido haciendo progresivamente indistinguibles. Así, Sarkozy podía hace unos días reivindicar a Zapatero como una de sus influencias, en tanto que el líder conservador británico David Cameron está introduciendo en su discurso referencias continuas a la importancia de luchar contra el cambio climático. Tony Blair, líder de la socialdemocracia británica, se muestra como un inflexible neoliberal en lo económico y como un decidido partidario de la política exterior neoconservadora. La izquierda italiana permanece dividida entorno a la problemática de los matrimonios homosexuales. Chirac, líder máximo de la derecha francesa, fue uno de los rostros visibles de la oposición a la Guerra de Iraq. Y así un larguísimo etcétera de transfuguismos discursivos a izquierda y a derecha.

Alguno interpretará esto como un síntoma mas del “fin de las ideologías”. Yo veo en ello un síntoma mas del triunfo de la ideología conservadora. Sus premisas básicas (Estado mínimo, estigmatización de la política fiscal, democracia representativa, capitalismo de mercado progresivamente liberalizado) apenas son desafiadas por la izquierda. Por eso los derechistas pueden apropiarse tranquilamente de partes substanciales del discurso tradicionalmente izquierdista, como cierto pacifismo o cierto ecologismo: porque saben que, a la hora de la verdad, la izquierda electoralmente triunfante no se va a atrever mucho mas que ellos a atacar las raíces de los problemas denunciados.

Volviendo sobre el tema que abría este artículo, el caso de los impuestos es el ejemplo por antonomasia de hasta qué punto la izquierda ha absorbido el pensamiento conservador sin apenas cuestionarlo. Hoy día, parece como si fuese imposible ganar unas elecciones, no ya pidiendo una subida de impuestos, sino simplemente discutiendo la conveniencia de bajarlos aun más. Y sin embargo, sabemos que hace un tiempo esto funcionaba exactamente al revés: era la derecha la que debía cubrirse las vergüenzas y no solo aceptar la política fiscal progresiva de la izquierda, sino aún disputarle el monopolio de la misma para poder permanecer en el poder. Seguro que la explicación de esta inversión de fuerzas se debe en gran medida a factores, digámoslo así, “externos”: la crisis del 73, la caída del bloque soviético y el consiguiente descrédito del todo por la parte, la mundialización de la economía... todo esto es indiscutiblemente importante. No obstante, creo que esto es solo una parte del problema: la otra parte ha sido la terrible pereza intelectual de la izquierda desde la Segunda Guerra Mundial hasta aquí.

Sabedora de su hegemonía cultural e ideológica, la izquierda mundial se durmió en los laureles tras la Segunda Guerra Mundial. Buena parte de la producción intelectual de carácter izquierdista posterior a esta gran conflagración se redujo a una simple repetición de los tópicos de siempre, heredados en mayor o menor medida del marxismo dogmático que llegaba desde Moscú y Pekín, sin ninguna elaboración que ayudase a comprender de verdad los hechos del mundo social. Se desaprovechó todo el arsenal teórico de las nuevas Ciencias Sociales (desde la teoría de la elección racional hasta la sociobiologia) y se dejó por completo en manos de la derecha intelectual, presta por su parte a apropiarse de este arsenal y a convertirlo en una seña de identidad. Por el camino, la izquierda perdió progresivamente calado intelectual; sus estertores han consistido en esa enorme exportadora de basura intelectual que ha sido el postmodernismo francés. Centrada en artefactos intelectuales cada vez mas desconectados de la realidad (la “deconstrucción”, los “metaparadigmas”, la “razón centrada-en-el-sujeto” y demás), la izquierda dejó el campo de la serena reflexión racional sobre el funcionamiento de la sociedad humana en manos de una derecha que pudo aprevecharla para sus propios propósitos. Porque el caso fue que mientras la izquierda se emborrachaba de gloria, un pequeño núcleo de intelectuales conservadores (los Friedman o los Hayek) desarrolló un impresionante conjunto de filosofías políticas, de teorías económicas, de modelos de sociedad, que al cabo del tiempo arrollaron de manera incontestable las vacuidades teóricas de las que se fue pertrechando la izquierda desde la Segunda Guerra Mundial.

