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Me encanta esa palabra, pero seguramente no tiene para mí las mismas connotaciones que para ti. Si piensas como gran parte de la gente, riqueza para ti tendrá uno de estos dos significados.
O bien será un término negativo, que haga referencia al lucro y, quien sabe, a actividades poco morales, o bien será una aspiración personal con la que conseguir lujos y todo tipo de bienes y servicios de consumo. Cualquiera de las dos opiniones son muy respetables, pero para mi riqueza no tiene ninguno de estos significados. Para mí riqueza son posibilidades a gran escala. Posibilidades para la Humanidad. Riqueza es medioambiente, son bienes y servicios, son relaciones humanas, son sentimientos, es cultura… Existen muchas formas de crear riqueza para la Humanidad, ya he hablado en alguna ocasión de ella, existen muchos tipos de riqueza y también múltiples formas de propiedad sobre ella. Pero siempre sirve para hacer más feliz a la gente cuando se consigue. La riqueza es fundamental para cambiar el mundo. Debemos entenderlo, comprenderlo, asimilarlo y hacerlo parte de nuestro discurso. La izquierda, sea del tipo que sea, sea de la faceta ideológica que sea, debe comprender que la lucha por aumentar la riqueza debe ser parte de nuestras acciones tanto o más como las de la justicia en su reparto. Podemos emplear la riqueza pública para crear mejores colegios, en dar una mejor educación, en bibliotecas, redes de telecomunicaciones, ayuda a los países necesitados y en catástrofes humanitarias y medioambientales. Podemos utilizarla para crear parques nacionales, piscinas públicas universidades, hospitales…cualquier cosa que haga que los ciudadanos vivan mejor, y que aumente sus posibilidades de ser felices. Debemos dejar de lado las consideraciones negativas hacia la riqueza, y centrar éstas en las prácticas empresariales y públicas negativas. No se debe perseguir la creación de riqueza, se debe fomentar, siempre que esta persecución esté basada en principios morales y humanamente aceptables. La riqueza no es mala, lo peligroso, lo reprobable, es utilizar medios no aceptables para lograrla. La corrupción, el nepotismo, los monopolios, no sólo influyen en el reparto justo de la riqueza, sino que interfieren en su creación. Debemos lograr, mediante el control estricto de estas prácticas, y una lucha incesante en favor de la tecnología y la productividad, con el fin de crear un aumento de la riqueza. Si queremos quitaros de encima el estigma de que la izquierda sólo quiere repartir la riqueza, de que no sabe crearla, y de que ésta sólo la crean las empresas, debemos recordarle a la gente que el sector público es beneficioso para todos. Que hace, no sólo aquello que las empresas no quieren o no pueden hacer, sino que trae sinergias positivas que aumenta la riqueza de todos. Debemos también recordar que, frente a paradigmas liberales que ponen énfasis en el egoísmo como fuerza motora, existe un impulso innato en cada ser humano a ser solidario. Sin encontrar explicaciones racionales, sin buscar racionalizaciones, cada uno de nosotros sentimos el impulso de ayudar los necesitados. Y ese es un valor de la izquierda. No debemos permitir que nos digan que los impulsos solidarios son patrimonio de los liberales. Nos dicen que el egoísmo es bueno, siempre. Porque luchando por nuestro propio bien hacemos que el mundo avance. Pero es mentira. El egoísmo como motor económico nos ha dejado contaminación, desastres humanitarios, destrucción de ecosistemas, reducción de la riqueza en los bolsillos de los ciudadanos, mayores desigualdades en todos los sentidos. La solidaridad o es un valor liberal, no dejemos que se pongan esa medalla. No dejemos que digan, como dicen, que cuando actuamos por impulsos solidarios lo hacemos por egoísmo. ¿Dónde está el egoísmo cuando dejo mi sofá y voy un día a las jornadas de alguna ONG? ¿Dónde está el egoísmo en dar dinero a alguna causa humanitaria n lugar de comprarme un juego para alguna consola? El egoísmo que tanto promueven algunos no está en estas acciones, está en el director de una ONG que desvía los fondos de la asociación a empresas suyas para enriquecerse. Está en quien le quita sus casas y su comida a niños que están muriendo de hambre para poder comprarse un más caro, o hacerse una piscina. La riqueza no es mala, lo malo es esa obsesión porque sea nuestra. Vamos a hacer algunas cuentas. En el mundo hay seis mil millones y medio de personas, muchas de ellas con graves carencias en sus derechos básicos, como la vida, la libertad de expresión, o la libertad simple y llanamente. Y muchas de ellas están en los países