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O se les ha colado un manta en el departamento de relaciones públicas, o no se preocupan ni de mantener la fachada. La SGAE reúne ya una interesante colección de desplantes y ofensas.
Desde su enfrentamiento con las comisiones de fiestas de varios pueblos gallegos, a quienes pretendía cobrar el canon por contratar a orquestas que tocaran Paquito el Chocolatero y otros mega-hits de la verbena, hasta el cierre de una emisora de radio por internet, que distribuía música gratuitamente con el permiso de autores y distribuidoras, pasando por el entrañable caso de la asociación de discapacitados que se encontró con una facturita de la Sociedad cuando organizaron un festival de teatro... sin olvidar sus constantes quejas y lloriqueos porque el canon que se cobra en la actualidad sobre los soportes de grabación y reproducción más variados es insuficiente, llegando a proponer cantidades que triplican el precio de los productos. Que cuando se trata de un DVD es grabe, pero no te digo cuando de lo que se trata es de comprar una impresora... No sólo no les preocupa la opinión pública, sino que el cumplimiento de las normas se las trae al pairo, como cuando se llevaron el 10% de la recaudación de un festival en pro de los niños refugiados saharauis y, a pesar de haber reconocido que se trataba de un error y el dinero no les pertenecía, no se han tomado la molestia de devolverlo. Hombre, espiar en las bodas para cazar melodías protegidas en el organillo del maestro de ceremonias, está feo, pero apropiarse de lo ajeno es delito. Si una entidad privada y por ende sin control por parte de lo público tiene la tarea de recaudar tasas sobre las obras sometidas a copyright, lo mínimo que se habría de exigir es que se responsabilice del mal uso de esa potestad. Ya tardamos.
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Escrito por Mireia Ortega
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jueves, 24 de mayo de 2007 |
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