| Último día de campaña electoral. ¿Y tú aún no sabes si vas a votar? |
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“el analfabeto político es un ser peligroso” porque en su desidia se esconde la abstención, y detrás de ella los políticos se permiten controlar con más exactitud las tendencias y usos electorales. Y es que está, para mi gusto, demasiado extendida esa generalización de que todos los políticos son iguales; la generalización de los casos de corrupción urbanística (incluso se han elaborado mapas de la geografía de la corrupción que evidencian poco menos que en todas partes cuecen habass, si bien en unas más que en otras) quizá contribuya aún más a fijar en el ideario colectivo esta idea de que los políticos únicamente miran por su propio interés y sólo se acuerdan de los ciudadanos cada cuatro años, cuando se acercan las elecciones, momento en el cual se ponen todos a hacer obras como locos, a besar gente, cortar cintas rojas y a inaugurar culminaciones. Sin embargo, creo que el dilema está mal planteado: no creo que la desafección ciudadana respecto a la política se deba a la corrupción, sino que la corrupción se debe a la desafección de la ciudadanía respecto a la política. Me explico: Recojo los números que exponía ayer Jordi Sevilla en su blog: Si en España hay más de 8.000 municipios, si el número medio de concejales que se eligen es de once – como sabéis, varía en función del número de habitantes – y si asumimos que por término medio se presentan tres candidaturas y añadimos las autonómicas, en estos momentos hay entorno a 300.000 conciudadanos presentándose a las elecciones y pidiendo que sus vecinos le den la confianza para llevar los asuntos públicos durante los próximos cuatro años. 300.000 aspirantes que resultaran en unos 100.000 electos. La mayoría no cobrará por su trabajo municipal. La mayoría con profesiones alternativas. La inmensa, inmensísima mayoría, gente con ganas de acudir a las instituciones para servir a los demás y no para servirse de ellas en beneficio propio. Afirmaciones que comparto. Ahora bien, cuando el resto de la ciudadanía nos desentendemos de la política, hacemos como que eso no va con nosotros y sólo nos interesamos por la política (con suerte) una vez cada cuatro años cuando nos reclaman para acudir al colegio electoral, lo que estamos haciendo de hecho es dejar manos libres a los cuatro corruptos para que se lucren a manos llenas a costa de todos los contribuyentes, darles carta blanca para que metan mano en la caja cuando nadie está mirando. Marc lo describe de forma lúcida: Este tipo de ignorante político voluntario desconoce que por su culpa existen políticos corruptos, gestores inútiles, presidentes de chiste y concejales indocumentados decidiendo el futuro económico y el plan estratégico de turno de tu pueblo. ¿O alguien se imagina la cámara de seguridad de un banco sin una cámara de seguridad grabando las 24 horas del día? ¿Qué tentanciones no pasarán por la cabeza de aquel que tenga la llave para entrar? Pues en política lo mismo: ¿cómo podemos quejarnos de que los políticos no cumplen lo que prometen, de que están en política para forrarse, de que no hacen su trabajo, si nos desentendemos de nuestra obligación cívica de tenerles controlados y decimos orgullosos que pasamos de política? Pues, a pesar de eso, como explica Enric, en las próximas elecciones se augura más de un 50% de abstención, si bien no comparto su conclusión apocalíptica de este dato global. Tres de cada cuatro españoles muestran DESINTERÉS por las noticias relacionadas con la política. Esto equivale a apagar la cámara de seguridad de la cámara acorazada y distribuir copias de la llave de acceso a unos cuantos empleados. Cierto es, también, que los medios de comunicación tienen una parte importante de responsabilidad en este tema, en la manera de tratar las noticias relacionadas con la política, en utilizar un lenguaje difícilmente accesible en unos casos, cuando no directamente demagógico y manipulador en otros. La prensa gratuita ha hecho un gran favor para mejorar este punto, haciendo la información sobre política mucho más accesible al público en general, si bien queda mucho trabajo todavía por hacer y la forma de tratar las noticias en estos diarios a veces está bastante alejada de los estándares de calidad que a mí me gustarían, cometiendo errores de bulto unas veces y en otras siendo abiertamente tendenciosos. De hecho, tienden a reproducir los mismos “fallos” que en la prensa de pago, con la diferencia de que esta última tiene una sección editorial que permite detectar inmediatamente la línea de cada medio y contextualizar las