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En caso de que la hipótesis más plausible se confirme, lo que ha sucedido en Palencia es absolutamente inadmisible. El libre mercado debe tener límites, y entre ellos, está el que los españoles no se jueguen la vida por querer ducharse o lavar los platos. Que un edificio entero vuele por los aires por una mala conducción del gas es propio de libres mercados inestables, inseguros, sistemas capitalistas radicales mal regulados que no garantizan la seguridad pública, y que dan rienda suelta a las subcontratas y la acción de las empresas privadas sin más criterio que el mero beneficio económico.
Después de ciertas descentralizaciones desde la Administración Central del Estado hacia las Comunidades Autónomas, gran parte de las inspecciones en materia de Industria las realizan estas, y esto incluye cuestiones como los ascensores de los edificios hasta las instalaciones de gas natural. Es indudable que los últimos incidentes graves, han provocado una gran preocupación en la calle, y una cierta desconfianza hacia las instalaciones de gas natural. En muchos casos, la hilación constante de subcontrataciones hace que las familias no sepan exactamente quien viene a instalarles las calderas a casa, e incluso, quien debe hacerse responsable en caso de avería, así como los derechos que como consumidores les asisten.
El caso de Palencia es la gota que ha colmado el vaso, y esto debería hacer reflexionar a las autoridades competentes, para reaccionar reforzando las inspecciones de las Consejerías de Industria, con el apoyo del Ministerio.
Creo que el número de muertos que hay encima de la mesa es más que suficiente para que alguien, en los despachos, considere oportuno endurecer la vigilancia sobre estas instalaciones, su funcionamiento y la forma en la que se instalan, con el fin de evitar trágicas escenas como la que los españoles hemos podido presenciar estos días.
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