| La independencia |
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La independiencia de las personas con discapacidades no se va a lograr, como pretende hacernos creer la campaña de publicidad que llevó a cabo en Madrid Esperanza Aguirre, con el fin, imagino, de resaltar que mientras el Gobierno lanza una Ley de Dependencia, ella apuesta por la independencia. Y digo campaña de publicidad porque como suele ser habitual en algunos políticos, sus intenciones suelen terminarse allí donde terminan los carteles que las anuncian. Pero este quiere ser un artículo constructivo, así que obviaremos esta parte del razonamiento, que nos llevaría a cargar contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid, y vamos a centrarnos en aspectos positivos como la Ley de Dependencia (Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia y a las familias) y su extensión.
Y digo extensión, o ampliación, porque a pesar de lo ambicioso del proyecto, que en el año 2.015 pretende haber aportado más de 12.600 millones de Euros para ayudar a 1.300.000 personas en esta situación), a pesar de ello, nos queda mucho camino por recorrer. Quienes critican la intervención del Estado en estos temas (y en todos) deberían intentar entender la situación de unas familias que deben afrontar sin medios económicos o humanos situaciones que requieren su sacrificio personal. Estas personas, millones sólo en España, sacrifican gustosos su tiempo, sus trabajos y sus ilusiones por sacar adelante a familiares, hijos y seres queridos, y lo hacen sometiendo sus estructuras familiares a una tensión que muchas veces las rompe. Quienes dicen que cada uno apechugue con lo que tenga, y que el Estado no debe intervenir, ni aportar dinero o recursos de todos para estas situaciones, deberían pasar por una de estas situaciones. Cualquiera que hasta el momento no hubiese desarrollado la sensibilidad necesaria para entender esta solidaridad, cambiaría inmediatamente de opinión si viviese una situación como la que he podido comprobar estos días. Con vuestro permiso, voy a poneros un ejemplo que he comprobado de primera mano. El de las familias con un miembro con Síndrome de Angelman. Para entrar un poco en antecedentes, el Síndrome de Angelman es un trastorno genético que impide el desarrollo normal, mental y motor, de un niño. El trastorno mental severo, que impide una evolución mental más allá de los cuatro años, viene acompañado de crisis epilépticas, trastornos del sueño, incapacidad de hablar y problemas para desplazarse por hipertonía o hipotonía muscular. En el día a día, significa cuidar y convivir para siempre con un niño incapaz de comunicarse verbalmente, con frecuentes trastornos nocturnos y del que hay que estar pendiente, en muchos casos, todo el tiempo. En España existen unos 200 casos, uno de cada 25.000 niños, por lo que no hay ninguna esperanza de tratamiento, investigación o medicamento serios que vayan a mejorar la calidad de vida a corto plazo. En muchos casos, como sucede con Síndromes como Autismo, el de West o el más conocido Down, la carga termina por destruir la unidad familiar. En el mejor de los casos, uno de los progenitores dejará su trabajo para poder dedicarse a cuidar de su familiar. Normalmente la familia y los amigos no son de ninguna ayuda, excepto tal vez, los más cercanos. Y siempre queda planeando, sobre el futuro del niño, qué sucederá cuando no haya nadie para cuidarle. Todo esto es lo que la Ley de Dependencia contribuirá a mejorar. La existencia de centros de día, de teleasistencia, de profesores y profesionales ayudará a las familias que no pueden permitirse un colegio o un internado privados. Pero se debe ir más allá de este primer paso. Por ejemplo, el Estado debe asegurar la existencia de colegios específicos, no de integración, sino de educación especial. Integrar suena muy bonito y muy bien, pero para ello, deben garantizarse unas condiciones que no se dan a día de hoy. Un profesor específico para ese niño además del profesor que hay en clase, que debe atender a los otros 25 ó 30 niños, un respeto inculcado a nuestros hijos hacia quienes son diferentes, y unos medios que los colegios de integración no tienen. Por ello es imprescindible que el estado garantice a estas familias el acceso a colegios de educación especial, así como la existencia de residencias especializadas que les acogerán cuando les falte su familia, y, cuando sea posible, profundice todavía más en la inserción laboral en aquellos casos que sea posible. Los recursos del Estado no son infinitos, pero desde la Izquierda, y desde cualquier posición ideológica que se preocupe por el futuro de estas personas, y de otras muchas situaciones similares, debemos intentar que los medios a su disposición existan, y asegurarnos de que también cale en la voluntad política la necesidad de encontrar estas soluciones que tienen un objetivo último. Garantizar la seguridad, la salud y los medios de vida a las personas más desfavorecidas.
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| Escrito por Francisco Agenjo | |
| domingo, 06 de mayo de 2007 | |
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La independiencia de las personas con discapacidades no se va a lograr, como pretende hacernos creer la campaña de publicidad que llevó a cabo en Madrid Esperanza Aguirre, con el fin, imagino, de resaltar que mientras el Gobierno lanza una Ley de Dependencia, ella apuesta por la independencia. Y digo campaña de publicidad porque como suele ser habitual en algunos políticos, sus intenciones suelen terminarse allí donde terminan los carteles que las anuncian. Pero este quiere ser un artículo constructivo, así que obviaremos esta parte del razonamiento, que nos llevaría a cargar contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid, y vamos a centrarnos en aspectos positivos como la Ley de Dependencia (






