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martes, 13 de mayo de 2008
Padres maltratados Imprimir E-Mail
Lecturas 1864    

ImageVíctimas y verdugos, cada día saltan a los medios de comunicación más casos de adolescentes y jóvenes, cuando no niños, que levantan sus manos “inocentes” contra sus propios progenitores.

El caso de esta adolescente, Susana, no es tan extraordinario como podría parecer, y se refleja en los análisis de la fundación PRODENI (Pro Derechos del Niño y la Niña) -organización española, no gubernamental, y sin ánimo de lucro, que tiene su sede central en Málaga -, en los cuales se plasma el progresivo aumento del número de padres maltratados por menores, que ha pasado del 12%, durante el periodo comprendido del 1997 al 2000, a un 28%, sólo entre el 2002 y el 2003.



Son padres sometidos a desobediencia, menosprecio, burla, voces, chantajes, humillaciones, y hasta a agresiones físicas, en los casos más lacerantes, por parte de sus vástagos, niños maleducados generalmente, que acostumbrados a permitirse elementales gestos violentos desde edades tempranas, pueden evolucionar a otros de mayor gravedad, si no se corrigen a tiempo.



Los casos contabilizados son la punta del iceberg de un problema más amplio, del que oímos quejarse diariamente a gran parte de los padres actuales, una generación, que nos criamos convencidos que de que “cuando fuéramos padres comeríamos huevos”, y que hemos querido evitar a nuestros hijos, no se con cuanto acierto, la estricta disciplina, y la austeridad con que nos educaron a nosotros. Esos padres que, aunque en su infancia, iban al colegio cargados de libros, a veces, sin cartera, ahora os encontrareis acompañando y recogiendo a los niños hasta, y desde, la puerta del colegio, para que, ni siquiera, les pese la mochila, los mismos con los que coincidiréis, por las tarde,  cuando  acompañan a sus hijos a las actividades extraescolares, padres abnegados que se comportan con los hijos como “camareros”, por no decir como criados, y hasta como esclavos, y que frecuentemente renuncian a cubrir sus propias necesidades para que al niño no le falte la última videoconsola, el último móvil, o el último ordenador.



Por algún mecanismo que no me atrevo a precisar, hemos pasado de la zapatilla en el “culo”, y, la regla en la mano, con que cualquiera podía castigar al niño, en anteriores generaciones, a situarlo en una especie de burbuja intocable, desde donde una cierta impunidad le permite hacer y deshacer a su antojo.



Por añadidura, si antes la educación era un compromiso de toda la comunidad, y cualquiera se permitía reprender, o corregir a los menores, a veces con un “cachete”, ahora nadie osaría increpar a un niño por la calle, aunque lo vea haciendo algo “malo” o peligroso, como fumar o beber. La educación ha pasado a considerarse responsabilidad exclusiva de padres y “maestros”.



Tampoco está ya en manos de padres y educadores el control de los mensajes educativos que recibe el niño. En efecto hay un “antes”, del desarrollo de los medios de comunicación de masas, cuando los niños escuchaban cada día los mismos mensajes, repetidos hasta la saciedad, por cada uno de los vecinos y familiares, y un “después” , donde nadie podría determinar cuantos mensajes, recibe un niño, ni aun menos sus contenidos, en solo 24 horas de su vida cotidiana. Desgraciadamente sí estamos en posición de asegurar que gran parte de ellos son violentos, y fomentan las formas más  agresivas de competitividad. Ni que decir tiene que en su abundancia y variedad han de ser además necesariamente contradictorios. Nada menos educativo.



Y así nos encontramos que sin herramientas coercitivas de tipo alguno, ni el más mínimo control sobre la información que llega a las infantiles mentes de nuestros niños, nunca hasta ahora los padres hemos tenido tan difícil educar a un hijo; Y un día nos vemos obedeciendo sus ordenes, y otro aguantando sus desprecios sin tener muy claro a donde acudir, ni como solucionarlo sin ayuda. Son problemas nuevos que requieren soluciones diferentes, si es posible, en la raíz del problema, el contenido de la información, y ofreciendo, como tratamiento sintomático, terapia familiar gratuita  como un servicio público más. Un plan de choque, una estrategia global, que invierta la tendencia, y nos evite convertirnos en padres maltratados.



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Escrito por Milagrosa Carrero   
martes, 22 de mayo de 2007
 
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