noticias, algo de lo que carecen los diarios gratuitos. Las carencias formativas que tenemos con respecto a nuestro propio sistema electoral también darían mucho de qué hablar, y en ese sentido esperemos que la asignatura Educación para la Ciudadanía, que se empezará a impartir el curso que viene en los colegios e institutos, venga a paliar este déficit (para los que ya no vamos a cursar esta asignatura, para resolver algunas dudas no viene mal echarle un vistazo al post de Pablo Moreno, Todo lo que siempre quiso saber sobre el sistema electoral español y nunca se atrevió a preguntar). Desconozco si esta actitud hunde sus raíces en la historia reciente de nuestro país, en los 40 años de dictadura durante los cuales las madres recomendaban a sus hijos tú no te metas en política, y el “yo de política no entiendo” era casi tanto una técnica defensiva como el reflejo de una realidad en la que la carencia de libertad de opinión conducía irremediablemente a un estado de carencia de opciones reales que llevaran la sociedad a poder formarse una opinión más allá de las escasas opciones disponibles. Sin embargo, no podemos trasladar la responsabilidad de nuestra falta de conciencia política ni en nuestro pasado, ni en los medios de comunicación, ni en la educación recibida. Nuestra falta de conciencia política y de responsabilidad ciudadana se debe, única y exclusivamente, a nuestra propia vagancia. A que “demasiados problemas tenemos” (¿y de dónde te crees que vienen, amigo?), y nos resulta mucho más cómodo y entretenido sentarnos en el sofá a ver un partido de fútbol, un programa del corazón, una serie o una película que mantenernos informados de lo que sucede entre los que nos gobiernan. ¿Quizá vemos demasiado lejos las vicisitudes políticas, creemos que no nos afectan? ¡Gran error! Como dice Marc: El iletrado o palurdo político no oye, no participa ni le interesan lo acontecimientos políticos. Desconoce que el precio de sus gayumbos, de sus zapatos, del vino, de los tratamientos médicos, la cobertura de su teléfono, la velocidad máxima permitida, la urbanización de su plaza, la iluminación de su calle, el coste de su vida y hasta el aire que respira dependen de decisiones políticas. Nuestra responsabilidad como ciudadanos no consiste tanto en votar una vez cada cuatro años, como en fiscalizar la acción de gobierno durante esos cuatro años, para poder acudir a las urnas con una opinión formada, en lugar de desentendernos con ese “¡Bah! si todos son iguales…” que no evidencia más que vagancia intelectual del que le encanta quejarse pero nunca mueve el culo. Pablo Moreno explica que: Si de verdad crees que son iguales leete ambos programas y veras que ambos prometen que te van a a hacer la vida mejor, pero las formas de conseguirlo son muy diferentes. Decir “son los dos iguales” porque ambos dicen que quieren aumentar el empleo y facilitar el acceso a la vivienda es quedarse en la superficie. ¡Claro que los dos quieren eso! ¿Qué clase de persona no querría eso para su ciudad? La diferencia esta en como unos y otros planean resolver el problema, y esas soluciones no se parecen en nada. Las soluciones propuestas son el reflejo simple de los valores en los que cree cada uno, así que uno tiene que decidir cuales son los valores por los que apuesta. No se trata de votar a un grande, se trata de votar guiado por tus valores. Si os he de ser sincera, pedirle a alguien que cree que todos los partidos son iguales que se lea el programa electoral de los distintos partidos políticos por los que podría votar me parece propio de una película de ciencia ficción de serie B. Sin embargo, de una forma más sencilla y mucho más breve, a Javier se le ocurren más de 30 motivos para ir a votar este domingo. A mí se me ocurre uno para no perder de vista a aquéllos a los que hemos votado y a los que no: que no nos tomen el pelo. Por este motivo no puedo menos que aplaudir iniciativas como Lo Prometido es Deuda, que pretende ser un recopilatorio de promesas electorales realizadas durante esta campaña electoral, un respositorio de promesas donde poder consultarlas y reclamarlas a sus autores si no cumplen con lo prometido. Pero para eso tenemos que controlarles durante estos 4 años, y pedirles cuentas en las próximas elecciones. Porque votar no es un acto que se realice cada 4 años: votar es una decisión consciente y meditada, no durante 15 días de campaña electoral y los que sean de precampaña, sino durante los 4 años anteriores.
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| Escrito por Jessica Fillol | |
| jueves, 24 de mayo de 2007 | |
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