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Justicias

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Seguramente la palabra justicia es junto con otras palabras (como podría ser identidad, equidad, democracia…) un producto lingüístico, cultural y eminentemente humano. El diccionario nos aporta múltiples y variados significados entre los cuales cito los cuatro siguientes, escogidos de forma sistemática por ser los primeros:

1. Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.

2. Derecho, razón, equidad.

3. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene.

4. Aquello que debe hacerse según derecho o razón.

Ante tal diversidad de significados frente a un solo signo propongo que al término más genérico, el de justicia se le aplique un plural, obviando a partir de ahora y en aras de una corrección lingüística y/o idiomática su singular, por incorrecto.

Y el plural de justicia, cuando el término refiere a la justicia impartida por los estados (también en plural) cuando estos en singular Ministro o tribunal que ejerce justicia, en realidad la ejercen con toda corrección, sabiduría y sapienza, claro que no ejercen justicia, ejercen justicias. Porque en nuestras felices, saneadas, justas, democracias occidentales, a su vez ejemplo para el resto del mundo (y que conste: sin pretensiones etnocéntricas) las justicias funcionan, pero que muy, muy bien.

Nuestro sistema judicial, lo que se llama el Poder Judicial, funciona muy bien como Poder (porque de poder se trata). Su aplicación goza de una excelente salud y debe ser ejemplo a escala planetaria. Toda supuesta crítica al sistema, a su funcionamiento, a su resultado es errónea, porque refiere al término unitario y holístico de justicia. Y es evidente que no hay justicia, hay justicias.

El Poder judicial, como poder es desigual. Las relaciones de poder son esencialmente desiguales, puesto que si no lo fueran no serian relaciones de poder. Entonces el órgano que ejerce y dirige el Poder Judicial por definición no tiene que ser igual, equitativo ni cualquier otra palabra bonita y sin sentido. Tiene que ser poder, el poder de la justicia, administrando justicias.

Existen justicias, distribuidas equitativamente según el poder adquisitivo y pecuniario tanto del administrador de la misma como del administrado por ella. El refranero español hace referencia indirecta a este lógico proceso de las justicias: poderoso caballero don dinero. El estado como administrador de las justicias en todo su esplendor y forma es consecuente con ello. Si a la justicia penal referimos, es dado por lógico, como también por su frecuencia y repetición, que ante un mismo delito, o infracción si el sujeto objeto de la justicia recurre a las justicias que por derecho la justicia del estado le ofrecen, dígase abogado de oficio, el resultado es otro que si por ejemplo, el sujeto objeto de la justicia recurre a la justicia privadas. Normalmente a cuanto más se invierte en las justicias más rendimientos y éxitos dan estas justicias.

Lógicamente, cuando uno más invierte más posibilidades tiene para obtener una ganancia. De hecho a los poderes judiciales, a las justicias estatales ya les parece bien, porque, salvo excepciones de algún iluminado jamás han puesto en duda que son justos y que el problema de la justicia es o bien por falta de personal o bien falta de renumeración, con lo que es redundante con la inversión y la ganancia.

Para que a todo ciudadano obediente y contribuyente lo entienda, no hay que quejarse de la justicia. Tenemos justicias, solo que por un error histórico, el cual quizás viene desde la Revolución Francesa, nos hemos creído que la justicia es una y no mil y una. La justicia es colindante con la economía, también parte y reparte. Vindico desde este artículo una mayor corrección en el uso de la palabra justicia. Esta debe desaparecer, porque está extinta, y debe usarse el término justicias, que es lo que tenemos. Ante todo coherencia.

 

 

Feevy de los colaboradores

Agregador de blogs de www.socialdemocracia.org realizado en feevy y fusilado por Carlos Guadián, refrito por Jéssica Fillol y rematado definitivamente por José Rodríguez.