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Al parecer todo el mundo está de acuerdo que los ciclos económicos que bautizamos hace unos días como “ciclos de negocios”,
son como un certificado que emite un mercado por el que, cada cierto
tiempo, las fases financieras sufren un ajuste. En España, la cuestión
ya no es si ese ajuste se va a producir o no, puesto que va a tener que
hacerse: la cuestión es como y cuando va a suceder. Las respuestas
son: de un modo inminente y con un pinchazo de la burbuja inmobiliaria.
De un momento a otro, y en contraposición a los números dorados de
nuestra economía, todo el sistema productivo apoyado en el sector de
patrimonios y de la construcción se va a derrumbar estrepitosamente. En
el mismo instante que el paro se reduce, a la vez que la obra privada
aumenta su velocidad de crecimiento y en pleno empacho de noticias
económicas positivas, se producirá el ajuste anunciado. España viene
creciendo enormemente en el último decenio pero tiene un gran déficit
comercial y una competitividad exterior muy deteriorada. La mayoría de
sociedades de capital riesgo europeas y algunas gestoras de crédito
internacionales están decidiendo estos días no destinar tanto dinero a
las empresas ibéricas, pues se les supone una solvencia cada vez menor.
A medida que esto se generalice y sumada la contracción del sector
inmobiliario, la economía española entrará en una inevitable recesión.
Algunos analistas aseguran que las recesiones se pueden soportar,
incluso las más duras, pues si la demanda interior desciende esta se
puede equilibrar con la demanda externa. Tengo malas noticias. Ese
equilibrio no se va a poder producir en España. Básicamente porque el
sistema de convenios español está almidonado y ha perdido flexibilidad
con respecto a nuestros competidores. Tampoco ayudará que el
crecimiento de la productividad haya sido miserablemente bajo lo que no
permitirá restituir la competitividad. Nuestra industria es incapaz de
competir con las de bajo coste provenientes de la Europa central y
oriental o de Asia. Por si estas razones pudieran parecer poco
evidentes quedan tres más: las grandes inversiones en nuestro país se
han realizado en bienes no comercializables (inmuebles), la pérdida de
competitividad y el bajo desarrollo tecnológico en términos generales.
En esta Era de la avaricia, el horizonte se nos presenta
oscuro. Durante tres o cuatro años pintarán bastos. Los españoles han
saqueado su país, cuya realidad económica vive bajo un estado lisérgico
permanente. Cuando se acaben los efectos de este tripi gigante la
política y sus actores deberán de gestionar el enorme chasco. El sueño
habrá acabado y el despertar será como una garrafa de agua helada.
Ningún político es lo suficientemente suicida como para avisar de lo
que se avecina puesto que sería como certificar su derrota electoral.
¿Quién va a votar a alguien que garantiza la mayor crisis económica de
los últimos cincuenta años?
Comentarios de los usuarios (1)
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Escrito por Marc Vidal
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miércoles, 18 de abril de 2007 |
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