desarrollados, no exclusivamente en las naciones en vías de desarrollo. Seis mil quinientos millones de personas, de las cuales cientos, miles de millones viven con menos del mínimo para sobrevivir. No hay espacio para la felicidad, no hay espacio para la realización personal, ni para la cultura, o para los valores familiares más altos, o para los derechos de la infancia. No hay tiempo ni recursos para otra cosa que no sea la supervivencia. Así que, en resumen, para evitar esto necesitamos más recursos. ¿Cuántos? Como he dicho, hagamos algunos cálculos. Seamos osados, olvidemos las diferencias en cuanto al nivel de vida hasta que podamos ser más precisos. Pongámonoslo difícil. Para llevar una vida medianamente feliz, necesitamos como mínimo el equivalente en un país desarrollado a mil o dos mil dólares al mes por persona. Debemos tener en cuenta para nuestros cálculos que muchos de los servicios que recibimos son gratuitos o prestados por instituciones públicas que en otros países no existen, así que debemos calcular unos ingresos mayores que aseguren el acceso a todos estos servicios. Desde luego que en algunos países con dos mil dólares al mes se es poco menos que un rey. Pero como he dicho, debemos ser arriesgados para no quedarnos cortos, así que dejadme llegar hasta el final. El PIB mundial está estimado en torno a unos 65-70 billones de dólares. Esto es menos de diez mil dólares anuales al mes. Es decir, estamos muy cerca de conseguir el nivel de riqueza mundial suficiente para garantizar que nadie viva por debajo del nivel de la pobreza. Y eso sin tener en cuenta consideraciones como que en algunos países se podrían garantizar todas las necesidades mensuales de una persona si se acometiesen ya las inversiones en infraestructuras que necesitan. Pero no podemos arrebatar la riqueza a sus dueños. Así que debemos crear riqueza nueva, y conseguir que esta llegue a quienes lo necesitan. Por lo tanto nos queda mucho por hacer. Debemos conseguir que a nivel mundial el PIB se incremente en otros diez mil dólares por persona anuales. Es decir, debemos multiplicar por dos la riqueza que producimos mundialmente. Y debemos repartirla mejor, y al tiempo debemos cuidar el medio ambiente, y los derechos humanos. Una tarea ingente que no podemos acometer desde el egoísmo. Una tarea que sólo será posible si logramos hacer que la creación de riqueza se multiplique debido a aumentos drásticos de la productividad y a la asignación eficiente de recursos. Y esto lo lograremos trabajando más y mejor, con nuevas herramientas tecnológicas, con energías limpias luchando contra los monopolios que cercenan sus alas. Sólo podremos conseguir ese aumento multiplicador de la riqueza esforzándonos y poniendo coto a los desmanes que se producen en el mundo en la actualidad. Cualquier ciudadano, cualquier ser humano está moralmente obligado a hacerlo. Porque tenemos el paraíso en nuestras manos, y sin embargo estamos dejando que el mundo se convierta en un infierno. Así que arremanguémonos las mangas de los traje, los monos de trabajo, los jerséis o lo que sea, y trabajemos juntos para conseguir esos 65 o 100 billones de dólares anuales. A cada uno nos toca producir más del doble de lo que hacemos, pero contamos con herramientas que harán que sólo nos cueste un poco más de esfuerzo, no sólo el doble. Y ahora, tras todo esto, olvidemos las cifras. Fijémonos en el concepto, podemos crear riqueza suficiente para que nadie tenga que pasar penurias, y podemos garantizar los derechos de caja hombre, mujer y niño de este plantea. Crearemos riqueza para todos ellos, suficiente para que nadie pase hambre. Con un poco de suerte, suficiente para multiplicar los derechos de todos los ciudadanos del mundo, y hacernos más libres. Quizás consigamos un aumento tan espectacular de la riqueza que nada que podamos imaginar este fuera del alcance de nadie. Quizás mediante el trabajo, la tecnología, la ciencia, la solidaridad y la productividad, consigamos acumular tal nivel de riqueza y automatización que nadie tenga que renunciar a su libertad, que todos consigamos ejercer nuestros derechos sin privación. Que nadie pase hambre o privación, que nadie muera en guerras por alimento o agua, o por intereses económico, que nadie sea mirado diferente, ni discriminado por pensar o sentir distinto. Quizás logremos que nadie se vea en la necesidad de trabajar en algo que no le guste ni vivir una vida en la que no tenga posibilidades de ser feliz. Lo haremos cuidando el medioambiente y permitiendo que la gente aspire a todo lo que pueda hacer, y lo haremos porque es nuestro deber, no por egoísmo
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