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lunes, 07 de julio de 2008
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Los arquetipos culturales o porqué el Episodio 1 no funcionó Imprimir E-Mail
Lecturas 1501    

ImageA parte de otros factores que sin duda influyen, creo ver cierta razón de fondo de porque películas como el Episodio I de Star Wars no funcionaron como deberían, así como gran parte de las películas de aventuras y acción que se hacen hoy en día. Tranquilos, este no es un artículo sobre cine… es, más bien, la traslación de lo que sucede en el cine con respecto a la sociedad real, y de cómo ciertos arquetipos culturales se han transgredido, olvidándonos, en parte, de lo que nos motiva y emociona, valores olvidados que tienen ciertas conexiones psicológicas, y que explican en parte el adormecimiento de la izquierda política en la actualidad


George Lucas se imaginó, a principios de los 70, una nueva Opera galáctica del estilo de Flash Gordon, pero coral y mucho más inmensa en su universo interior. Marcado por el momento histórico de aquel momento, como el provocado por la guerra de Vietnam, o el escándalo del Watergate, Estados Unidos era un país dividido y enfrentado, en donde se vilipendiaban a los supuestos ídolos de opinión, los jóvenes transgredían las tradiciones y un Presidente gris y vulgar como Gerald Ford alcanzó el poder, cuyo mayor propósito era volver a unir a un país crispado y devolver la confianza de los norteamericanos en sus instituciones.


George Lucas realizó un amplio estudio de todas las antiguas religiones y mitologías del mundo, intentando buscar un mínimo común sobre los arquetipos clásicos que todo ciudadano de cualquier parte del mundo pueda entender, básicamente la lucha entre el bien y el mal. Así, construyó una galería de personajes que provocaran y satisficieran sensaciones básicas en el público, incluidas aquellas devenidas de una cosmología más o menos aceptada sobre el bien y el mal. En las tres primeras (los tres últimos capítulos) el bando leal a la República (que no era un ejército más o menos uniformado, sino más bien un grupúsculo de mercenarios y naves más o menos heterogénea) estaba arrinconado y perseguido por un todopoderoso Imperio, con uniformes similares a los de los nazis, recto, marcial y homogéneo.


La pequeña historia interior, de Luke, con sus padres adoptivos y la búsqueda de la verdad sobre su padre, es rica en matices, y el grupo de protagonistas es capaz de mostrarse vulnerable, sarcástico, temeroso y alegre, según las circunstancias; la mayor frialdad recae por un lado en Alec Guiness, Obi Wan, que en todo caso no es altanería (aunque así se diga cuando se intenta recudir al ridículo el carácter británico), el brillo de los ojos de este gran actor británico no refleja superioridad, sino prudencia y sapiencia, y por otro lado, en el lado oscuro, en donde (esta vez sí) la sed de poder se hace palpable.


En las tres nuevas películas, y sobre todo en el Episodio I, producto del momento que vivimos (incluido Estados Unidos), el ambiente que se respira es otro. El Episodio I es además una película más infantil, menos oscura o madura que las otras dos, pero hay algo que las une a las tres, y esto además se hace visible en tantas otras películas actuales, pero si os fijáis en el Episodio I de Star Wars, se hace palpable.


A pesar de que en el Episodio II y el Episodio III el sufrimiento de los protagonistas es mayor, y la terminología política se multiplica (hablan tanto del Senado Imperial y la democracia que en momentos casi parece un mitin político), el aspecto es el siguiente: la todopoderosa República, que solo al final de la tercera película se presiente su derrumbe, tiene los mandos, y los todopoderosos Jedis, que no parecen temer nada, se pasean a lo largo del film como auténticos soldados, con una frialdad y altanería que … sí, podría interpretarse prácticamente como una mala interpretación; cualquier mal actor podría haberlo hecho, y no se hubiera notado la diferencia.


Ganan tantas veces, tienen tanto poder, que ya aburren…, no hay emoción sin riesgo, y los protagonistas de la nueva Star Wars, asi como tantas otras películas hoy en día, los protagonistas parecen poder ganar a los malos y salvar la situación sin prácticamente levantar un dedo; son demasiado fuertes, demasiado poderosos y como en cada película se superan, en la siguiente, pretendiendo alimentar al público ávido de nuevas sensaciones, tienen cada vez más poder. Si hubieran hecho tres partes más de Matrix, la tercera duraría cinco minutos, porque Neo tendría tanto poder que los malos no supondrían ningún reto, la gente bostezaría en la sala y el bien tendría demasiado fácil el ganar.


Así, hasta prácticamente la mitad del Episodio II, Star Wars se convierte en una mera pasarela de testosterona republicana asentada y aburrida. El poder es tanto, que parece que al final es este, en si mismo, la única provocación emocional que se lanza al espectador; parece que solo esperábamos ver algo poderoso, no algo arriesgado o provocador. Las películas que nos hacen agarrarnos a la butaca, o saltar de emoción, son precisamente aquellas que hacen que sintamos la pérdida de algo que nos importa muy cerca. Si nos identificamos con los protagonistas por lo que defienden, solo sentir su derrota muy cerca puede hacer que nos emocione su lucha, pero si nosotros somos Goliat y los malos David, ¿qué emoción tiene?.


Si la República se convierte en Imperio, es muy fácil olvidarnos porque la República se levantó una vez, que fue la respuesta inicial a la opresión existente en cierta época. Sentirlo, vivirlo, poder oler el riesgo de perder algo vital es la mejor manera de sentirte implicado en su defensa; por eso se suele decir que la izquierda, cuanto más activa está, es en la oposición, porque vivir a la contra es cuanto más hace sentir la relevancia de lo que defendemos… lo peor para el músculo de la izquierda es gobernar demasiado tiempo, porque corres el riesgo de convertirte en Imperio, creer que lo que te llevo al poder es simplemente el interés de tener ese mismo poder, y no el deseo de tenerlo para cambiar las cosas y preservar aquello que te importa porque alguien te lo intenta quitar.


La República Galáctica es el sitio aburrido en donde todo va bien, y nunca pasa nada… el contexto ideal para que los conservadores se alimenten del olvido colectivo y puedan torcer la esencia de lo ya conseguido hasta el momento, echándolo a perder o convirtiéndolo en algo más siniestro. Sin los mítines políticos de los nuevos episodios, las viejas películas le hacían respirar a uno mejor la necesidad de destrozar la Estrella de la Muerte para liberar al universo, con quizás uno de los mejores alegatos contra el conservadurismo que se han escuchado nunca, de boca del sabio Yoda: “El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva al odio, el odio lleva a la ira, y la ira lleva al sufrimiento.”


La izquierda debe aspirar a ganar las elecciones, provocar empatía para mayorías heterogéneas de electores que nunca pensaran igual, debe provocar esperanza, generar ilusión y un proyecto interesante con novedades sobre lacras sociales importantes, sin embargo, nunca debe olvidar aquello que vive y respira dentro de nosotros, aquello que nos emociona, nos impulsa a defender las cosas importantes, esas verdades eternas que nos sitúan ante enemigos a los que batir. La izquierda debe poder localizar esos enemigos con claridad, poner el foco público sobre ellos y emocionar a la sociedad haciéndola entender que nuestra felicidad depende de una lucha pendiente contra esos enemigos, que nos acechan y pretenden robarnos nuestra libertad, nuestro bienestar y nuestra vida.



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Escrito por Miguel Núñez Ríos   
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