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Políticos y profesionalismo

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Jesús escribía hoy sobre la necesidad de imponer una limitación de mandatos a los políticos, para asegurar una cierta vitalidad en nuestra democracia. Por GS han contestado estupendamente a esta afirmación, pero me gustaría reiterar algunos detalles.

Hay un sitio en Estados Unidos que han puesto a prueba esta clase de inventos - de hecho, han puesto a prueba una ámplia variedad de propuestas que muchos en la izquierda apoyan. Tienen primarias, elección directa de legisladores, limitación de mandatos para representantes y senadores, elección directa de un montón de cargos ejecutivos (también con limitación de mandatos) y utilizan referéndums e iniciativas populares constantemente. Ese sitio se llama California, y es, de lejos, el sistema político más disfuncional del país.

 

Geógrafo señala con buen criterio uno de los problemas graves en este caso, la falta de experiencia galopante de los legisladores. Escribir leyes y gestionar un presupuesto de 100.000 millones de dólares no es algo ni sencillo ni fácil de aprender; el resultado ha sido un sistema de gobierno caótico preso de regulaciones absurdas, una constitución sin sentido y un grupo de gente que realmente no sabe lo que está haciendo. En el mundo hay muy pocas empresas que muevan esa clase de números (apenas cincuenta facturan más que eso); nadie en su sano juicio esperaría que sus directivos sólo pudieran trabajar en ellas ocho años.

Gobernar no es fácil. Si un político llega al parlamento o gobierno en frío, sin experiencia previa, va a encontrarse que de repente tiene un montón de amiguetes dándole consejos, y una administración pública con una curiosa afición a decir que toda reforma propuesta es “cara”, “valiente” y “polémica”, además de ser horriblemente complicada. Pasar reformas ambiciosas, especialmente las que luchan por cambiar el status quo, es difícil incluso en un sistema tan parlamentario. Si queremos mayorías legislativas efectivas y gobiernos ambiciosos no queremos un puñado de gente recién llegada; queremos tipos que pueden abrir puertas a mordiscos si hace falta.

Queda, por descontado, el punto más importante en contra la limitación de mandatos: es un desperdicio de talento espantoso. Imaginemos, por un momento, que el Partido Popular echa a Rajoy pasado mañana y escoge como nuevo líder un clon de Pericles. El tipo gana las elecciones por goleada, lleva a España a Marte en cinco años y crea una prosperidad infinita y absoluta que hace que todos tengamos un helicóptero mágico para ir al trabajo. Sin embargo el 2020 Pericles no se puede presentar a la reelección; el mejor líder que vieron los tiempos será desperdiciado. Cierto, España no tendrá nunca un líder político de ese calibre en Moncloa (y el PP actual es genéticamente incapaz de nombrar un presidente con talento), pero no tiene ningún sentido crear un sistema que echa a gente perfectamente competente.

Por si fuera poco ¿Alguien recuerda los dos últimos años de Aznar en la Moncloa? Con la excusa que el tipo no se presentaba a reelección, tuvimos un presidente del gobierno apoyando invasiones extrañas, actuando con una tozudez y arrogancia tremendas y mareando la perdiz escogiendo un sucesor que ha resultado ser un pufo. Hubiera preferido tener un Presidente del Gobierno aterrado de los efectos electorales de sus decisiones, listo para responder ante sus votantes y dispuesto a dejarse juzgar en las urnas. Aznar nunca me pareció un mal político; desde luego, hubiera sido mejor candidato que Rajoy.

Un político que no depende ya del juicio de los votantes es un tipo que realmente no tiene demasiados reparos en hacer lo que le plazca. Si el tipo es decente, se meterá en cruzadas quijotescas variadas. Si no lo es, se asegurará un lindo porvenir a base de hacer felices a sus amiguitos.

Más allá de esto, cuando alguien está de salida, el resto del sistema político tiende a ignorarlo al poco tiempo; si el presidente será un vulgar mortal pasado mañana, un socio de coalición, compañero de partido o grupo de interés no se va a tomar en serio sus órdenes, promesas o amenazas. Los sindicatos pueden cerrarse en banda a pactar una reforma, esperando que su sucesor sea más amable. El partido aplazará reformas urgentes, confiando que el nuevo líder sea menos propenso al riesgo. Los socios de coalición querrán marcar terreno al siguiente presidente poniéndose duros con alguien que realmente no les puede hacer daño a medio plazo. No queremos atar las manos a nuestros gobernantes de este modo.

Sí, los políticos de carrera crean inercias, y sí, tienden a aposentarse y a querer su poltrona demasiado en algunos casos. Me parece que es preferible, sin embargo, sufrir de élites capaces pero aversas al riesgo que élites incapaces de hacer nada que valga la pena.

Si queremos que los políticos no se duerman, caven su pequeña cueva en una administración y se duerman allí, lo que tenemos que hacer es básicamente tener menos políticos con cargo. En España hay una cantidad descomunal de gente a sueldo de la administración; lo que queremos es limitar la gente de partido a gobernar, no a administrar o hacer papeleo técnico. Queremos líderes, no funcionarios; la mejor manera de asegurar que actuen de este modo es que sean muy visibles, se limiten a tomar decisiones importantes y teman por su vida cada vez que hay elecciones.

Resumiendo: limitar mandatos es una forma burda, torpe y básicamente poco útil de entorpecer la labor de los políticos. Es un desperdicio de talento que reduce la capacidad de los políticos para gobernar de forma efectiva, sin solucionar ningún problema real de forma directa. Si queremos que los políticos conozcan el mundo que los rodea, el método más efectivo es hacerlos bien visibles y votar con saña -y tener tan pocos individuos como podamos viviendo de ello. Es increíble que en algunas administraciones una cuarta parte del personal sean cargos de libre designación - esto no se soluciona limitando mandatos, sino limitando cargos y profesionalizando la administración.

 

Feevy de los colaboradores

Agregador de blogs de www.socialdemocracia.org realizado en feevy y fusilado por Carlos Guadián, refrito por Jéssica Fillol y rematado definitivamente por José Rodríguez.