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Cómo es posible que los pueblos indígenas americanos estuvieran “deseando en silencio” algo que ni siquiera conocían es algo que se escapa a mi entendimiento, ya de por sí limitado. Pero ya sabemos todos que Benito es un señor muy leído y sabrá aclararnos este punto sin problemas.
Claro que antes debería repasar los libros de historia. Si bien todos recordamos la figura de Bartolomé de las Casas y su incansable lucha por el trato humano de los indígenas, no podemos olvidar que la evangelización de América estuvo guiada por los intereses políticos y tuvo, junto a la gestión secular de los territorios americanos, unas consecuencias catastróficas para millones de personas. Tampoco está de más admitir que tras la benevolente fachada del interés por el bienestar de los indígenas se escondían razones prácticas, dado que las condiciones de trabajo en las minas los hacían caer como moscas y los convertían en trabajadores menos valiosos que los esclavos africanos que pronto llegaron al Nuevo Continente. A ésos, que yo sepa, ni el encantador fray Bartolo les echó una manita. Parece que Benito está empeñado en hacer historia... a base de deshacerla, y de desautorizar de paso a sus predecesores. Con un ahora me cargo el Concilio Vaticano II y propongo volver a la misa en latín, ahora borro de un plumazo las disculpas de su predecesor Juan Pablo II y aseguro que la evangelización de América no fue impuesta, pasando por un me deshago de los textos que admiten la teoría de la evolución como algo plausible y vuelvo la cara al diseño inteligente, este hombre está poniendo en peligro su alma al desestimar la infalibilidad papal- dogma oficial de la iglesia desde el Concilio Vaticano I. Porque a ver cómo se las arregla para sostener todas esas afirmaciones a la vez que mantiene las opiniones contrarias de sus antecesores. Pero ya hemos dicho que Benito es muy leído y seguro que encuentra una solución.
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Escrito por Mireia Ortega
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miércoles, 16 de mayo de 2007 |
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