Por supuesto, hubo excepciones. Pensadores como John Rawls o escuelas como la del marxismo analítico hicieron lo que pudieron, no siempre con acierto, para dar brillo intelectual a las concepciones políticas de la izquierda. No obstante, sus reflexiones quedaron casi siempre relegadas al cajón de los productos académicos. El programa izquierdista típico de hoy en día está mucho mas influenciado por las tonterías postmodernas que por las teorías de un Rawls o de un Van Parijs. Nada que ver con la derecha, cuyos dirigentes parecen bien conscientes de que su mejor discurso lo van a encontrar antes en Hayek que en el Papa, por mas que luego envilezcan el ideario del austríaco. El resultado es que hoy la izquierda carece de un programa político que sea ni la sombra de lo que fue en su día el socialismo de las Internacionales. La única propuesta intelectualmente bien dotada que figura (mas de adorno que de otra cosa) en los programas de algunas formaciones izquierdistas es la Renta Básica. Lo demás, pues eso: ir prometiendo hacer rebajas de impuestos continuas, no hacer demasiado ruido, trufar el discurso con conceptos vacíos y si acaso presentarse como buenos gestores. Lo malo es cuando toca responder la pregunta inmediata: ¿gestores de qué? Si se trata de gestionar la permanencia del status quo y no su tránsito a un orden mas justo, para eso ya tenemos a los que se han ocupado siempre de ello: la derecha. Y, como decimos los catalanes, preu per preu, sabates grosses. Por eso no debe sorprender aquello de que “los derechistas van a votar siempre y los de izquierdas se abstienen más”: el fallo no se encuentra tanto en el votante como en quién debería dar respuesta a sus inquietudes. Me refiero a la izquierda.

Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo.

Comentarios de los usuarios (2) RSS feed comment
Escrito por Invitado, on 09-04-2007 01:56,
1. miguelnr
... a parte de que es absolutamente mentira que reducirle los impuestos a los más ricos sirva para nada; no aumenta el consumo privado porque ya ahorraban, solo estas aumentando su ahorro, no van a consumir más, sin embargo, reducirle los impuestos a las rentas más bajas sí es más probable que aumente el consumo, dado que ese capital liberado, inmediatamente se va a gastar, porque tienen más necesidades. 
 
Reducirle los impuestos a las rentas más altas es una chorrada sin sentido; no tiene utilidad. 
 
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Escrito por Invitado, on 09-04-2007 08:58,
2. jordi
Buen artículo. Bastante desolador, sin embargo. El problema no es tanto la penuria intelectual de la izquierda y la pujanza de los "neocons" de la derecha, sino la propia Historia. Cuando discuto con alguien de derechas, me saca enseguida una larga lista de dictadores que accedieron al poder con la bandera roja (Stalin, Mao, Pol Pot, etc.). Por más que intente argumentar y hacerle ver que aquellos regímenes no eran socialistas, mi posición pasa, inevitablemente, "a la defensiva". En este sentido, es necesario un "nuevo paradigma". El pensamiento marxista, que en mi opinión era (y es) el más fuerte intelectualmente,con mucho, en la izquierda, ha quedado definitivamente contaminado por los crímenes cometidos en su nombre y de ls antiguas socialdemocracias, pues ya vemos en qué han parado. Pienso que el movimiento socialista perdió su primera Oportunidad Histórica en 1914 con la matanza de la I GM y la segunda cuando no pudo hacerse nada bueno con la crisis de la URSS o con China. La Historia es cicatera en oportunidades y el socialismo, tal como lo hemos vivido históricamente, no tendrá más. El nuevo paradigma tardará, lamentablemente, muchos años en gestarse y sólo lo hará después de haberse depurado de tanta basura. Paciencia.
 
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